
Esta vez el presidente se ha propuesto disfrutar de La Mareta como nunca. Ha sido un curso político muy duro. Han condenado a su fiscal, a su hermano y a algún otro gran desconocido para él. Han procesado a su esposa e imputado a su faro moral, que no es precisamente su esposa sino Zapatero. El fascismo avanza por todas partes, reflexiona el último líder del progresismo europeo y buena parte del americano; razón de más para apurar cinco semanas de ocio reparador en el coqueto palacio que Hussein de Jordania regaló a Juan Carlos I. «En septiembre volveré como nuevo para plantar cara al golpismo judicial, mediático y político. Queda mucho partido», piensa Pedro Sánchez.






