
El eco de su espectáculo hiere la sensibilidad del pagano y no le queda más remedio que reconocerlo: algo tendrá Rosalía cuando la bendicen. El pagano quizá nunca llegue a recibir la luz de Lux, pero siguiendo a Chesterton está bien dispuesto a creer en cualquier cosa que no sea Dios, a diferencia de los creyentes ortodoxos (empezando por la Conferencia Episcopal), que desconfían científicamente del fervorín levantado en torno a la más universal de nuestras cantantes.







Es peor que la magia negra, pero la curiosidad me pudo y recurrí a ella, la IA, para que me notificase las relaciones, si las hubo, de López Vázquez y Roca Barea. Por edad imagino que ella pudo asistir al estreno de ‘Aquelarre’, donde un L V dominico con labios apretados y gestos ampulosos se enfrenta a una tribu de abertzales haciendo lo que se les da bien. Recuerdo que un espectador se quejó en voz alta de que las cosas no había sido así. Quizá Caro Baroja se encontró en los cincuenta a funcionarios culturales ingleses que le sugerirían la vía francesa a la hechicería y probablemente a Los demonios de Loudon, donde Huxley desmonta la credulidad de los vecinos y sus vastas, vastísimas ramificaciones.
Parece que Rosalía incluyó en la set list de canciones de esta gira ‘El redentor’. Más le vale.