Archivo mensual: julio 2015

La grulla atómica

La mano del hombre enturbiando el esplendor del girasol manchego.

La mano del hombre enturbiando el esplendor del campo de girasol manchego.

Todo el mundo sabe que la energía nuclear es de derechas, como los toros, el petróleo y los ministerios de defensa. Así que a nadie le puede extrañar que la ola de ternurismo roussoniano que bate España se proponga devolver al contribuyente al estado de naturaleza, edén previo a la explotación capitalista en la teología de Marx. Y aunque don Page no da la cara de un Rousseau, sino más bien de Sancho Panza en su Barataria, ha decidido ampliar el paraíso de la grulla en 24.000 hectáreas, con la correspondiente sorpresa de los vecinos, quienes no sospechaban que llevaban toda la vida habitando semejante vergel. Mediaset ya se plantea rodar el próximo Supervivientes en Villar de Cañas.

Se ventila aquí una derivada graciosamente literal del adanismo de la izquierda, que ya no sólo cree haber venido a estrenar una democracia sino un ecosistema completo.

– ¡Pero si todo el pueblo quiere el ATC!, se desespera el alcalde, que sería el primer mutante en caso de accidente.

Calle, hombre, no se ponga escrupuloso. ¿Qué puede importar la democracia cuando se trata de salvar el planeta? La democracia es fetén cuando se ejerce en la plaza Sintagma, pero cuando se ejerce en Villar de Cañas es un puto engorro. Vas a comparar un poblachón manchego -éste sí- con el romántico glamour de la Acrópolis.

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31 julio, 2015 · 13:09

Alcaldes de Altamira

Sima de los Huesos.

Ascensor evolutivo de la especie detenido.

Enternece que se les llame nueva izquierda cuando sus primeros dos meses de poder los retrotrae aproximadamente al estadio magdaleniense de la evolución, cuando nos empoderábamos pintando bisontes en el techo de Altamira. Y no nos referimos ahora a lo rupestre de su indumentaria (aunque al parecer Kichi se ha comprado ya su primer traje, y no sé por qué el Ibex no ha repuntado de gozo celebrándolo), ni al escaso refinamiento de su protocolo y dicción, ni a que se muevan en bici, lo que no deja de ser un alarde tecnológico respecto de la mula; sino al hecho entrañable de que los Kichi, Colau, Carmena, Ferreiro o Ribó se empeñen en gobernar en un plano puramente simbólico, altamirano, infantil. Una cabecita real en una caja, un consistorio que abre su balcón al pueblo, unas pellas traviesas en la misa del patrón, un callejero por renombrar.

Si la derecha descuida o ignora el principio empático del genuino liderazgo, nuestro populismo zurdo sustituye directamente la gestión por el gesto, el futuro por la nostalgia, la representación por el revanchismo y -pronto- el equilibrio presupuestario por el regadío ideológico. Programa este compartido por Artur Mas, en quien el chamán enajenado se ha impuesto al tecnócrata resentido de un modo ya irreversible. Que su lista de país integre a burgueses acomplejados y a antisistema con ambición en un mismo delirio identitario no puede escandalizar a Duran: nacionalismo y populismo casan tan dulcemente como tres por ciento y concejal de CiU.

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Cortesía de Arcadi Espada

Cortesía de un lector de La granja humana

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De la pata de Filipo

Filipo, un Millán-Astray con más astucia.

Filipo, un Millán-Astray con más astucia.

Todos los veranos, con la terca frecuencia con que gotea una estalactita, don Arsuaga y sus sabuesos encuentran un fragmento de rótula o una esquirla de omoplato o un escafoides simiesco que nos sirve, ya que no para salar la sopa, al menos para animar el debate sobre nuestros orígenes. Pero el descubrimiento de este año ha sido francamente fenomenal: nada menos que la rodilla alanceada de Filipo de Macedonia. A uno le parece que esta noticia no ha gozado del eco que merece, y sobre todo que no ha ocupado la sección adecuada, que no es la de Cultura sino la de Política. Quizá el público esté ya tan habituado al éxito rastreador de don Arsuaga que no repara en las lecciones politológicas que pueden extraerse de este hallazgo.

Filipo fue el hombre providencial que liquidó la democracia ateniense, sistema de gobierno que no reaparecería sobre la faz de la tierra hasta veinte siglos después cuando Jefferson, Tocqueville y Washington, todos ellos ídolos intelectuales de Artur Mas. Para liquidar la democracia el caudillo macedonio contó con la inestimable colaboración de las propias polis griegas, sumidas en luchas de clase y pugnas coloniales para desesperación de Demóstenes, que se desgañitaba avisando de que si Filipo no les encontraba unidos cuando sus temibles falanges (una muralla de infantería formada por 16 filas de soldados y flanqueada por escuadrones de caballería, que aplanaba literalmente al adversario) entraran por la puerta, su preciada libertad saldría por la ventana.

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Reseña de La granja humana para el boletín de Liberías Troa

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Iker Casillas de todos los santos

Milagro, y Novena.

Milagro, y Novena.

Para explicar por qué el portero más importante de la historia de España y uno de los mitos más indiscutibles del madridismo no se va bajo el agradecimiento unánime de su afición, sino sobre la cumbre ardiente de nuestro cainismo, habría que escribir un largo ensayo de sociología hispánica, con calas en Larra, Goya, Machado, Unamuno y Puerto Hurraco. No tenemos tiempo ni ganas de hacer eso aquí, pero daremos algunas notas en la esperanza de aclarar el enigma que hace de Iker Casillas a un tiempo héroe y villano, ángel y demonio, santo y topo en extremos de pasión irreconciliable. En la hora histórica de su adiós, tras 25 años en el club que lo formó y que atestiguó sus semanales milagros -también su caída de Ícaro con guantes-, la opinión pública ha de escoger entre la elegancia de recordar solo sus años de gloria (inolvidables hasta para sus detractores más amargados) y la justicia de deplorar su decadencia final (inocultable aun para sus turiferarios más piadosos).

Siendo esta una nación discutida y discutible, ¿no iba a serlo el futbolista que mejor la ha encarnado? Que las grandes leyendas del Real Madrid se han ido mal del mejor club del mundo es conocido, de Di Stéfano a Raúl pasando por estrellas menos emblemáticas pero tan históricas ya como Figo o Xabi Alonso. Irse bien del Madrid es una vulgaridad solo al alcance de los mediocres. Del Madrid, como del paraíso, hay que irse liándola parda como hicieron Adán y Eva, porque para eso es el paraíso y porque afuera esperan los partos con dolor y el jornal ganado con el sudor de la frente. O bien el puro tedio. Que se lo digan a Di María y Özil, cuyos nombres en su día también municionaron las habituales cargas de fusilería antiflorentinista y hoy vagan errantes como sombras de contrición. Que el Madrid será un carajal, pero un carajal galáctico, y fuera de él se ve crecer la hierba y pasar las plantas rodadoras, como bien sabe cualquier periodista deportivo. Precisamente porque se va como se va, Casillas es sin duda uno de los más grandes de la historia blanca.

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El que quiera peces

McLuhan: la cita es el mensaje.

McLuhan: la cita es el mensaje.

De McLuhan suele citarse su manida confusión entre medios y mensajes, pero hay otra sentencia suya que me parece más certera: “No sabemos quién inventó el agua, pero desde luego no fue un pez”. En efecto, el pez no sabe lo que es el agua porque siempre ha vivido en ella y no concibe otra forma de vida que no sea acuática. Al que está inmerso en un determinado elemento, quiere decir McLuhan, le resulta imposible pensar sobre él. Pensar lo suficiente como para definir su alcance, descubrir sus carencias, idear su mejora. Todo descubrimiento requiere una cierta dosis de excentricidad, por eso los genios suelen ser gente rarita para el resto de la especie. Y por eso el instante de lucidez genial -el eureka del inventor- suele detonarlo un fenómeno externo que los saca violentamente de su medio: una manzana en el caso de Newton o la visión de su propio cuerpo bañándose en el de Arquímedes.

Con la democracia sucede quizá lo mismo que con el agua. A los ciudadanos que han nacido y nadado en ella desde siempre les cuesta imaginar que ese régimen -perfectible- de derechos y libertades no sea obvio, y que incluso pueda evaporarse, del mismo modo que el pez no puede imaginar el desierto. Y sin embargo el precio de la democracia, como el de la libertad, es la eterna vigilancia. Porque expuesta a determinados agentes climáticos, la democracia también se seca.

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Paradoja de la playa virgen

Playa virgen. O Benidorm, tanto da.

Playa virgen. O Benidorm, tanto da.

A usted le gustarán sin duda las playas vírgenes. Lo virgen gusta en general por alguna razón que se me escapa y que seguramente tiene que ver con lo atávico, algo como el platonismo de un mono sucio que en todo caso no renunciaba a la pureza. A la caverna platónica de nuestro tiempo la llamamos publicidad, una de cuyos sectores más activos es el que se ocupa del veraneo, cuyo marco fetén será siempre la playa virgen. Todo lo que no sea perderse por un arenal impoluto y despoblado es como quedarse en Madrid. Si usted no exhibe ‘selfie’ en playa virgen este verano, es usted un ‘lúser’. Y lo sabe.

Y sin embargo la virginidad resulta poco práctica para muchas cosas, que ahora no detallaré. Lo virgen es complicado, improbable, sospechoso. Pero, sobre todo, lo virgen no es virgen. Tuve una vez un jefe que, para deslizar sutilmente la afición a la sodomía -real o metafórica- de un político que le caía mal, solía decir: «Ese tiene el culo más visitado que la Casa de la Pradera». Pues bien: no hay nada más visitado que una playa virgen. Su reclamo es tan poderoso que nadie desea quedarse sin pisar una playa virgen, desvirgada desde el mismo momento en que la poseen los turistas ávidos de virginidad. Uno, que aún no es insensible a la presión publicitaria, ha visitado algunas playas vírgenes muy recomendadas y nunca encontró tantos problemas para clavar su sombrilla. Edenes atestados, las playas vírgenes son como la discreción, que se desvirtúa en cuanto la detectan.

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Cortesía: José María Marco habla de La granja humana en un vídeo de Libertad Digital.

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