
El arzobispo de Valladolid y presidente de la Conferencia Episcopal Española es hombre de pensamiento y teología, pero también sigue con atención la actualidad. No renuncia a intervenir en la vida pública cuando lo estima oportuno. Y la inminente visita de León XIV a España ofrece una oportunidad inmejorable para hablar de lo divino y de lo profano.
La primera encíclica de este Papa versa sobre los retos de la inteligencia artificial. Por razones obvias no ha sido tema habitual del magisterio pontificio, pero es significativo que León XIV lo haya escogido para estrenarse. ¿Por qué lo hace? ¿He tenido usted ocasión ya de leerla?
Sí, la he leído y me parece un texto espléndido. Es un genuino ejercicio de doctrina social de la Iglesia, es decir, de poner en relación el Evangelio acogido por el Magisterio, con la realidad histórica en economía, política y cultura. Las «cosas nuevas» de esta época están marcadas por la cuarta Revolución industrial. El objetivo de la encíclica es ayudar a discernir qué significa custodiar a la persona humana en el tiempo de la Inteligencia Artificial. Se trata de alentar un compromiso en esta época a favor de la dignidad humana, el bien común y la paz, desde la verdad, la defensa de la dignidad del trabajo en la era digital y de la libertad frente al control social y la mercantilización. La encíclica ofrece una sugerente contraposición entre la cultura del poder reflejada en el relato de la torre de Babel y la construcción de la civilización del amor iluminada por la reconstrucción de Jerusalén, con pistas concretas para el discernimiento y la acción.






