Fuera del Valhalla

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Suecos haciéndose los suecos.

De Suecia llega el son de cuernos vikingos llamando al repliegue de la tribu para lanzar el contraataque sobre el extranjero. El auge continental de la derecha identitaria parece más escandaloso en la cuna de la socialdemocracia, donde he visto parejas de impecable compromiso igualitario, en las que no se sabía si era más guapo él o ella ni dónde empezaba su voluntad y acababa la de papá Estado, Odín redistributivo que vela por su rubio futuro.

Hay quien explica el agotamiento del orden socioliberal de posguerra por razones generacionales: los nuevos votantes no están curados de espanto nazi ni temen el voto radical porque toda su imaginación para la distopía se agota en Netflix. Otros apuntan al tedio como motor de la existencia humana, corolario de una prosperidad inaguantable que nos remite a la habitación de Pascal, de la que siempre sale el hombre en busca de su ruina. Que el confort puede ser un infierno lo saben los solicitados camellos de los pijos y la sarcástica guía rusa que en San Petersburgo me encarecía los 100.000 obreros sacrificados por Pedro el Grande en la edificación de su maravillosa ciudad, mientras atribuía la elevada tasa sueca de suicidios a la falta de retos. “Los rusos no nos suicidamos tanto: lo tenemos todo por hacer”.

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10 septiembre, 2018 · 10:13

Una jodida vergüenza

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Nostalgia de una guerra.

A Podemos no le ha gustado que un excombatiente nacional y uno republicano conversen amigablemente. A Monedero le ha parecido “una jodida vergüenza”. Iglesias no imagina a un judío (el republicano) dialogando con un SS (el nacional), y nosotros tampoco, porque ningún judío violó y mató a ninguna monja nazi, por coronar su delirante analogía. Toda la sensibilidad para la equidistancia inicua que les falta para advertirla entre supremacistas y partidarios de la legalidad en la España de hoy la derraman amargamente sobre el golpe de ayer. Pero esta hipermetropía moral, que ve mucho de lejos y nada de cerca, no obedece al intento melancólico de ganar la guerra 80 años después, como se dice, sino a la clara conciencia de que el pasado, bien manejado, ni siquiera es pasado, como sabía Faulkner. Occidente libra una guerra cultural cuyo armamento es el victimismo retrospectivo. La memoria histórica a la española no es un combustible diferente del indigenismo, el hembrismo o el trumpismo redneck: todos cultivan el fetichismo de la herida propia. Quien exhiba la cicatriz más honda ganará la empatía presente y la elección futura. Con el poder llega la subvención, con ella el clientelismo, con este la religión organizada. Y al que se desvíe del dogma le aguarda la hoguera de los fachas.

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9 septiembre, 2018 · 20:46

El preso Zaplana

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Un animal.

Sobre el preso Zaplana pesan dos cargos: uno de blanqueo que debe acreditarse y otro de leucemia que ya está diagnosticado. Puesto que últimamente ha pasado por un trasplante de médula, una neumonía vírica, una trombosis venosa profunda y una bronquiolitis aguda, parece que su expediente lo resolverá antes la biología que la Justicia. Pero la posibilidad de que Zaplana muera en la cárcel no ablanda el corazón insobornable de la Audiencia Provincial de Valencia, que ha rechazado por cuarta vez su petición de excarcelación por razones humanitarias. ¡Humanitarias! ¡El PP! Como si un tío del PP fuera un ser humano. Si la humanidad no es un atributo que nuestra opinión pública se avenga a predicar de un pepero inocente, imagine usted de un pepero corrupto. Presuntamente corrupto, por concederle la precisión, ya que no la libertad.

El resentimiento poscrisis y la colaboración carroñera de las teles alteraron el viejo orden moral de las tablas mosaicas, de tal forma que el séptimo mandamiento escaló de posición, en ocasiones -como la de Bolinaga– por encima del quinto. Hoy un (presunto) corrupto del PP es una basura indigna de empatía, un judío de Varsovia en 1940. ¿Qué tendrá que ver uno del PP que robó el dinero de los valencianos con uno del PSPV o Compromís que robó el dinero de los valencianos? ¡Que la leucemia lo pudra en la cárcel! Lo dicen como lo sienten. Lo sienten porque les han enseñado a sentirlo. Les han contado que el PP es una maquinaria fascista que trabaja desde 1936 para arrebatarles la prosperidad. Y en ese odio hallan justificación para su existencia miserable, y en ese fuego se consumen cada día, esperando la revancha.

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7 septiembre, 2018 · 9:40

Otoño imbécil

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Ellos se juntan.

A este tipo, Torra, lo define el modo en que hurtó el rostro a Albiol para cortar una discusión en el homenaje de Cambrils. Ese movimiento accionado por la cobardía a medias con la intransigencia revela el carácter paradójico del supremacista, que comparte con el machista esa debilidad íntima que trata de enmascarar con la violencia. Torra no alienta el enfrentamiento porque sea malvado, sino porque es imbécil: etimológicamente, un hombre sin atributos. Uno que ignora que inventamos la política institucional para reglar el conflicto, y que su principal deber como dirigente público consiste en mantener las formas cuando discute con otro político de signo opuesto. Se reconoce al fanático irrecuperable cuando esa cortesía elemental le exige un esfuerzo superior a sus fuerzas. Y cuando el poder recae en una personalidad subdesarrollada, detenida en el radicalismo de la niñez mental, sobreviene el desastre. Porque a un niño siempre le sobra la democracia.

Cómo echamos de menos a los políticos profesionales, tan denostados por esta ola populista que atiza resentimientos necios a cambio del relevo en los despachos. El sabio pragmatismo de los diplomáticos de culo de hierro que jamás se levantaban de la mesa de negociación ha sido vencido por la estupidez triunfal de los puros, los insobornables, los imbéciles poseídos de misiones y ayunos de inteligencia. Cuenta Cicerón que Catón no se explicaba que un arúspice no rompiera a reír al encontrarse con otro arúspice, conscientes ambos del fraude del que vivían y de la extendida credulidad de sus clientes; pero cuando Torra se encuentra con Puigdemont, cuando estos dos aprendices de brujo salidos del sobaco más profundo de Wilfredo el Velloso se miran a la cara, nadie se ríe. Y ese es el drama: que la fase cínica -representada por Artur Mas– ha sido superada por la fase dogmática.

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5 septiembre, 2018 · 11:53

Karim

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El talento.

En el verano de 2017 el Arsenal iba a fichar a Karim Benzema. Su autoestima nunca fue tan alta como su elegancia, y arreciaban los rumores sobre la contratación de un delantero para incentivar la competitividad en la línea de ataque. Benzema llevaba años conviviendo con esa clase de amenazas, diez años repletos de títulos y fama, pero pensó que se encontraba ante la última gran oportunidad de triunfar en otro equipo y se dejó mecer por el cariño fraternal de Wenger, tan prometedor en comparación con el esquizoide afecto de la grada del Bernabéu. Así que le dijo a su padre que se quería ir. El señor Hafid, indignado por la amnesia del hijo pobre al que se había afanado en guiar hasta el éxito, le brindó la última lección:

-¡Vete a firmar! ¿Qué es lo que estás haciendo? Eres quien eres por el Madrid. Ellos te hicieron grande.

Y Karim recuperó el buen sentido que derrocha al primer toque sobre un terreno de juego, tomó una pluma y se fue a las oficinas de Chamartín a firmar su renovación. Un año y otra Copa de Europa después, nombrado ya tercer capitán del Real Madrid, Benzema parece totalmente recuperado de sus accesos de melancolía. Seguramente se encuentra en su mejor momento de forma, lo que desmiente que solo lograra afinarse la figura bajo la tutela de Zidane, y despliega exactamente la clase de fútbol trigonométrico y fulminante que soñaba Lopetegui para un Madrid sin Cristiano. Incluso marca goles, ese vicio que siempre había resultado demasiado vulgar para monsieur, probablemente el único francés al que le asquea pronunciar la letra cruenta de la Marsellesa. Si se entristece cuando piensa que se ha perdido el Mundial que ganó su Francia, evoca al señor Hafid y recuerda que es quien es por jugar en el Madrid, no por nacer en Lyon.

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4 septiembre, 2018 · 11:21

Los clones imposibles

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False friends.

Al periodista político, aunque no lo confiese, le apasiona la competición tanto como al periodista deportivo, y encuentra estos días estímulo en la pugna de Rivera y Casado por el liderazgo del centroderecha como antaño lo encontró en calcular el sorpasso de Podemos al PSOE. En columnas y tertulias cundió el latiguillo del descolocamiento de Cs tras la moción, básicamente porque se había interiorizado que ganaría las elecciones, pero la sonrisa del destino sanchista descolocó más bien a Iglesias, reducido a muleta política de Sánchez y al cuarto puesto demoscópico. Ahora bien, el descolocado mayor fue Rajoy, que pasó a recolocarse en Santa Pola.

A Casado le impulsó su resonante victoria en las caníbales primarias del PP, y el periodismo político se dispuso cómodamente a reeditar la plantilla mental del bipartidismo. Con la ayuda de Sánchez, que se apresuró a invitar a palacio al joven líder del PP. Pero si la crisis económica mató el bipartidismo, la crisis catalana impedirá que resucite. Porque ambos, PP y PSOE, son corresponsables desde Moncloa de la gradual retirada del Estado en Cataluña.

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3 septiembre, 2018 · 9:39

De la oralidad del sanchismo

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La voz.

Cada vez que habla Pedro Sánchez, en la redacción ponemos el plasma y subimos el volumen. No lo hacemos a menudo porque Sánchez no se prodiga en ruedas de prensa salvo si viaja al extranjero, y no siempre hay extranjeros disponibles para Sánchez, pese a los desvelos de sus guionistas. Pero de súbito su voz campanuda fluye por la estancia y todos levantamos unos segundos la cabeza del teclado:

-Si tuviera que elegir una palabra para definir mi proyecto de Gobierno, sería Justicia. Justicia económica, social, de género… La Justicia es lo que moviliza a una sociedad.

La proclama alcanza los oídos del redactor, baja repicando por las trompas de Eustaquio, cruza los hemisferios cerebrales y termina alojándose en el lóbulo frontal, encargado del procesamiento lógico de la información. Pero el redactor no logra desentrañarla. No acierta a distinguir su significado concreto. Tras oírle un número suficiente de veces, uno concluye que la dificultad de comprenderle estriba en una cesura radical entre la voz de Sánchez y las intenciones de Sánchez. No recuerdo otro orador que produzca ese efecto de ventrílocuo de sí mismo: en Sánchez, la forma y el fondo viven escindidos. Es capaz de enviar los fonemas por delante de los conceptos que se suponen acompasados a la fonación; pero uno se queda esperando alrededor de un cuarto hora y el concepto no llega, como no llega Godot. Solo recibe el sonido, cavernoso y bello, como si filtráramos el contenido de un globo de helio a través de un odre y recogiéramos los ecos en una cámara de resonancia, a poder ser la orquesta de Radiotelevisión Española.

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3 septiembre, 2018 · 9:31

El sarampión ha vuelto

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Joven curándose el nacionalismo.

No puede extrañarnos el retorno del sarampión a Europa, enfermedad que creíamos tan derrotada como el nacionalismo. El sarampión, o el nacionalismo, es una infección respiratoria sumamente contagiosa que cursa con erupción cutánea, tos seca, secreción nasal, fiebre alta y ojos rojos, incluso inyectados en sangre. Basta respirar los miasmas aéreos de un ambiente contaminado -por ejemplo allí donde haya tosido previamente un nacionalista- para infectarse. Suele hacer presa preferiblemente en niños, o en adultos infantilizados por la ignorancia o el resentimiento que no han recibido a tiempo la vacuna sufragada por la sanidad pública, es decir, por la educación pública, lo que constituye un claro caso de dejación de funciones por parte del Estado. Científicos y politólogos explican que el sarampión arraiga más fácilmente en sistemas inmunológicos deficitarios; la diferencia es que la enfermedad, cuando es contraída por adultos -adultos de aspecto, porque en realidad no han dejado de ser niños-, cursa con mayor virulencia que en los bebés, llegando a provocar graves alteraciones e incluso la muerte, según quedó suficientemente acreditado en las cuajadas trincheras del siglo XX, por no remontarse más.

Al niño que contrae el sarampión se le prescribe tomar mucho líquido, guardar reposo y abstenerse de relaciones con personas vulnerables. Ayuda mucho que el paciente aproveche la convalecencia para leer, pues el sarampión, como el nacionalismo, se cura leyendo sin que uno se dé cuenta: solamente hay que dar una oportunidad al sosiego mientras los anticuerpos de la razón hacen su trabajo. En caso contrario, la afección emocional avanzará nutriéndose del ruido y de la furia, devastando el tejido sano de la sociedad, porque el sarampión puede ser una premisa de la muerte como el nacionalismo lo es siempre del fascismo.

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30 agosto, 2018 · 9:09