
Cuando todo se agitaba a su alrededor, él decidió quedarse quieto. Habrá quien diga que es más fácil hacer eso en Copenhague que en Cádiz, y seguramente tenga razón. Por eso necesitamos artistas sureños hechos de espuma y abiertos a la luz, pero también artistas nórdicos que habitan la penumbra y escuchan el silencio. Fue el caso del pintor danés Vilhelm Hammershøi, a quien el Thyssen ha dedicado una muestra memorable. Si usted siente que el mundo va demasiado rápido y que en la calle hay demasiado ruido, refúgiese en el museo antes de que acabe mayo. Solo al salir se dará cuenta de lo mucho que necesitaba entrar.






