
Se discute si la operación Kitchen examinada desde el lunes en la Audiencia empata políticamente con el juicio del caso Mascarillas que arrancó el martes en el Supremo. Entre una corrupción y otra media una glaciación política: toda la distancia que va de un pasado depurado a un presente impenitente. Así que los partidarios de la teoría del empate solo pueden ser propagandistas de Moncloa o lectores delicados de los cuatro cuartetos de T.S. Eliot, que postulan la equiparación metafísica entre tiempo pasado y tiempo presente, ambos proyectados en el tiempo futuro, que estaría contenido a su vez en el tiempo pasado. La pregunta es: ¿hubo alguna vez 700 asesores devotos del modernismo lírico anglosajón?







¡Por fin encontré la identificación de la bella flor blanca que ha vuelto a brotar en los taludes! no es nada del otro mundo, de hecho es el ajo [silvestre]. Para quienes se echen atrás por el nombre les sugeriría que buscasen la entrada en el Covarrubias, donde figuran los villanos efectos y las virgilianas asociaciones de la planta. A los mismos que bostezan cuando se alude al siglo de oro les retaría a que me citasen algún diccionario que medio se acerque al de nuestro autor.
Su aparición en el segundo movimiento de ‘Burnt Norton’ parece enviar a algún eje donde no desmerece del elegante zafiro (Eliot regaló a la mujer por la que se interesaba en los treinta un anillo con un tal), y diré que para quien no pase frío ni calor con joyacas si que puede resultar evocador ver de nuevo en abril las flores que debían abundar en la casa rural que dió nombre al cuarteto y donde si no me equivoco el poeta escogió ser enterrado.
Bajo una lápida que repetía (María Estuardo/Aristóteles) aquello de ‘En mi principio está mi fin en mi fin está mi principio.
No se lo de los setecientos asistentes de Sánchez ni me interesa.