
El zapaterazo está sometiendo a la izquierda a un volumen insoportable de disonancia cognitiva. Es una enfermedad autoinmune, una revuelta del pastor contra las ovejas, algo así como si un ejército de tunos armados de tenedores gigantes se pusiera a rayar las vidrieras de la catedral de León. La no izquierda no entiende ese dolor, porque jamás ha idealizado a un gobernante tan nefasto como José Luis Rodríguez, pero para entender a sus paisanos del otro lado del muro le bastaría imaginar, qué sé yo, a Mayor Oreja brindando con Josu Ternera en una herriko de Azpeitia, o a Rajoy detenido por menudeo de hachís en Lavapiés. El opio de la izquierda es la superioridad moral, y a todos esos yonquis del dedito levantado la UDEF les acaba de detallar la clase de mierda que estaban consumiendo. Por eso el zapaterazo puede provocar más síndromes de abstinencia que la heroína.







Seguramente Bono le enseñó una o dos cosas a Zapatero sobre cómo ser populista en el Caribe: si es que a éste no se lo enseñó su compañero Morodo. Luego harían tenidas tipo masónicas sobre quien de los dos podía sostener más tiempo los abazones tipo ardillita recolectora: ganador absoluto Zapatero. En fin, ahora que Morodo está en la cárcel (estaba ¿no?) podrían preguntarle -o hacer un careo telemático con el Pollo Carvajal- sobre el alto cargo venezolano ‘suicidado’ cuando se disponía a contar algunas cosas sobre hidrocarburos. Relevante, indeed.