Archivo mensual: junio 2015

La troika meada

Tertulianos en la época buena de Grecia.

Tertulianos en la época buena de Grecia.

Para hablar de Grecia nadie mejor que Platón, que era un tipo de tertuliano algo más riguroso que nosotros. En un pasaje del ‘Gorgias’ nos presenta a su héroe, Sócrates, acusado de corromper a la juventud, es decir, de enseñar a sus alumnos a no comulgar con las ruedas de molino de los sofistas que mandan en la polis. Sócrates sabe que su criticismo es un peligro para la democracia, pero él es más amigo de la verdad que del consenso:

– Me juzgarán como juzgarían unos niños a un médico acusado por un pastelero. ¿Cómo podría defenderse en estas circunstancias el acusado si el acusador se dirigiera a los niños diciéndoles: “Este hombre os ha hecho con frecuencia mucho daño, os somete a tormentos y os tortura, os obliga a beber jarabes amargos, os somete a regímenes estrictos, mientras que yo os preparo las comidas más sabrosas y más variadas”. ¿Cómo podría defenderse un médico en esta situación?

Que la democracia es un tribunal de niños (los votantes) que han de elegir entre un médico (la troika) y un pastelero (Syriza) no lo digo yo, sino el propio Tsipras al convocar este referéndum: aceite de ricino sí o no: elegid, niños. Y qué van a elegir: mucho mejor pasteles que ricino, dónde va a parar.

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Cortesía: reseña de la presentación de La granja humana por un asistente (¡y lector!)

Entrevista (¡a pillar!) en Voz Pópuli por La granja humana

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La Pantoja según Hegel

Dientes, dientes.

Dientes, dientes.

Ningún caso tan instructivo para el estudio político y social de España como el de la reclusa Isabel Pantoja. El Sanedrín de la Deontología Periodística y sus insomnes monaguillos, entrañable colectivo que prefiere purgar el periodismo a practicarlo, arruga el morro cuando lee el nombre Pantoja en periódicos considerados serios. Pero a uno le falta pureza de origen para militar en esa guardia de la noche que defiende el muro de Woodward y Bernstein -mal símil, porque en esa guardia de hecho suelen acabar los bastardos-, así que he analizado el asunto pantojil con toda seriedad. Hasta el punto de destilar en cinco puntos el comportamiento histórico del español medio, según la dialéctica hegeliana.

1) Fulanismo. España es -o era- un país de toreros y flamencas por razones de pura excelencia: el culto al individuo sobresaliente. Esta reverencia es tan antigua como la Ilíada, donde no luchan ejércitos anónimos sino héroes con nombre y habilidades singulares. La cultura mediterránea, que atestiguó la milagrosa excepción de la democracia ateniense -tan efímera-, propende más bien a la búsqueda de suprimus inter pares, sea un espadón decimonónico, sea un padrino de Sicilia. Sea, en el ámbito cuché, una figura del toreo o «la más grande» tonadillera. Sea, y aquí me confieso español, el carisma avasallador de un Mourinho. Algunos sociólogos han bautizado esta pulsión fulanista como psicología nacional del acaudillado, rasgo que explicaría la considerable placidez con que Fernando VII restauró el absolutismo o la envidiable longevidad que permitió a Franco morir en su cama. Por eso Rajoy no conecta con sus gobernados: porque su crédito como caudillo equivale al de Iglesias como gestor equilibrado. Si según Borges el nombre es arquetipo de la cosa, Isabel Pantoja ocupa ella sola todo un encaste de la raza, y sus rendidos admiradores morirán con ella.

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Cortesías: (atinada) reseña de La granja humana en Letras Libres

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La naranja mecánica

Una mano a la izquierda y otra a la derecha.

Una mano a la izquierda y otra a la derecha.

Y la bisagra naranja se puso a girar a presunta izquierda (Susana Díaz) y a presunta derecha (Cristina Cifuentes) como gozne bien engrasado, cuando hasta hace poco chirriaba ruidosamente. Era un chirrido como de grillo puritano: “¿Cómo vamos a pactar con dos partidos que han amparado cotas inasumibles de corrupción?”, preguntaba retóricamente Albert Rivera en las entrevistas, mientras no dejaba de negociar con el bipartidismo, como es su deber. Solo el que negocia puede poner condiciones.

¿Cuál es la razón de este desbloqueo que bisagras añejas como el PNV prefieren llamar, por puros celos, «ritos de apareamiento»? Nos gustaría creer que el sentido de responsabilidad para propiciar la gobernación estable, y no dudo de que algo de eso hay; pero me temo que el catalizador, como siempre, ha sido la demoscopia, que empezaba a reflejar el desgaste de la marca Ciudadanos a causa de su terca indefinición. Y lo que es peor: apuntaban un reflujo de votos hacia el PP, de donde salieron. C’s no debe engañarse sobre el origen de su base electoral, en su mayoría voto pepero cabreado con el marianismo, pero tampoco debe aceptar el papel de sucedáneo: su utilidad política es la transversalidad más estricta al servicio de la regeneración, la unidad nacional (de aquí su veto a Compromís) y el reformismo institucional. Dar la llave a Díaz tras requerirle por escrito un compromiso de limpieza es tan coherente, para los de Rivera, como apoyar a Cifuentes una vez expurgada su lista de púnicos y gürteles. O de sospechosos de serlo.

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Rousseau en bicicleta

Una alcaldesa y su herramienta.

Una alcaldesa y su herramienta.

De la ciudad de más de un millón de cadáveres que era Madrid para el insomne Dámaso quiere hacer Carmena la capital del abrazo, y el cardenal Osoro la ciudad de la esperanza (ya que no de la Esperanza). Que los poetas y los curas hagan metáforas le parece a uno saludable, porque trafican con bienes espirituales; pero que versifiquen las alcaldesas, que manejan dinero público, ya me inquieta más. Cuando oiga a sus representantes vendiendo decencia e ilusión como reverendos de western, puede usted llevarse la mano a la cartera.

A no ser, claro, que Carmena no hable figuradamente sino que pretenda crear un cuerpo municipal de abrazadores roussonianos que vayan palmeando lomos por la Gran Vía y frotando chepas en Azca para aliviar el estrés de los ejecutivos. Este nuevo funcionariado del consuelo se regiría por objetivos, como los munipas con las multas de aparcamiento, de modo que en un mismo día el madrileño experimente el fastidio por la exacción de 100 machacantes en concepto de estacionamiento indebido y el gozo de un abrazo reparador, impartido por un profesional cualificado. Yin y yang.

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Tres nuevas cortesías por ‘La granja humana’

A íñigo también le ha gustado. ¡Viva Eurovisión!

A íñigo también le ha gustado. ¡Viva Eurovisión!

[Enlazo a continuación dos reseñas digitales y una entrevista a raíz de La granja humana, que está sacudiendo el mercado editorial e intelectual de Occidente, según todos los indicios]

UN ENSAYISTA NADA COMPLACIENTE

“Vivimos en una sociedad adocenada y gregaria que estabula a sus individuos en una granja de pensamiento cada vez más uniforme, de forma que cada cual se vuelve indistinguible del vecino y ninguno vive mejor”, afirma en el prólogo, a modo de declaración de intenciones, Bustos quien se propone precisamente convocar una reflexión, a momentos polémica –sin caer, eso sí, nunca en el insustancial épate le bourgeios– e incómoda –¿acaso la literatura y la ensayística no deben sacudir y molestar al lector?– acerca del presente socio-político-cultural sin proponer –y aquí reside el principal valor de la obra– una única conclusión. Jorge Bustos huye de la verdad única de la misma forma que Derrida huía, aunque con menos éxito, de la metafísica: Bustos se encuadra en la filosofía dialéctica post-adorniana, aunque rehúye absolutamente del relativisimo que una determinada lectura, no siempre la más correcta, de la postmodernidad ha querido promover. En este sentido, Jorge Bustos se opone a la denominada muerte de los grandes relatos anunciada por Lyotard, para reafirmar su validez y su actualidad.

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LA GRANJA HUMANA DE JORGE BUSTOS

El libro recién publicado por Ariel bajo el título de La granja humana, es ingenioso y mordaz, fruto de la hábil mezcla de una selección de fábulas clásicas pasadas por el tamiz de la actualidad. Breves artículos de rabiosa actualidad que diseccionan asuntos universales con bisturíes coyunturales.

Como ópera prima se ha puesto Bustos el listón literario muy alto. No estamos ante el típico libro periodístico pero, aunque quedará desfasado en pocos años, por el simple correr del tiempo y la (esperada) jubilación de los políticos retratados, deja un trabajo original y muy bien escrito, que a nadie dejará indiferente y que quedará como testimonio de un tiempo convulso que nos toca vivir y del que Bustos es un perspicaz analista.

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Entrevista en Es Radio, domingo 21 de junio, a partir del 27:10

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Tres cortesías por ‘La granja humana’

Gallardón y Pombo, con el autor disfrutando en el medio.

Gallardón y Pombo, con el autor disfrutando en el medio.

[Reproduzco aquí tres reacciones a la presentación de mi libro, La granja humana, ayer en la librería Cervantes y Cía de Malasaña. La primera es la esmerada reseña del acto publicado por mi compañera Lorena G. Maldonado en El Mundo hoy. La segunda es el teletipo de Europa Press recogida por La Voz de Galicia, lo que no deja de ser un capricho exótico. Y la tercera es el encuentro digital mantenido esta mañana con los lectores de elmundo.es. Todo lo cual configura una jornada literalmente inolvidable]

CUANDO ESOPO ENCONTRÓ A RAJOY

Jorge Bustos es literariamente arisco y no se autocensura: observa el mundo con un ojo de tigre viejo y otro de filósofo ilustrado, se despeina con intención y se asume incómodo pero cierto. Como Twain, cuando se ve del lado de la mayoría, hace una pausa para reflexionar, y de esas cavilaciones vinieron estas fábulas. Ayer presentó su primer libro, La granja humana, en la librería Cervantes de calle Pez, acompañado del escritor Álvaro Pombo y de Alberto Ruiz-Gallardón [“ex político, por favor; político es incorrecto”, matizó al comienzo de su intervención, con guasa]. Era aquello una asamblea de hombres insurgentes [cada uno, arriesgado en su estilo] que charlaba con la licencia de haber renunciado a aceptar la política [y la vida] como un monolito de doctrina pacífica.

En la granja, Bustos se agarra al “género didáctico” de la fábula [como dice Álvaro Pombo] desde Esopo a Monterroso pasando por La Fontaine y Kafka, para pincharle al mundo moderno y ver qué es lo que le sangra. Aguirre reencarnada en raposa, Rajoy en puerco, Iglesias en león y, al final, todos [no se escape nadie] en la versión más franca y primitiva de nosotros mismos. Una transformación animal, eso sí, sin imprudencias: “La obra de Bustos es reflexiva. Si pensar ya es difícil, hacer pensar a los demás… casi imposible”, esboza Pombo. “Él va más allá. Consigue que el lector repiense. Ésta debe ser la tarea cotidiana del mejor periodismo, del inteligente, del afilado”.

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ALBERTO RUIZ-GALLARDÓN: “YA NO SOY POLÍTICO, NI VOLVERÉ A SERLO”

El exministro de Justicia Alberto Ruiz-Gallardón ha señalado este jueves que no quieren que le definan como político porque ya no lo es, ha dicho, ni volverá a serlo y ha reconocido que los políticos han «decepcionado» a todos aquellos que confiaron en ellos.

«Ya no soy político, ni volveré a serlo», ha apuntado Ruiz-Gallardón a raíz de una semblanza de su figura por parte de la editorial Ariel -que le definía como tal- en la presentación del libro La Granja Humana. Fábulas para el siglo XXI, del periodista y escritor Jorge Bustos. También, ha apuntado que los políticos han hecho «las cosas tan mal» que han «transitado en un mundo» en el que han «decepcionado» a quien confió en ellos.

Asimismo, durante la tertulia que ha mantenido Ruiz-Gallardón con el autor del libro y el escritor Álvaro Pombo, se ha preguntado si los políticos deben decir lo que piensan o aquello que les va a «mantener» en el poder. Ante esta reflexión, ha alabado que Bustos haya sido «hipercrítico» en su libro al hacer un repaso de la actualidad «como si fuera un dibujante», ya que los lectores son capaces de reconocer a los personajes.

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ENCUENTRO DIGITAL CON JORGE BUSTOS

1. Hola, ¿se irá Casillas del Madrid?

Se irá algún día, claro. Todos vamos a morir, aunque reconozco que su caso suscite dudas teológicas, no siendo un portero de fútbol sino un santo posmoderno. ¿Cuándo se irá? Pide demasiado dinero para irse este año. Su otra opción es el banquillo, parece.

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‘Omnia sunt communia’

Fieles en misa.

Fieles en misa.

Al decir de un concejal en aquella corporación, el hombre Tierno Galván estaba a bastantes millas de su leyenda, por mucho que firmara como el Viejo Profesor y publicara bandos de prosa culterana. «No sé quién se los escribiría, pero él era bastante limitado», me informa quien allí estuvo. Y ya es lástima, porque a mí siempre me apeteció creer aquella anécdota que nos lo presenta entendiéndose con Juan Pablo II en perfecto latín del Capitolio. En realidad la catilinaria se limitó a una fórmula macarrónica de bienvenida que impresionó mucho a los plumillas de entonces. ¿Y no será impresionante ver a Manuela Carmena, aureolada de tiernogalvanismo por los plumillas de hoy, recibiendo al Papa Francisco con Pablo Iglesias de orgulloso chambelán?

La imagen de nuestro nazareno laico impostando quizá acento suramericano con el Papa de los pobres no solo rubricará su ascenso al último peldaño de la casta -la casta divina: el cielo literalmente asaltado-, sino que además rebajará al Pontífice a una posición humana, demasiado humana. Un paso hacia esa ecuménica convergencia, y que Dios me perdone, parece haberlo dado Francisco con su encíclica ecológica, donde entre otras cosas afirma que la propiedad privada debe ceder ante el bien común.

Como todo lo que dice este Papa, sólo formalmente revolucionario, esa máxima no es que no sea novedosa: es que arraiga en la más pura ortodoxia de la Iglesia, que nunca abrazó sin más el capitalismo. Cuando Errejón, tierno y Tierno, cita el «omnia sunt communia», en realidad musita una jaculatoria de Tomás de Aquino que va precedida por la cautelosa locución in extrema necessitate: «En extrema necesidad, todo es de todos». En los Hechos de los Apóstoles se nos informa de que los primeros cristianos ponían todos sus bienes en común. Y Pedro -primer Papa- se tomaba el reparto muy en serio: el matrimonio calculador que se reserva un margen de la venta de su finca cae fulminado a los pies del apóstol tras confesar el engaño. En la Biblia el fraude fiscal se penaba sin melindres jurídicos. Los romanos asaron a San Lorenzo, tesorero de la Iglesia primitiva, por repartir los fondos entre los pobres.

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Larga ¡y enjundiosa! entrevista en Telemadrid por La granja humana (a partir del 2:18:40), con extra de tertulia política de regalo (a partir del 1:20:10)

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Don Mariano el Afásico

Qué queréis que os diga.

Qué queréis que os diga.

Don Mariano, como cualquier artista de vanguardia, es un hombre que encuentra un extraño placer en frustrar el horizonte de expectativas de su público. Da igual que su público lo formen periodistas, políticos, comentaristas de bar o contribuyentes del común. Si la sociedad de la información es una conversación perpetua que se nutre de la novedad, Rajoy es un heraldo de edades analógicas empeñado en desmoralizar a quienes viven de dar noticias y a quienes pagan por recibirlas. O no pagan pero las consumen igual. Si de él dependiera, informaría de las crisis de Gobierno por la noche y mandando cuervos desde su Invernalia monclovita. Otros, más adelantados tecnológicamente, enviaban motoristas.

La revolución política de Mariano Rajoy -y así se lo reconocerán los libros de historia- no es la que ha desatado contra el déficit, sino contra la charleta de sobremesa. De acuerdo, no parece una empresa demasiado ambiciosa, pero a juzgar por la desesperación que en estos días de cambio rumoreado se apodera de las enfebrecidas redacciones, hay que reconocer que su éxito es incontestable. Rajoy no solo no cambia de ministros salvo que se los mate un dron, sino que cuando pierde dos millones y medio de votos y alguien le traduce el mensaje -porque al parecer necesita que se lo traduzcan-, todavía musita la necesidad de un relevo a regañadientes por tener que violentar su estatismo estructural. ¿Qué durará más tiempo quieto, Rajoy o la Torre de Hércules? Una vez le preguntaron a Bill Shankly por la alineación que sacaría su equipo, el Liverpool, en la Copa de Europa.

-¿Qué alineación voy a sacar? No voy a revelar un secreto como ese al Milan. Si por mí fuera, procuraría que no se enterase ni de la hora del partido.

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