
Uno ya estaba durmiendo el martes cuando Mbpapé, Vinicius y Konaté saltaron al campo del Elche con la camiseta de apoyo a Ceuta embozada a la mitad de sus pechos fríos. La alarma del teléfono me despertó como cada día a las cuatro de la mañana, pero ese miércoles el timbre sonaba más ofendido que de costumbre. La pantalla hervía de notificaciones incandescentes, y al enterarme de la noticia sentí exactamente lo mismo que cualquiera de mis indignados amigos.






