Archivo mensual: mayo 2015

Perfil de Ignacio Prendes: «UPyD fue mi primera novia, con la que cometes todos los errores»

Lo que nos unía.

Lo que nos unía.

Un día estaba Winston Churchill pronunciando un discurso en la cámara de Westminster cuando vio cómo uno de sus diputados, en señal de desacuerdo con lo que estaba oyendo, se levantaba de la bancada tory y se sentaba con la oposición. Entonces el legendario premier interrumpió su perorata y murmuró: «Es la primera vez en mi vida que veo a una rata nadando hacia el barco que se hunde». El barco de UPyD hace aguas por todas partes, pero ni Rosa es Churchill ni son ratas los militantes que cambian el distintivo magenta por el tono naranja ante la derrota -en su doble acepción- impuesta por la gran timonel. ¿Que es el instinto de supervivencia y no el idealismo lo que mueve a quienes rechazan el papel de violinistas en el Titanic de Díez? Puede, pero es que el primer deber de un político es sobrevivir. Si no existes no pueden votarte, y si no te votan no puedes llevar tu querido programa a la práctica.

Cabe recordar, con el calendario en la mano, que primero fue Ciudadanos (junio de 2006), y que su novedoso molde -reformismo, patrocinio de intelectuales, transversalidad- sirvió de inspiración a Díez para fundar UPyD en septiembre de 2007. Esta misma secuencia de siglas se produjo en la biografía política de Ignacio Prendes (Gijón, 1965): tras un temprano desencanto del socialismo, militó brevemente en C’s para acabar incorporándose a UPyD, concurriendo como su cabeza de lista por Asturias en las generales de 2008. Por entonces su alma era inequívocamente fucsia y su voz sonaba al compás de la de Rosa, quien en atención a su lealtad y formación de abogado le encargó la redacción de la ponencia de Organización y Estatutos aprobada en el primer congreso del partido. Formó parte del Consejo de Dirección entre abril de 2008 y el negro día del diciembre pasado en que se citó con Díez en su despacho de la sede nacional de Cedaceros, junto al Congreso: sentados en unas butacas de piel roja le vino a decir que él no se estrellaría con ella y que dejaba los cargos, pero (aún) no el partido. Rosa aceptó sin mucho ruego.

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Corre, Gareth

Dijeron de Zátopek que corría como si llevara un cuchillo clavado en el pecho. Más que un corredor heterodoxo, él fue un existencialista con problemas de atletismo: agonizaba olímpicamente, y parecía que cada uno de sus pasos podía ser el último.

Bale. Corriendo.

Bale. Corriendo.

Alan Sillitoe, en cambio, corría por conciencia de clase. No era japonés sino británico, pero hizo de su soledad de corredor de fondo un sacerdocio obrero a la japonesa, de modo que accionaba sus piernas como palancas de subversión. Cada metro ganado declaraba una huelga contra el hambre impuesta, con la rabia insolente de la juventud.

En cuanto al cansancio auténticamente nipón de Murakami, se trata de celebrar esa penitencia un poco boba del que se agota por narcisismo: por sentir ese bienestar privado que procura al hombre próspero un interludio de sufrimiento gratuito. Es una vanidad de red social con filosofía de galleta china. Y a lo peor, con libro y todo. Es el sudor intrascendente que se suda en la era de la cultura pop, fecunda en idolatrías: el running como religión que hace del chándal una casulla y que sustituye el sursum corda por unos estiramientos, antropocentrismo ful que no pasa de los isquiotibiales.

Gareth Bale es otra cosa. El jugador galés del Real Madrid ha impuesto un nuevo paradigma en el arte de correr, y es hora de que se diga. Gareth Bale es un niño eterno y macizo que corre por encima de sus posibilidades, y muchas veces de las de sus compañeros. Bale no calcula cuando echa a correr: no mide sus pasos, no los acompasa a la longitud y anchura del campo de juego. Su campo de juego es el mundo, como debe ser la niñez. Solo así se logra ridiculizar a Bartra en aquella carrera gloriosa que dio al Madrid la Copa del Rey el año pasado. Solo así se llega a la portería en el momento exacto en que cae la bola repelida por Courtois a tiro de Di María para detonar la salva legendaria de la alegría en Lisboa.

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Guipúzcoa, capital Estocolmo

En el bar La Cepa de la calle 31 de Agosto, en San Sebastián, fue asesinado Gregorio Ordóñez.

En el bar La Cepa de la calle 31 de Agosto, en San Sebastián, fue asesinado Gregorio Ordóñez.

A la paradoja de que un callejero atestado de nombres monárquicos sea gobernado desde hace cuatro años por la izquierda abertzale no se acostumbra el visitante, pero quizá ya sí el donostiarra, según todas las encuestas. San Sebastián, gloria del urbanismo burgués, recreo estival borbónico y republicano antes que franquista, cayó en manos de Bildu en 2011 gracias a una escueta mayoría de ocho concejales con la que ha gobernado mediante pactos, con el PNV de socio preferente y su angosto marco identitario como programa. La marcial disciplina de su base y el efecto propagandístico de la reciente legalización hicieron posible el primer Gobierno abertzale en la historia de Donosti, por cuyas hermosas calles no puede uno caminar mucho trecho sin pisar la sangre borrada de 102 asesinados. La ciudad más castigada por ETA junto con Madrid, empezando por Begoña Urroz: el bebé de 22 meses al que una bomba reventó en 1960.

En cumplimiento de una moción municipal en la que su partido se abstuvo, Izagirre concedió el pasado 8 de abril la Medalla de Oro de la ciudad a la familia de la niña asesinada, aunque no permitió el acceso de los medios al homenaje. Así se dan aquí los pasos hacia la reconciliación: con lentitud y cálculo. La equidistancia entre el requisito de la ley (y la moral) y la ortodoxia de los fanáticos. No hay que premiar a ETA por dejar de matar, se enfatiza a menudo, incluso por boca del ministro del Interior. Pero el hecho es que dejar de matar tiene premio. Por ejemplo en los sondeos, que mantienen intactas las posibilidades de Izagirre de revalidar el cargo, más allá del ascenso de Eneko Goia (PNV) por la caída de PSE y PP, cuyo respaldo a Goia se antoja probable para lograr el desalojo de Bildu a cambio del mal menor jeltzale. Podemos no se presenta: Pablo Iglesias entendió que aquí el cupo antisistema lo cubre Bildu. Y con eficacia, porque ocupa las principales instituciones del sistema: la Alcaldía de la capital y la Diputación de Martín Garitano.

Más allá de que Bildu logre o no retener Donostia finalmente, el hecho es que no recibe voto de castigo pese a los fracasos de su gestión. Y éste no es el único premio con que el síndrome de Estocolmo parece distinguir el silencio de las pistolas.

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Anglofilia ya no es hispanofobia

El pu... amo del siglo XX.

El pu… amo del siglo XX.

Confesaré que uno, como anglófilo, ha crecido en la costumbre de pensar que los ingleses son más listos que nosotros. Un hábito algo papanatas, si quieren ustedes, pero fundamentado en hechos aproximadamente irrefutables como el imperio de su idioma, la manía de ganar todas las guerras y la patente del parlamentarismo, con permiso de León. Por eso nos desconcierta comprobar cómo también a los ingleses se les desmorona el bipartidismo centenario, se les rebela el nacionalismo segregador y se les inflama el populismo xenófobo.

Uno pensaba que la Isla se encontraba precisamente aislada de estas circunstancias epocales, de estas decadencias europeas, así como el continente queda incomunicado cada vez que cae la niebla sobre el Canal de la Mancha. Que tan desagradables fenómenos sucedan ya bajo el pabellón de la Union Jack contribuye a rebajar mi admiración; pero que incluso se alcen voces allí, tan amantes de la estabilidad como uno mismo, que empiecen a mirar con simpatía nuestra denostada Ley D’Hondt es algo que deja mis afectos políticos en posición de franco desaire.

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A Berlín por Omaha

Colombia rindió Camas.

Colombia rindió Camas.

Se sabe que estamos en mayo porque Carletto masca sensiblemente más rápido y la mirada de Hierro en el banquillo se torna vidriosa. Tras la tercera pérdida de balón de Ramos en el medio, el locutor sentenció la temeridad del dibujo blanco con una tautología: «Ramos es un gran defensa central…». También Casillas es un gran portero, tanto que las previas se empeñaban en equipararlo a Buffon, pero el italiano paró un dron de Kroos mientras que, a la primera que pudo, Iker se exhibió tembloroso como teta de novicia. Marcelo completaba la generosidad en el dislate con su alegre anarquía Motown, Pepe y Varane se disfrazaban puntualmente de bruja Befana para hacer regalos a los delanteros bianconeros y Carvajal concedía un penalti tan previsible que estaba contado ya por Hermida. Para redondear el guión marcó Morata, a quien en la grada del Bernabéu están reivindicando a toda prisa erigiéndole un pedestal sobre cáscaras de pipa.

Podríamos extendernos sobre la debilidad defensiva del Madrid si su aturdimiento ofensivo no reclamara igualmente nuestra atención. Cuando Cristiano abusa de la finta retórica está delatando la advertencia de Blake: el que desea y no actúa, engendra la peste. Su gol incalculable fue un invento del niño macondiano que es James, cuya zurda es un machete para desbrozar catenaccios y su mente un perpetuo estado de gracia. Pero necesita reparto para montar su obra. Bale tenía bastante con mantener sujeto el gemelo a la pierna mientras corría, y acabó sustituido por Jesé. Y en ausencia del añorado deshollinador francés, Ancelotti se encomendó a Chicharito. No soy capaz de recordar una ocasión, aunque el equipo mantuvo la fe y trabajó la presión en circunstancias francamente hostiles. Ya lo de chutar a puerta es como salir investido en primera votación: no está la cosa para esos lujos.

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Pactarás con Susana

A veces hay que bailar con la más... votada.

A veces hay que bailar con la más… votada.

Si Dios existe más vale que tenga una buena excusa, razonó Woody Allen. Confiamos en que también la tenga el tipo que inventó la democracia, arcana divinidad de nuestro tiempo. Yo no he sido, así que no me miren, pero conozco al menos su funcionamiento teórico: democracia es el gobierno de la representación de la mayoría. Por eso no dejan de sorprenderme esos gruesos titulares que alarman a la población con la terrible posibilidad de «que gobierne la lista más votada». ¡Hasta ahí podíamos llegar!, parecen clamar a cinco columnas. Pero si merece tal énfasis la noticia es porque en España no siempre la democracia ha deparado el gobierno del más votado, escrúpulo aritmético que vino a aliviar la doctrina parda del cordón sanitario, cuya bandera pirata acaba de ondear Garzón el Joven ante Esther Esteban. El cordón sanitario es a la política lo que el tanga a la costura: un argumento nacido a pachas de la desidia y el impudor que persuade a la mente progresista de que el pueblo siempre tiene razón… salvo cuando vota a los fachas del PP, en cuyo caso se equivoca, su mandato no rige y se declara abierta la veda de los frentes, es decir, del chalaneo hasta el paroxismo hexapartito.

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El austericidio de Mayweather

No es tirar, sino dar.

No es tirar, sino dar.

Yo no sé qué esperaba la gente. Seguramente un tabique roto, una ceja partida, qué menos que salpicar un poco el escote de Beyoncé. El tacticismo extremo de la pelea deja un rastro de decepción, cuando no un manifiesto enojo con los jueces, y sin embargo ocurrió lo que el aficionado medio sabía que ocurriría. Si algo ha demostrado el Mayweather-Pacquiao es que el boxeo no es la salvajada que, inconfesablemente, cierto espectador desea de dos hombres semidesnudos desafiándose sobre un ring. Confío en que esta victoria de la prudencia sobre la testosterona contribuya a mejorar la imagen del boxeo en los medios.

Fue, sí, un combate cicatero en que ninguno de los dos púgiles se entregó a fondo ni frisó siquiera la altura de su nombre. También lo sabíamos, pues ambos superaron hace años la edad romántica del suicidio. Más abnegación vimos en el Pizjuán, con esos cabezazos tercos de Cristiano que sujetan la esperanza de la Liga. Sabíamos que en Floyd Mayweather cabe toda modalidad de lo hortera pero ninguna expectativa de brutalidad. El campeón es un boxeador maquiavélico, glacial, austericida incluso: no derrocha muchos más golpes de los que ingresa. Y por eso venció. Las tarjetas no mienten: Pacquiao conectó 81 de 429 golpes, mientras que Money el Invencible acertó 148 de 435 intentos. Superioridad negra en números redondos.

¿Por qué entonces invadió Twitter un clamor de tongo al conocerse el veredicto? Hay un pipero del boxeo que valora ante todo la modestia y la actitud, como aplaudía las carreritas en la presión de un Raúl decadente, y no se puede negar que la iniciativa la llevó Pacman, cuyo combo enloquecido del cuarto asalto actualizó aquel título de demonio tagalo. Floyd lo encajó en las cuerdas, recurrió al paso lateral y siguió a lo suyo, consciente de que cuenta el impacto y no la vistosidad. Incluso arriesgó demasiado a fuerza de no arriesgar, escatimando contras para fastidio del YouTube, y tuvo que aplicarse a partir del séptimo asalto para restablecer la jerarquía. Su estilo arroja así una lección ética de autodominio, una estética de sencillez y hasta una económica de control del déficit. «El plan de todos es venir hacia mí y tirar muchos golpes. No ha funcionado en 19 años», había declarado la víspera. Ahora puede repetirlo con el cinturón de esmeraldas ciñendo su intacta cintura. Una vez más.

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Ignacio González y el último corrillo

Últimas mañanas con González.

Últimas mañanas con González.

La palabra más importante en la vida de un político se conjuga en imperativo, y dice: «Asúmelo». Eso ha hecho Ignacio González, que presidió ayer sus últimos corrillos, por los que distribuyó el resignado alivio del saliente, conjuntado con las sonrisas de despreocupación de Ana Botella. Ya no va con ellos la película del hundimiento, que toca desmentir al tándem rubio formado y mal avenido por Cifuentes y Aguirre.

Las encuestas matutinas sonaban a violines del Titanic invitando al consumo compulsivo de canapés como si no hubiera un mañana. Porque, de hecho, quizá no lo haya. Cifuentes aún puede convertirse en la primera presidenta de la Comunidad de Madrid con una estrella de cinco puntas tatuada en la pantorrilla izquierda, pero lo tiene complicado. Mejor parece tenerlo doña Esperanza, que se hacía fotos con todos pero se casará con Begoña Villacís (Ciudadanos), encaramada a dos tacones como dos acantilados morenos. Pacta o muere, que diría Susana.

En el patio el cronista topa primero, claro, con Antonio Miguel Carmona: un candidato tan ubicuo que le disputa a Chuck Norris la facultad de encestar un triple haciendo un mate. Carmona disimula su tribulación: «El 80% de las encuestas me dan gobierno, pactos mediante; ¿por qué prestar atención a la de El País?». Pero no nos convence.

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