
Les ha dicho el jefe de Adif a los familiares de las víctimas de Adamuz que él no tiene «apego al cargo». Que si se demuestra la negligente gestión de la empresa pública que se encarga del mantenimiento de las vías por donde circulan los trenes de España, él no tendrá inconveniente alguno en presentar su dimisión. Algo parecido me contestó el jefe del jefe de Adif, don Óscar Puente, cuando le pregunté en Cope si asumiría su responsabilidad en el caso de que la investigación revelase negligencias imputables al gestor público. Un Puente entrañablemente comedido vino a responderme que no era por no dimitir, a ver si me entiendes, sino que ni siquiera había tenido tiempo de pensar en ello porque apenas dormía desde que se enteró del descarrilamiento. El problema del ministro es que hay 46 personas que se subieron a ese tren confiando en que el Estado que sufragan con sus impuestos velaba por su seguridad, y ahora duermen el sueño eterno.






