El cabrón de CR

Lo logrado.

Lo logrado.

Esta semana Cristiano Ronaldo volvió a cruzar el umbral de la historia madridista, que es uno de sus movimientos favoritos junto con la diagonal hacia dentro. Esta vez lo hizo como máximo goleador del Real Madrid a los seis años y meses de su llegada. A fuerza de cruzar umbrales de gloria se podría temer que Cristiano terminara devorado por la eternidad, pero ni siquiera Stephen Hawking se explica por qué ese fenómeno astrofísico, tan natural, no rige para el luso: un miércoles se lo traga el panteón de inmortales y un domingo reaparece por el túnel de vestuarios, dispuesto a seguir alimentando el bucle enloquecido de la superación.

Asistí este viernes en el Bernabéu al homenaje que el club le tributó. Me gustó el acto porque difícilmente la duración de un protocolo volverá a resultar tan inversamente proporcional al tamaño de la gesta celebrada. Ronaldo demostró madurez no solo en la elegancia indumentaria sino en la gratitud que dominó su alocución. Siempre supo que sin sus compañeros, presidente, entrenadores, utilleros, fisios y aun periodistas deportivos -y eso es mucho saber-, él no habría pisado el Himalaya del planeta fútbol, desde donde mira de frente a un puñado de elegidos y por encima a todos los demás; pero es que ahora, además, lo dice. Y eso está bien. Jubilemos al Tarzán interior; saludemos la gravedad del David de Miguel Ángel.

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4 octubre, 2015 · 11:38

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