La implacable normalidad de Andreas Lubitz

Un hombre "normal".

Un hombre “normal”.

Así que ya pasó seis meses de baja por depresión en 2008, le había dejado su novia de siete años -lo que no nos extraña- y se medicaba para combatir el bajón. Con estos datos parece que la bruma que celaba el misterio mental de Andreas Lubitz se aclara significativamente. Pero lo cierto es que no. Que en absoluto.

El periodismo responde a la demanda curiosa de la gente, y más que la mera curiosidad o el morbo mediático, en este caso interviene casi una sed metafísica, un hondo deseo de conocer por qué. Y cuando parecía que habíamos topado con un abismo, con una pulsión al fin impenetrable a la lógica -la yihad es irracional, pero entendemos sus premodernas motivaciones-, acuden la biografía sentimental y la farmacopea psíquica en nuestro auxilio. Ruptura, depresión, suicidio. Un relato por fin canónico para calmar perplejos.

Pero no. El misterio de Lubitz permanece incólume. A todos nos dejan, todos nos deprimimos, tampoco es precisamente extraordinario pedir una baja por razones anímicas. Pero no todos nos llevamos a 149 humanos con nosotros porque ella se fue y nos escuece el corazoncito, carajo. De hecho, solo lo han hecho otros cuatro pilotos comerciales en toda la historia. Esta clase avería psicológica es tan excepcional que resistirá todas las explicaciones científicas, y la psicología nunca puede aspirar al estatuto de infalibilidad de la física.

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1 comentario

Archivado bajo El Mundo

Una respuesta a “La implacable normalidad de Andreas Lubitz

  1. Cristian

    No puedo estar más de acuerdo con el contenido de este artículo.
    Comparto el hondo deseo de conocer un por qué, entender qué ha podido pasar por la mente de este individuo para cometer semejante salvajada, que en la mente de las personas “normales” no puede llegar a encajar. Todos podemos llegar a comprender que cualquier persona pueda perder los nervios en un momento determinado, e incluso que una situación se le pueda ir a uno de las manos y terminar recurriendo a la violencia física, que en absoluto justifico, pero sí que alcanza a nuestra comprensión que estas cosas puedan llegar a suceder en un momento de máxima tensión. Incluso, y aún siendo una solución a mi modo de ver extremadamente cobarde, podemos llegar a meternos en la piel de un suicida y llegar a comprender que a una persona se le haga todo tan cuesta arriba que llegue un momento en el que decida terminar con su vida. Pero en nuestra mente “normal” no encaja lo que ha ocurrido… no podemos entender que una persona decida terminar con su vida llevándose a otras 149 personas con él. Hay algo en nuestro cerebro que nos dice que esto no puede ocurrir.. y aún haciendo un esfuerzo sobre-humano para tratar de entender lo que le pudo llegar a pasar por la cabeza, seguimos sin comprenderlo.
    La única explicación que le encuentro es que en realidad no era un suicida, era un psicópata con una absoluta falta de empatía hacia el resto de los seres humanos y al que directamente le daban igual las vidas de las personas que llevaba detrás. Es la única explicación que mi mente le encuentra a este comportamiento tan anormal.
    Si hay un único punto en el que discreparía es en el tema de exigir unos controles más estrictos en la selección y seguimiento de cualquier persona que pueda llegar a estar a los mandos de un avión, y es que aún asumiendo que nunca serán infalibles, sí que creo que en este caso, y por lo que vamos sabiendo, estos controles fueron inexistentes.

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