Umbral en la catedral

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El columnista totémico.

Umbral fue como ese hombre de Mejorada del Campo que lleva años construyendo una catedral propia según su real gusto e invención. Solo que la obra de Umbral es una iglesia pagana, vacía de otro dios que su ego adorado entre las paredes soberbias del estilo. Umbral, como todos, solo quería que lo quisieran, y pronto adivinó que la vía española al amor de los demás es un amor propio desaforado. Se amó mucho pero aún amó más el lenguaje, que codificó en liturgias nuevas, hasta entonces tenidas por irreverentes, desde entonces imitadas como solo mandan los cánones. Umbral se esmeró tanto en construirse un estilo como una personalidad, que en el dandi son la misma cosa, y remató tan brillantemente la equivalencia entre forma y fondo que muchos miméticos feligreses yacen bajo su peso. Sigue siendo el icono del columnista: Umbral es un umbral, una aspiración, la promesa de vivir de la escritura en los periódicos.

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4 septiembre, 2017 · 10:14

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