Contra el columnismo

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Mi periódico.

A mi amigo Garabito le han montado un escrache precioso por no guardar debida reverencia a la perspectiva de género a la hora de avanzar el cartel de un congreso de columnistas. Lo cierto es que, como hace todos los años, llamó a varias mujeres columnistas de justa fama pero, o no podían confirmarle aún su presencia o declinaron la invitación porque no deseaban coincidir con según qué nombres. Algunas adujeron razones que Garabito es demasiado caballero para hacer públicas, según reclamaría la moda actual, que es una temporada de transparencias que no cesa. Pero tal como rasea la inteligencia cuando zumba en formación de enjambre, tampoco merece la pena. Así que Garabito, pese a no haber cumplido los 30, ya acumula secretos valiosos de un oficio cuya facilidad para la miseria resulta perfectamente transversal. Ellos y ellas, de derechas y de izquierdas.

De las vanidades perpetuamente ofendidas de un oficio que se sostiene sobre la firma propia uno ya reúne la íntima experiencia que le devuelve el espejo desde sus más tiernas publicaciones. Uno es columnista, y uno es por ello seguramente insoportable. No tanto por macho como por abajofirmante. Por eso sospecho que indigna menos la falta de paridad que la irrelevancia, mitigada por la ilusión de una causa civil. Sobre el despreciable espécimen del feminista predador -ese sujeto que primero clama al cielo herido de Beauvoir y luego manda el privado juguetón a la primera que dijo me gusta-, otros escribirán mejor que yo.

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1 comentario

25 septiembre, 2017 · 16:21

Una respuesta a “Contra el columnismo

  1. Dios las cría y ellas se escaquean

    Me parece que huelo aquí un olor a cortocircuito gremial, caro Bustos. La opinión tiene mala prensa desde tiempos de su querido Platón: la doxa que todo lo complica. En tiempos modernos, Ortega despreciaba a los autores de fondos periodísticos como al otro lado del Atlántico lo hacía su contemporáneo H L Mencken, que tal vez les suene un poco por referencias en `The Wire´, pero que incurría en el mismo error que condenaba: referencias a la sociedad de su tiempo cáusticas y divertidas si no fuera porque se repiten diez y cien veces. No sé demasiado bien como estarán trazadas las líneas de combate con sus amazonas, pero le sugeriría que invitase a uno o dos cafés a Ara Coeli Mangas, que me parece la más brillante de sus congéneres de género. Y tome cursillos de respiración para autores de editoriales

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