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Riña de seis

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Mintiendo.

Iba a volver el bipartidismo, aseguraban los tertulianos del bipartidismo -qué bien se vivía, suspiran-, y en esas parió Errejón. De modo que tenemos seis partidos nacionales dispuestos en formación de combate de tres contra tres que a la vez se aprestan al fratricidio intrabloque con españolísima fruición. Los viejos (PP y PSOE) contra los nuevos (Podemos y Cs) y los novísimos (Vox y Errejón) también contra los nuevos y alineados con los intereses de los viejos. Con semejante riña hexapartita usted lo primero que debe hacer es no fiarse de ningún tertuliano, empezando por mí, y mucho menos de encuesta alguna, todas impotentes y efímeras como los amores de barra. La situación es estrictamente impredecible, los españoles desprecian a los políticos solo un poco menos que a los periodistas y el cuento lleno de ruido y furia que no significa nada no tiene final porque únicamente un idiota puede escribirlo, aunque entre los propagandistas de Moncloa hay algún adicto a la farsa convencido de ser Shakespeare.

Pero como detesto el cacareo populista de los cobardes que socializan la culpa entre todos los políticos, iré por partes. El relato de Iglesias vende izquierda genuina, recupera la épica de la derrota de los humillados por los socialtraidores de siempre y hasta incorporó en el último momento algún giro vistoso como una coalición temporal revisable. Lo hizo, sabiendo que Sánchez se burlaría, por lo mismo que Rivera ofreció su abstención a cambio de marginar al partido de ETA, a quién se le ocurre pedirle eso a Sánchez. Iglesias y Rivera buscaban empezar la campaña desnudando la soberbia de un carácter vengativo que entiende el poder como destrucción del adversario después de purgar al compañero, única razón de que haya forzado el 10-N. Vox va de quitarse los últimos complejos -¡quedaba alguno!-, fotografiarse con Salvini y que sea lo que Dios quiera, literalmente. Errejón va de izquierda hospitalaria y sensible, venid a mí los que huís de la berrea de los dos machos alfa. Casado ha descubierto el poder de la elipsis, ese silencio que administra el buen narrador, pero no puede llegar a noviembre sin pronunciar palabra y las dos que más pronuncia, España Suma, suenan a abrazo del oso, a cierre de filas bipartidista, a reloj parado en 2015.

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24 septiembre, 2019 · 11:41

Los abortos de la nostalgia

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Contra lo establecido.

A usted le estarán dando la turra con una frase de este tenor literal: “¡Vaya con la nueva política!”. O de este: “¡Echo de menos el bipartidismo!”. Es probable, si nos ponemos dramáticos, que usted mismo la haya pronunciado. Sería usted el tonto útil de una astuta operación por la que los que han mandado siempre, han robado casi siempre o han bloqueado el cortijo para no compartirlo consiguen aparecer como las víctimas de la situación. El truco funciona por esa confusión entre temporalidad y causalidad que los lógicos escolásticos llamaron post hoc ergo propter hoc: los problemas de estabilidad empezaron con el fin del bipartidismo, luego la culpa es de los nuevos partidos. Pero si acercamos la lupa al bonito tapiz de la propaganda descubriremos las costuras.

Podemos y Ciudadanos no irrumpieron con fuerza en el Congreso por las ayudas de Maduro o el cariño del Ibex: lo hicieron porque conectaron con los intereses de una nueva generación de españoles cuyas necesidades -precariedad, transparencia, modernidad, transversalidad- eran sistemáticamente orilladas por el bipartidismo. Total si esos no votan, pensaban sus estrategas. Hasta que votaron. Con esos votos Podemos pactó con el PSOE, apuntaló autonomías socialistas y gobernó ciudades importantes; que su ineficiente gestión fuera castigada o que el orgullo de su líder frustrara la coalición no debe opacar el hecho crudo de que Sánchez debe todo su poder a Iglesias, que negoció la moción con los independentistas y le dio gratis el sí. Rivera, por su parte, apoyó la investidura de Sánchez en 2016; y cuando Sánchez bloqueó la salida, hizo girar la bisagra hacia el sí a Rajoy a cambio de una regeneración que Rajoy despreció. Pagó esa displicencia con la censura, pero aun entonces Cs votó en contra. Y después ha compensado con su apoyo territorial la caída estrepitosa del PP. Pese a esto, la campaña de Sánchez va de matar a Iglesias y la de Casado de matar a Rivera.

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22 septiembre, 2019 · 23:34

Un PSG de exnovias rencorosas

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Exnovia.

El Real Madrid debutó en la Champions perdiendo 3-0 y la mejor noticia fue el resultado. La peor, que no jugaban ni Mbappé ni Neymar ni Cavani. El PSG jugó como si fuera una final, con repliegues de nueve jugadores en el minuto 80, y el equipo de Zidane jugó como si viviera un principio, no sabemos aún de qué, y preferimos no intuir su conclusión. Era un PSG alicatado hasta el baño contra un Madrid abierto por obras; demasiado abierto, de hecho.

El Madrid más francés sucumbió en París ante una reunión de exnovias rencorosas, empezando por Di María y Keylor Navas sobre el césped y terminando por Makelele y Beckham en el palco. Francia inventó el racionalismo pero Zidane no inventa ya la botánica que tantas flores nos dio. Saber con certeza que el primer gol de Di María lo hubiera parado Keylor imprimía tonos aún más macabros a la pinta del partido. Solo Bale, a su modo sonambúlico y genialoide, llevaba algo de riesgo al área. Falló una falta de una parábola tan hermosa que el gol no la hubiera embellecido, y después marcó un golazo al que solo se le pudo presentar la estúpida objeción de haberse acomodado la bola con la mano. Uno tenía la esperanza de que, entre el videoarbitraje y las expulsiones por pisar el tendón de Aquiles, el mundo del fútbol se hubiera olvidado de normas anquilosadas como la de prohibir jugar con las manos. Pero no. Anulado.

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19 septiembre, 2019 · 11:45

El kairós de Rivera

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Abrir la puerta.

Retratar con un solo movimiento la disposición de Pablo Casado a sumar por España y la credibilidad de Pedro Sánchez cuando niega el plan de forzar elecciones a su mayor gloria personal. La jugada estaba tan clara que solo sorprende el momento elegido. ¿Por qué Albert Rivera ha esperado hasta el final? Esta es la pregunta, claro. Y hay razones para explicar por qué.

La primera es que su previsión -como la de la inmensa mayoría de los analistas que se asomaron a los resultados de abril- daba por hecha una investidura de Pedro Sánchez con sus socios de la moción de censura. Era lo lógico, por la trayectoria de Sánchez y porque con Rivera no, botaba Ferraz. Sánchez se sentó a esperar las elecciones de mayo, en las que Podemos quedó malherido. Y luego viajó por Europa, donde le convencieron de que era el último eslabón de la estirpe de Willy Brandt -y nos creemos que se lo creyera-, pero que para seguir siéndolo debía prescindir de tratos con esos pelanas marxistas que le habían hecho presidente gratis. Con un Tsipras hemos tenido bastante, le comunicó Bruselas.

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17 septiembre, 2019 · 10:21

Universidades y prostíbulos

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Teas ardientes.

-Hay una gran diferencia entre querer abolir la prostitución y querer abolir los debates sobre prostitución. Negar disensos y silenciar a las prostitutas recuerda a lo peor de la cultura dogmática contra la que el feminismo tiene que ser una alternativa.

Así habló Clara Serra, de Más Madrid. Y supimos que un verdadero espíritu liberal se había apoderado de ella. Los propios la machacaron y los ajenos la ridiculizaron, unidos ambos polos en una sola pinza moralista. Aquel día probó Serra la hispánica soledad del liberalismo, que desprecia por igual la sagrada tradición del azul y la ortodoxa ideología del rojo. El liberal a menudo estará solo, pero es el precio que debe pagar por rebelarse contra la autoridad del ayer y contra la utopía del mañana. Ser liberal es también defenderte de quienes se empeñan en salvarte del pecado consentido.

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14 septiembre, 2019 · 14:45

El juego del solitario

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El jugador.

El PP gobernaba con mayoría absoluta, el PSOE preparaba primarias y Pedro Sánchez, ascendido por Pepiño Blanco de concejal de oposición a diputado de gallinero, miró en su interior y decidió que reunía las condiciones necesarias para liderar el partido de Felipe González. Un compañero más formado que él -hoy convenientemente purgado- le preguntó qué le hacía pensar eso. Y Sánchez, en aquel instante ya histórico, con su respuesta entregó a la posteridad la formulación más acabada de su pensamiento político: “¿Y por qué yo no?”

 

Qué lema de campaña para este PSOE desnaturalizado, reducido a la voluntad de un aventurero de sí mismo, ajeno a la aptitud moral que permite distinguir entre la descomposición del Estado-nación y un experimento sociológico de Mercedes Milá. “Españoles errados: por qué yo no”. El lema de las segundas elecciones, pero también el de las terceras de febrero. Porque Podemos seguirá siendo imprescindible en noviembre para investir a Sánchez y porque es estúpido creer que Rivera, asumido el coste de su numantinismo, se rendirá a las presiones. Que es lo que secretamente persigue Sánchez forzando la repetición: el blanqueamiento por asedio y la anulación de la alternativa para una década. Entretanto España permanecerá paralizada otro medio año como mínimo, destruyendo empleo, escarbando en el suelo del deterioro institucional e hipotecando el futuro a la monomanía fascinante de un solo hombre que no supo compartir el poder con socialistas, como para aprender a compartirlo con humanos de otro partido. Su guionista cree estar escribiendo El ala oeste, pero le está saliendo la tercera temporada de Mindhunter. El sanchismo no es materia de politólogos sino de psicólogos forenses.

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14 septiembre, 2019 · 14:37

Nos están suicidando

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Blanca Fernández Ochoa.

El 19 de julio de 2017 un hombre célebre que se encontraba de cacería en una finca cordobesa apoyó en el suelo la culata de un rifle del calibre 270, inclinó el tórax sobre la boca del cañón y apretó el gatillo. Bastaron horas para que todos los titulares contemplasen el suicidio, y bastó un solo día para que dos digitales de izquierda -depositaria oficial de la compasión- titularan: “Miguel Blesa, otra muerte sospechosa relacionada con la corrupción» y «La muerte de Blesa pone a salvo su botín”. A nadie le preocupó entonces ni su esposa ni su hija. Se trataba de un banquero corrupto de derechas. El eslabón más débil en la cadena antropológica de la empatía.

La cobertura de la desaparición de Blanca Fernández Ochoa ha acusado un terror secular al tabú del suicidio, paliado once días después por eufemismos del tipo “muerte no violenta no accidental”. Pero aquel terror lo inspiraba el juicio inquisitorial de la profesión y el corazón palpitante del público, unidos ambos, emisor y receptor, en la hipocresía colectiva que toca la entraña de nuestra nación católica y sentimental, donde durante siglos se excluyó a los suicidas de los cementerios decentes. Ese estigma dura. La santa indignación tuitera contra el morbo nace de un compartido hondón religioso que exige los paños calientes de la fe -sigamos creyendo que vive, y si no que fue un accidente, y si no que está en el cielo- para amordazar las implacables conclusiones de la razón. Y sí, el periodismo siempre ha trabajado con las emociones, pero se supone que no debe consentir que las emociones trabajen por él. Con Blesa era fácil, porque aquel hombre no emocionaba a nadie.

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8 septiembre, 2019 · 22:12

La cofradía del Santo Relato

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El puto amo.

Nos gustan las series basadas en hechos reales, como Chernobyl, pero nos irrita la política real basada en series de ficción, como las negociaciones para la investidura de Sánchez. Que también resultaron tóxicas. Pero el vertido de desafección que se extenderá por septiembre tampoco es responsabilidad del inquilino de Doñana, o de Quintos de Mora, o de Moncloa, sino de todos nosotros. Porque seguimos esperando de la política actual las cosas que le pedíamos a la política analógica.

Asumamos ya que el móvil inteligente y las redes sociales han invertido las proporciones de la vieja receta. Antes un político se pasaba el 80% del tiempo tomando decisiones y el 20% interpretando un papel; hoy se conforma con que el BOE no le joda los posados. El mejor epitafio del marianismo lo escribió anticipadamente Tajani: “A mí me gusta Mariano, que no habla muchísimo pero hace muchísimo”. Es posible que Rajoy ni hiciera ni hablara, pero no hacer ni decir nada ya es una forma de hacer algo, y si lo que no se hace es muchísimo, entonces es muchísimo lo que se hace no haciendo muchísimo, dicho sea como tributo sintáctico al expresidente.

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2 septiembre, 2019 · 11:18