El 23-F de Pablo Iglesias

¿Podem o no?

¿Podem o no?

Un país alcanza la mayoría de edad democrática cuando al fin distingue entre institución y sigla. Entre Estado y Gobierno. Entre Monarquía y Borbón. Entre España y Rajoy. Los españoles sabremos si hemos alcanzado esa madurez gracias, paradójicamente, al golpe de Estado catalán, que sacude cualquier cómoda hibernación en la equidistancia: o estás no con Rajoy sino con el presidente de la democracia española, o estás con los golpistas. La alternativa no es apta para menores: la izquierda entrañable aún cree que el sintagma “unidad de España” expresa fascismo; la tierna derecha le exige a Rajoy que aplique ya el 155, que nadie sabe qué implica pero acojona.

Reconozco mi discrepancia con la línea editorial de EL MUNDO, que reclamaba a Rajoy que se reuniese también con Pablo Iglesias. Entonces entró el teletipo que anunciaba la reunión de don Mariano con los líderes de los dos partidos emergentes. Llamar a Rivera, que debe su existencia política a la lucha contra el nacionalismo catalán, se me antojaba una perogrullada. Pero aún discuto la pertinencia de llamar a Iglesias porque no me parece muy operativo incluir en un frente constitucionalista a un político que ha construido su carrera de bengala -fulgurante y efímera- sobre declaraciones como que esa Constitución que a él le ha hecho un hombre es un candado que urge hacer saltar por los aires. Nadie maneja esos alicates en esta península tan eficazmente como la Forcadell, a quien votaron cinco diputados de la coalición podemita, así que en mi infinita inocencia di por supuesto que Forcadell, lejos de representar un accidente, un indeseable efecto colateral, se erigía en primera ganzúa de Podemos para empezar a cambiar las cosas en España. Para descerrajar el régimen del 78.

Pero don Mariano finalmente se reunirá hoy con el cerrajero Iglesias en La Moncloa, y celebrará un protocolario intercambio de pareceres siempre que consiga que Iglesias deje de lamer los sofás en que descansa su lúbrica fantasía de poder. Ya sabemos que no saldrá gran cosa de esa reunión, que Iglesias declarará que “le gusta” que Cataluña siga en España, que lo que hace falta es diálogo, que la gente es buena y que los consensos son fundamentales para la consecución de objetivos político-sociales de relevancia estratégica y entendimiento hegemónico, y ventosidades complutenses por el estilo. Pero cuando eso suceda, nosotros no podremos disimular la melancolía que nos causa la enésima oportunidad perdida por la izquierda española de presentarse, de una vez para siempre, como izquierda y española al mismo tiempo.

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Pla, la leyenda.

Pla, la leyenda.

Visita El Parnasillo de COPE el gran Josep Pla al hilo del tabarrón catalán. Hablamos de su enfrentamiento con el “milhombres” Jordi Pujol, de su catalanismo moderado y del criterio insobornable de mejor escritor catalán de siempre, que sentenció: “La independencia es mal negocio, porque los catalanes podemos hacer muchos calzoncillos pero no tenemos tantos culos”.

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30 octubre, 2015 · 10:12

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