
No se le puede negar coherencia a don Urtasun, que ha recibido la alta encomienda de descolonizar nuestros museos, al negarse a colonizar el Guggenheim vasco con obra tan española como el Guernica, cuadro que no se explica sin la acreditada pasión taurina de su autor. Es verdad que los toros no le son ajenos al PNV –Erkoreka es un fijo en la barrera de Vista Alegre-, pero menos ajeno aún le resulta el fascismo.






