El vértigo de los Andic

Todos los problemas mentales se parecen, pero cada familia se los trata a su manera. Las familias pobres solían tener párroco y las burguesas hace tiempo que van al psicólogo, pero solo los millonarios pueden permitirse una bruja gallega o un curandero indio. Del Ibex al consejo de ministros, no pocos privilegiados han cedido a la tentación esotérica en busca de alivio a su incertidumbre, como si los oráculos aún vinieran de Delfos y no de Silicon Valley. Se sorprenderían ustedes del escaso crédito que concita el racionalismo entre la clase dirigente. Se gastan fortunas para sacudirse un mal de ojo sobre una camilla de masaje mientras los salmodian en arameo, o para atraer la rentabilidad de una inversión de riesgo en el cubil de un futurólogo con más labia que videncia. Es como si las mañas perfectamente terrenales que les permitieron acumular dinero o poder ya no sirvieran para conservar la posición una vez conquistada. A partir de cierta altura el vértigo se intensifica tanto que a algunos ya solo los sujeta la superstición.

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27 julio, 2026 · 11:12

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