El negocio del apocalipsis

Lo novedoso del apocalipsis no es anunciarlo (eso lo hace hasta Marcos Llorente) sino experimentarlo. No pertenezco a la primera generación de la historia que puede asistir a la extinción de la especie, privilegio que correspondió –Oppenheimer mediante- a la generación de mis padres, criados en la paranoia nuclear. Así que por muy letal que sea la vanidad de los adanistas de Silicon Valley, tendremos que reconocer que la destrucción mutua asegurada por un fulminante intercambio de epístolas atómicas entre Washington y Moscú será siempre mucho más vistosa que una pandemia o un apagón desatados por un robot excesivamente curioso. El sapiens no merece extinguirse con el gemido del poeta sino en mitad de un cósmico estallido. ¿O es que vamos a ser menos que los dinosaurios?

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1 comentario

15 septiembre, 2026 · 14:13

Una respuesta a “El negocio del apocalipsis”

  1. Avatar de Se dice fraude corporativo Se dice fraude corporativo

    Es difícil comentar algo sobre un instrumento que uno utiliza tan sólo como detective digital para averiguar, si acaso, de donde sacó Elon Musk su danza ritual ante el presidente de los estados unidos o que hay de cierto en el horror de los habitantes de China a las personas que sonríen sin motivo (timadores, débiles mentales) ¿cómo se refieren a ellos? ¿baizuo?

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