Anguita en los cielos

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Superstición criminal.

España no ha despedido a Julio Anguita con el balance que reclama la trayectoria de un político sino con la devoción que reserva a las vidas de sus santos. Se le ha juzgado por sus virtudes, no por sus ideas, por suerte para él. Profesaba el dogma comunista, que no es una opción ideológica sino una religión política, una sharía para obreros tan exigente que solo se ha podido imponer por la violencia y de la que sus clérigos públicos terminan renegando en sus dachas privadas. Nuestro finado, sin embargo, logró aplicársela hasta el final, regresando del foro de San Jerónimo al desempeño de maestro y al metro cuadrado de un piso cordobés. A diferencia de sus más lacrimosos herederos nunca cedió al canto de sirena del chalé, lo que despertó la admiración de la burguesía, y nunca pactó con el realismo de los socialtraidores, lo que le aseguró la idolatría de los feligreses de la hoz y el martillo, y de tantos sentimentales incurables con alma de cantautor que aún confunden la esperanza con la experiencia y la morbosa belleza de la derrota con la fuerza cegadora de la razón. Bien está mientras sigan perdiendo; el día que ganen, la poesía la escribiremos todos los demás, solo que con las uñas en la tabla de un barracón.

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19 mayo, 2020 · 10:19

Nostalgia del soberano

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Historia de la pasión de mandar.

Es conocida la sentencia con que el psicoanalista Jacques Lacan despachó las revueltas estudiantiles de 1968: “La aspiración revolucionaria no tiene otra oportunidad que desembocar, siempre, en el discurso del amo. La experiencia ha dado pruebas de ello. Ustedes, como revolucionarios, aspiran a un amo. Lo tendrán”. A la luz del diagnóstico lacaniano se explica bien la indudable pertinencia de esta indagación de Manuel Arias Maldonado (Málaga, 1974) en la naturaleza filosófica de la ola populista que recorre el mundo. Que no sería más que una añoranza de soberanía, epílogo de una utopía sesentayochista donde, tras los sucesivos desencantos de la posmodernidad, la ilusión hubiera dejado paso a la rabia. Buscaba su amo el 15-M –y la figura que lo capitalizó hoy es un vicepresidente de vocación iliberal poco disimulada– y buscaba el suyo el 1-O en Cataluña, y si no lo encontró fue porque los jueces lo impidieron.

Arias Maldonado no ha tenido tiempo de considerar el impacto de la pandemia del coronavirus en su libro, pero las derivas autoritarias en aras de la seguridad que está favoreciendo el Covid-19 no vienen sino a corroborar su tesis: el Estado hobbesiano vuelve a estar de moda, así sea retóricamente, ante el pánico desatado por la enfermedad.

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18 mayo, 2020 · 10:53

Revolución en mocasines

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Revolucionario.

La equívoca categoría del pijo la inventó Tolstoi cuando escribió esa estupidez de que todas las familias felices se parecen pero las desgraciadas lo son cada una a su manera. Siempre hubo variedades exóticas en la felicidad, mientras que hoy recorre el mundo una misma desgracia matando a ricos y pobres antes de ponerse a igualarlos por abajo. El resentimiento de clase que mueve el pequeño corazón de la izquierda cañí tiende a confundir la clase con la ideología, y por eso no repara en que hay pijos de derechas como pijos de izquierdas, ni en que estos segundos a menudo tienen más dinero y viven en mejores barrios que los primeros, cuando no en los mismos, culpa que los atormenta y que purgan votando a Podemos o lamiéndole la alarma a Sánchez, cuya ideología conocida es la sanchista. En cuanto a Podemos, no ha sido más que el atajo que tomó el hatajo de Somosaguas para escalar de clase sin abrazar la coherencia ni renunciar a la ideología.

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17 mayo, 2020 · 23:07

Pablo Casado, demasiado decente

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Con escrúpulos.

Empieza a cundir la idea de que Casado es demasiado decente para llegar a La Moncloa. No está dotado para el cinismo, dicen, en grado remotamente comparable al de su adversario, contra quien los escrúpulos morales, lejos de ser una ventaja apreciada por el electorado, suponen una rémora imperdonable: contra alguien como Sánchez el propietario de una conciencia salta al ring con una mano atada a la espalda. Y al final los aplausos son solo para el ganador, no importa la forma de imponerse. La mayor victoria del sanchismo es la subversión ética: ya no solo se señala la integridad como una antigualla estúpida y castrante sino que así lo reconoce por igual el votante del PSOE con una sonrisa de triunfo y el del PP con una mueca de resignación. Los años que Sánchez aguante en el cargo habrán servido para instalar entre nosotros la afición a un maquiavelismo hortera, la degradante celebración de la desfachatez si sirve a la conservación del poder. Los principios son cosa de pardillos, de perdedores: el pueblo adora al villano que lo somete sin mostrar debilidad. Si el símil futbolístico es tolerable, la política española ha pasado de alabar el toque limpio y vulnerable de Valerón a premiar la marrullería subterránea y destructiva de Javi Navarro.

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12 mayo, 2020 · 10:17

Contra la anormalidad

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Millonarios.

Dicen unos millonarios en Le Monde que no quieren volver a la normalidad y los comprendo, aunque para decirlo haya que ser millonario. Marx enseñó que la conciencia del personal nace de su bolsillo antes que de su corazón, pero los ricos de su época solo pretendían seguir siendo ricos mientras que los de ahora anhelan conservar a la vez el dinero y el planeta. La clase social se ha quedado pequeña: hoy el millonario que no aspire a integrar la clase planetaria no es más que un nuevo rico, carne del bajo cuché. La conciencia anticonsumista no arraiga en las banlieues de París sino en la alfombra roja, y por eso firman el manifiesto Almodóvar, Madonna, Bardem y otros aristócratas felizmente emancipados de onerosos dilemas como el que disuade al currito de jubilar la furgoneta diésel para mantener las extraescolares del niño.

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10 mayo, 2020 · 22:52

Arrimadas y los estrábicos

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Centro, centrismo, centreo.

Si la política hace extraños compañeros de cama, la pandemia es capaz de montar orgías multirraciales. No lo creeríais, pero hemos visto este miércoles a Rufián coincidir con el voto de Vox, a Abascal erigirse en encendido defensor de la diversidad sexual, a Casado optando por la abstención con los argumentos del no, a un enviado de Colau poniéndose bajo la advocación de Camus, a Arrimadas desmarcarse del PP abanderando al mismo tiempo sus propuestas, al PNV confluyendo con Cs en la reivindicación del interés general y a Pedro Sánchez comportándose como Pedro Sánchez; es decir, recuperando toda la arrogancia perdida durante las 48 horas en que tuvo perdida la votación y hubo de salir del búnker a pedir ayuda. Ojalá se haya aprendido el camino de salida de su ombligo, porque lo va a necesitar.

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6 mayo, 2020 · 17:48

No mientas, binario

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Él o él.

¿Lo oyes? Es el péndulo que tienes por cabeza. Viaja de una posición a su contraria impulsado por la propaganda, que solo se transmite en el vacío del juicio propio. Pararse a pensar, decimos, porque es difícil pensar en movimiento, pero tu cabeza no para de dar bandazos para acallar esos acúfenos que Aristóteles llamó término medio.

Te pongo ejemplos. Cuestionar el estado de alarma no es fomentar la propagación del virus: hay leyes que permiten gobernar la desescalada sin laminar derechos fundamentales ni deprimir la economía. Llamar asesino al PP por resistirse al chantaje perpetuo no es hacer periodismo: es dártelas de ilustrado cuando estás quemando brujas. Defender que las autonomías recuperen todas sus competencias no significa debilitar la unidad de España: tan solo reconocer que el mando único de Sánchez ha fracasado y que España es la nación que su Constitución dice que es: descentralización administrativa, soberanía indivisible. Desear moderación fiscal no significa subastar el Estado de bienestar: tan solo acotar la tendencia parasitaria de esas clases no productivas llamadas partidos políticos. Creer en el mercado no significa que el Estado no deba comparecer en situaciones excepcionales, siempre y cuando intervenga con eficacia y retroceda con prontitud a sus tasados cuarteles para que renazca la libertad, y con ella la única prosperidad posible.

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4 mayo, 2020 · 19:55

Lo que va de Sánchez a Merkel

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“Es por allí, Pedro”.

Pedro Sánchez es el presidente del Gobierno de España. Su mayor preocupación, quizá porque llegó al poder como llegó, es que a nadie se le olvide que lo es, que lo sigue siendo, empezando por su persona. Quizá porque llegó al poder como llegó, o porque nunca fue un lector empedernido, no ha tenido tiempo de desarrollar un estilo propio de oratoria. Así que sus discursos, como su tesis doctoral, presentan un alto índice de ideas ajenas, de Kennedy a Harari, expuestas preferentemente sin citar.

En la oposición imitaba la indignación antiestablishment de Pablo Iglesias y en el poder ha descubierto las ventajas de la cachaza de Rajoy y su apelación constante al sentido común, sea eso lo que sea. Hay tantos rostros en Sánchez según la conveniencia del momento, que podríamos sentenciar que su estilo más personal es el plagio, si no fuera porque en realidad es la falsa solemnidad.

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4 mayo, 2020 · 11:08