
He sabido por un reportaje de Olga Sanmartín que aún existe la fe en el progreso. Que la esperanza en un futuro mejor está justificada en España, a pesar de que los tribunales rebosan de corruptos que juraron regenerarla. Resulta que en el país de los apagones y los descarrilamientos, donde el único presupuesto actualizado es el que permite maquillar cada día la jeta anfractuosa del presidente, hay familias que no se pueden permitir creencias lujosas como esa de que la meritocracia son los padres, según denuncian los hijos pijos de los papás progres en sus libros sin lectores y en sus mítines sin votantes. La cultura del esfuerzo continúa viva precisamente allí donde se percibe la falta de alternativa a través de un carné del PSC. Por ejemplo en el distrito madrileño de San Blas.






