Háblame, musa, del admirable Ulises de Nolan

En 2003 aún regía el plan antiguo de Filología Clásica en la Complutense, así que nuestras asignaturas troncales tenían nombres como HomeroSéneca Sófocles. No eran títulos orientativos: efectivamente pasábamos meses estudiando y traduciendo obras de Homero, de Séneca y de Sófocles. En tercero de carrera nuestro profesor de Homero era Carlos García Gual, cuya exigencia no se debía a su carácter sino al estupor que le causaba el hecho de que sus alumnos, recién cumplidos los 20 en el siglo que estaba a punto de alumbrar el teléfono inteligente, no habláramos griego antiguo con la misma fluidez que él.

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27 julio, 2026 · 11:19

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