Del bulo al ‘budó’

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Pandemia.

Dice una Budó, portavoz de un empleado del Estado a punto de que el Estado termine de inhabilitarlo por delincuente, que una república catalana no tendría tantos muertos ni tantos infectados. A esta hora no he oído aún a ningún miembro de este Gobierno combatir el bulo territorial con el mismo celo que nuestro generalato declara contra el clima digital. Se trata además de un bulo al cuadrado, el producto de dos infecciones sumadas: la del nuevo coronavirus y la del viejo nacionalismo. Se trata de un superbulo al que llamaremos un budó.

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21 abril, 2020 · 10:14

Máscaras bajo tierra

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Iberia sumergida.

El tren irrumpe en escena como salido de la película de los Lumière. El confinamiento es una fuente de realismo mágico que restaura un mundo primordial, antiquísimo, previo al coronavirus, cuando las cosas se acababan de inventar y aún no tenían nombre. Así, una estación del metro de Madrid ofrece hoy en hora punta el espectáculo inédito de un andén vacío y demudado. Cuando un brusco traqueteo anuncia la llegada del convoy y su morro picudo asoma por un extremo del túnel, estamos tentados de señalarlo con el dedo para poder identificarlo.

Madrid encuentra en su red de metro uno de sus orgullos más fundados. Extensa, renovada, eficiente. Bajo la pandemia sigue mostrándose a la altura de su reputación, pero nos preguntamos si el derroche está justificado cuando en el interior de sus vagones se cuentan las cabezas enmascaradas como los postes de teléfono en la llanura castellana. Cada tres o cuatro minutos llega puntualmente el metro, se sube nadie, se baja uno o ninguno, suena la bocina y reemprende su marcha melancólica hacia otra estación desierta. Quizá no solo sea bueno que el metro de Madrid conserve su cadencia suiza sino que quizá sea balsámico. Ojalá todo el Estado funcionara como el metro.

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20 abril, 2020 · 11:18

Se despueblan los guindos

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Infantería.

Confesaré un secreto regocijo en medio de este desastre. Como otros llevan un diario de la pandemia -algunos terapéuticos, la mayoría víricos-, yo llevo una contabilidad privada de las deserciones mediáticas en el sanchismo. Cada día cae una nueva palada de muerte y de ruina sobre nuestras confinadas cabezas y cada día anoto yo una nueva baja en la fiel infantería del poder. Años de sacerdotal entrega al periodismo de opinión me han avezado la sensibilidad para detectar las sutiles señales del desamor de tertulia, los tímidos repliegues del fervor tuitero. Uno llega a desarrollar un oído de delfín para captar los ultrasonidos que anuncian una mutación en la opinión pública, la señal que autoriza la defección y decreta que ya no es de fascistas criticar a este Gobierno. Hacerlo incluso desde la tele, que es donde abrevan las masas horizontales y por tanto donde más se sienten las presiones verticales. La veda ha debido de abrirse ya, porque las ovejas que se creen pastores empiezan a balar en consecuencia.

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20 abril, 2020 · 11:05

¡Pedro, Pedro, encadénanos!

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Madera de autócrata.

Al final el pobre Sánchez no va a tener más remedio que aprovechar la pandemia para instaurar una autocracia. Se lo está pidiendo el pueblo español a gritos, dice Tezanos en esa carta del tarot pagada con nuestros impuestos que antes llamábamos barómetro del CIS. En ella el partido culpable de la peor gestión por número de muertes del planeta le saca diez puntos a la oposición. Y en ella dos de cada tres españoles ruegan a Sánchez e Iglesias que los salven de sí mismos, de esa estúpida credibilidad que les lleva a zamparse bulos reaccionarios como indios precolombinos que cambian el oro de su confianza por el cristal coloreado de la posverdad. Los encuestados suplican que se les expropie la libertad de información y la centralice papá Estado, igual que a los niños se les tapan los enchufes, no se vayan a llevar una descarga.

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16 abril, 2020 · 10:16

Una pandemia de cursilería

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Un cursi.

La cursilería debería ser la próxima víctima del coronavirus. No lo es todavía, conectada como está a los respiradores artificiales de la política sin moral y del periodismo sin independencia. Porque la cursilería es el condimento de la propaganda, la levadura que infla el discurso desmigado de Moncloa hasta que un globo de cháchara tape una ringlera de ataúdes y un cerro de negligencias. La retórica de Sánchez estos días es hija ilegítima de un Churchill comprado en los chinos con una miss universo recién coronada. Guerra y amor, Marte (bufo) y Venus (recauchutada), el enemigo letal contra que el presidente nos enrola cada finde a toque de corneta y los ángeles sanitarios a los que, a falta de mascarillas, les entrega su más sentida gratitud.

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14 abril, 2020 · 11:57

Para que la vida triunfe

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12 abril, 2020 · 22:19

Descendimiento

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Un estudio del dolor.

Confinada en una tabla demasiado pequeña para la grandeza del drama que representa, la escena que Rogier Van der Weyden talló más que pintó en El descendimiento lleva seis siglos interpelando a su destinatario. Que no es el gremio de ballesteros de Lovaina que lo encargó sino que somos todos, porque todos conoceremos el sufrimiento. Una obra maestra lo es porque no termina de decir lo que tiene que decir; porque cada generación, al enfrentarse a ella, le añade un significado propio. Miramos el cuadro un Viernes Santo de 2020, con la mitad de la población del planeta obligada a permanecer en casa por la amenaza de una pandemia que habrá acabado con cientos de miles de personas y arruinado a muchos millones cuando concluya su paso exterminador. Si nos acercamos comprobaremos que el más profundo estudio del dolor humano del siglo XV reviste plena actualidad en el XXI.

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12 abril, 2020 · 22:12

Nuestra pasión según Sánchez

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Getsemaní.

Yo estaba deseando equivocarme. Estaba deseando que del interior de Pedro Sánchez la pandemia extrajera un pedacito insospechado de Adolfo Suárez. Y que sobre ese pedacito, a falta de mayor estatura, se pudiera edificar no unos Pactos de La Moncloa, que solo son el indicio retórico de que Iván Redondo ha cambiado El ala oeste por Cuéntame, sino al menos un proyecto de ley compartido, una legislación de emergencia que prepare mejor a España para sobrevivir a la devastación económica que está a punto de conocer.

Pero un perro loco no es un oso amoroso ni lo puede ser. Todo lo que ha conseguido Sánchez en su vida política se lo debe al sectarismo. La dimisión antes que abstenerse ante Rajoy, el sometimiento antes que la magnanimidad con el susanismo, la genuflexión ante Torra antes que romper el cordón sanitario a la derecha, el abrazo al neocomunismo antes que el acercamiento al centro. Y en estas llegó el Covid-19. Y yo pensé que adonde no lo impulsaba la virtud podría empujarle la peor tragedia nacional desde la Guerra Civil. Y me senté a ver el debate con una nube de esperanza. Pues bien. Ya sé que tampoco 50.000 muertos y siete millones de parados serán suficientes para cambiar a Sánchez. Vista la intervención de esa neófita en lecturas y catedrática en odios de la que Javier Fernández tan justificadamente se avergüenza hoy, ya podemos ir concluyendo que no solo nos iremos al carajo, sino que durante la debacle todas las energías del Gobierno se concentrarán en machacar a la oposición. El alacrán solo quiere picar a la rana que le vadea el río, aunque nos hundamos todos.

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9 abril, 2020 · 20:45