
Uno ya estaba durmiendo el martes cuando Mbpapé, Vinicius y Konaté saltaron al campo del Elche con la camiseta de apoyo a Ceuta embozada a la mitad de sus pechos fríos. La alarma del teléfono me despertó como cada día a las cuatro de la mañana, pero ese miércoles el timbre sonaba más ofendido que de costumbre. La pantalla hervía de notificaciones incandescentes, y al enterarme de la noticia sentí exactamente lo mismo que cualquiera de mis indignados amigos.







Uno recuerda cuando Sócrates fue urgido por sus acompañantes a que simpatizara con su jurado a la hora de pedir una condena que pudiese cumplir y éste se limitó a pedir una pensión completa como la que tenían los deportistas -¡los héroes!- de la ciudad. Hablando del doigt d’honneur. Por supuesto el jurado, que ya sabría de la nula sintonía de Sócrates con los deportistas -críos malcriados por sus padres y la plebe- reaccionó como se esperaba y se pasó a la cicuta.
No es que la situación de los deportistas hogaño y antaño sean comparables; lo que más bien llama la atención en esta sesión justiciera es que el reo se negase radicalmente a usar la iketeia que había sido de rigor desde Homero y Esquilo y con ello marcase un revolcón moral o ético que llega hasta hoy. Con modos irónicos pero expeditivos. Hijos de Salamina, nietos de Platea: por aquí