Vigencia del burlador

Cabe preguntarse hasta dónde habría llegado Pedro Sánchez con el físico de Gaspar Zarrías. El hombre que todavía preside el Gobierno español debe seguramente su carrera política a la clase de desparpajo que fomenta la apostura. Lo que viene siendo el chulo madrileño de toda la vida, o sea. El cuajo del burlador, por acogernos al canon sevillano, que delata una ausencia olímpica de escrúpulos para seducir sin permiso y negarlo después. Un narciso nato acentuado por la costumbre de llegar y vencer, y que por eso mismo no sabe lidiar con la frustración. Cuando le oigo hablar, con esa oquedad de odre que falsea cada una de sus sílabas, siempre me acuerdo de la frase que se le escapó a cierto diputado socialista menos agraciado que él, compañero de salidas nocturnas en los dulces tiempos de las Juventudes: «Cómo se nota que este no ha tenido que hablar para ligar». Efectivamente, si Pedro suena a falso es porque nunca necesitó trabajarse la credibilidad discursiva o la empatía emocional para satisfacer un instinto.

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1 junio, 2026 · 15:58

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