Archivo mensual: febrero 2015

Otro mal año para la lírica

La musa descendiendo sobre el poeta.

La musa descendiendo sobre el poeta.

A nadie puede extrañar que Podemos elija preferentemente el Círculo de Bellas Artes para dar sus mítines, porque Podemos es un partido de poetas. No es sólo que sustituyan la consigna por el verso y el politiqués funcionarial por el énfasis declamatorio: en todo populismo la poesía deja de ser un vehículo formal, puro márketing electorero, para usurpar la función misma de programa. Poesía viene del verbo griego «poiein», que no significa decir, sino hacer. El poeta genuino es un creador en el sentido demiúrgico de la palabra: confiere una nueva existencia mental a las cosas al nombrarlas. Su balbuciente misión consiste en tratar de mentar las cosas por primera vez, como las vio el último mono en el alba del mundo o como las ve el niño en el amanecer de la vida. Por eso el primer poeta fue Adán, al que Yahvé encomendó la misión de poner nombre a la Creación, y por eso pedía Juan Ramón Jiménez a la inteligencia que le diera el nombre exacto de las cosas. Y así, la buena literatura es aquella que trata problemas eternos como nadie los trató antes.

El poético adanismo de Podemos se constata en su deliciosa ingenuidad cuando aborda la prosa de lo real, la grisura de la estadística y la aridez de la economía. Tsipras, otro poeta griego, ya está de vuelta a su Ítaca particular, llamada deuda. Sin llegar al patetismo lírico de Monedero, ese gondolero del Orinoco chavista -no por casualidad su campo semántico predilecto es… la liquidez-, Pablo Iglesias revela su vocación de poeta del pueblo más que de político en su obsesión por renombrar conceptos viejísimos que él se empeña en descubrir. Así, redefine con alguna originalidad nociones como patria («patria es la gente de mi país»), rico («rico es el que, a través de ingeniería financiera, no paga impuestos») y hasta oposición («yo»). Y podríamos atribuirle una nueva acepción de democracia: «televisión». En el Círculo de Bellas Artes también afirmó que «amar a tu país es tributar en tu país», exactitud que solo puedo aplaudir; claro que no es suya.

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El traje desconocido del emperador

El primer emperador chino: Qin Xi Huang.

El primer emperador chino: Qin Xi Huang.

El emperador chino hizo llamar a su primer ministro y le preguntó:

-¿Por qué mi pueblo no me teme, si es fama que imparto justicia con firmeza y mando ejecutar a todo el que atenta contra el imperio?

-Muy sencillo, Señor: porque todos esos hombres a los que Su Majestad ejecuta son culpables; el pueblo no le temerá de veras hasta que empieza a ejecutar a inocentes.

El emperador chino se quedó pensativo y al día siguiente mandó ejecutar a su primer ministro.

La política democrática también se llena de emperadores chinos en año electoral. Pedro Sánchez mandó recientemente ejecutar a un inocente mientras no se demuestre lo contrario: Tomás Gómez, Y ayer Mariano Rajoy, en el momento parlamentario más dulce de su mandato como ha señalado Lucía Méndez, decidió comportarse como un emperador chino y no como el presidente frío y resistente -mineral- al que nos tiene acostumbrados. Henchido de orgullo por su rendición de cuentas tras tres años abrasivos (y solo un sectario no admitirá el hecho mensurable de la recuperación económica), no supo vencer como siempre ha hecho, dejando al opositor cocerse en su pasión, sino que permitió que aflorara un cesarismo volcánico, totalmente desconocido en él. En los pasillos los diputados populares llevaban pintada en el rostro la mueca horrorizada del que ha presenciado una aparición, como esas fotografías borrosas que han captado definitivamente al monstruo del Lago Ness.

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Rajoy en escala de Richter

Mariano desencadenado.

Mariano desencadenado.

La expectación generada se medía por metros de cola en el control de acreditaciones del Congreso al filo del mediodía. Periodistas habituales, reporteros de acentos exóticos, becarios ilusos, venerables oráculos de la Santa Transición que no sólo oyeron silbar las balas de Tejero sino que estaban allí cuando lo de Prim. Cada año se incurre en el mismo conmovedor interés y cada año se sale de allí de anochecida echando pestes del patio parlamentario. Que no íbamos a ver un Disraeli-Gladstone se sabía al entrar, compañeros.

De acuerdo, este año era especial. Por primera vez no se invitaba al líder de la oposición, que se recuperaba de una agotadora entrevista en Telecinco, y al mismo tiempo tampoco compareció el presidente del Gobierno, que flotaba en una burbuja de euforia europeísta: este síndrome normalmente se manifiesta en los segundos mandatos. En su lugar, Moncloa envió a un doble bastante conseguido en el discurso pero con fallas emocionales que se revelaron en la réplica. El Pleno se presentaba como el colapso en tiempo real del bipartidismo; luego todo quedó en temblor albaceteño, aunque de suficiente graduación como para hacer perder los papeles a Rajoy, cosa que no se ve todas las glaciaciones.

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¿Y esto cómo lo vendemos?

Tsipras pensando eslóganes.

Tsipras pensando eslóganes.

Al reportero que accede por primera vez a los santuarios del poder -es decir, al off the record- le sorprende la vigencia de una ley no escrita, amurallada por una escrupulosa omertà. Esta primera ley de la política, suscrita por izquierdas, derechas o mitólogos de aldea se enuncia con sencillez: nunca olvides que la gente es imbécil. La gente es carne ambulante que emite votos cada cuatro años. El pueblo al que se dice defender y representar tragará lo que le eches mientras le rindas el tributo de empatía retórica que impone la telecracia emocional de nuestro tiempo.

Si usted ha trabajado alguna vez en un gabinete o tiene un cuñado que fue jefe de prensa de un diputado, sabrá que la primera pregunta que hace un político después de tomar la típica decisión contraria a su compromiso es: ¿y esto cómo lo vendemos? ¿Cómo vende Tsipras su epifánico encontronazo con la realidad, su peculiar paso del mito soberano al logos de la deuda? Pues invoca la ley de la imbecilidad general y Europa acude en su ayuda: donde había odiosa troika dígase asépticas “instituciones europeas”, lo que permite vender en Atenas como victoria nacional un zafio birlibirloque nominalista. La variable Ockham o la ecuación Lampedusa, cabría titular este eterno best-seller: para que todo siga como está, es preciso que el nombre cambie.

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National Geographic

Rivera, rival a batir.

Rivera, rival a batir.

Para los que amamos la naturaleza hay pocos espectáculos tan conmovedores como la inteligencia letal de la hiena o el cainismo de un partido español cuando se aproximan elecciones. Hay quien está enganchado a un reality y por un rubor anacrónico todavía declara que ve documentales de La 2; a mí me pasa al contrario, perdonadme, y me fascina la humanidad de los animales como a otros la animalidad de los humanos. Bien es verdad que me aburren los procesos de celo y cópula, demasiado similares a una noche estándar en la calle Huertas como para despertar mi interés, pero me excitan inconfesablemente las cacerías protagonizadas por grandes mamíferos o por insidiosos reptiles, de cuya sofisticación Ferraz o Génova, pese a sus progresos, aún tienen mucho que aprender.

El hecho de que el PP haya puesto en circulación un argumentario para tratar de destruir la imagen ascendente de Albert Rivera me recuerda a cierta especie de araña que segrega al nacer una droga destinada a atontar a la madre, la cual de otro modo no podría soportar la tentación de devorar a sus propias crías recién nacidas. La naturaleza regala por millones estos ejemplos de atrocidad ilimitada que deberían hacer recapacitar no ya a los veganos, sino a todos los que añoran purezas roussonianas desde el confort de la urbe; pero hay que reconocer que un documental ofrece pautas muy útiles al análisis político. En cierto modo, el auge de Ciudadanos nace del marianismo como el de Podemos del rubalcabismo: fenómenos que eclosionan en las telarañas de la vieja alternancia por pura reacción social. ¿Habrán alcanzado ya las nuevas criaturas un desarrollo autónomo suficiente como para evitar que el sistema los engulla? Todo apunta a que sí, y de ahí el argumentario segregado desde el nido a modo de ácido reputacional.

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Cortesía de David Gistau, pregunta 27.

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De aldeanas y ninfas

Pepe rules.

Pepe rules.

A Zola no le disgustaban los paisajes de Corot, pero opinaba que mejorarían definitivamente si el pintor “se decidiese a matar las ninfas con las que puebla sus bosques y las sustituyese por campesinas”. Como los cuadros de Corot, las alineaciones de Ancelotti a veces parecen parnasillos tardorrománticos en los que echamos a faltar naturalismo. Y lo más parecido que tenemos en la plantilla a una ruda aldeana es Pepe. Usted alinea a Pepe y el lienzo mejora automáticamente. La defensa se adelanta, las líneas se juntan algo más, los alemanes altos del Schalke se achican y se meten como enanitos en la mina, ay bo, ay bo.

Qué tranquilidad para el madridista ver de nuevo a Pepe izando atrás la bandera pirata, cantando alegre en la popa, por su bravura el temido. Pepe imanta el peligro como un agujero negro, y el peligro desaparece en su interior. En este sentido se trata de un central cósmico, a cuyo lado se expanden Varane o Ramos al tiempo que se contraen los delanteros rivales. Ayer robó bruscamente, cortó con delicadeza, cambió el juego, se anticipó de codos, derribó a Boateng con su célebre golpe de cadera y fue retribuido con un codazo que descubrió al fin la utilidad del fucsia en una camiseta: disimular la sangre el tiempo justo para que el árbitro no estropee la salida de balón de tu equipo.

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El Rh de ‘Txitxirivitxe’

Estética de un asesino.

Estética de un asesino.

Claro que dónde mejor va a estar José Ignacio de Juana Chaos que en un país que entierra a 25.000 asesinados al año, si los entierra. EL MUNDO localizó ayer al serial killer vascongado en la venezolana aldea de Chichiriviche -¿Txitxirivitxe?-, y sus fotografías atestiguan una fusión tan coherente con el paisaje moral chavista como la niebla londinense evoca la silueta del Destripador. El miserable comercio que regenta, el eterno rictus de alma condenada, las impunes manos en los bolsillos, el vientre convexo que fue cóncavo cuando el preso no quería comer, pues haber penado 1,3 años por cada homicidio se le antojaba suficiente penitencia. En pocas fisonomías como la del carnicero guipuzcoano resulta tan tentador asociar la estética a la ética: esas bermudas, esas canillas cerúleas, esa jeta de patíbulo dibujan una apostura rigurosamente digna del canon gudari que considera épico descabezar a niñas con Goma 2.

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Cómo no te voy a querer

Galán meridional madridista.

Galán meridional madridista.

Nunca entendí el éxito de aquella definición boba que se daba del amor en Love Story: no tener que decir nunca lo siento. No, hombre, no: el amor, precisamente, consiste en tener que decir lo siento una y otra vez. Tan es así que el madridismo prueba su condición de amor global pidiendo perdón todas las semanas por razones variopintas: por ganar al contragolpe y por ganar al toque, por celebrar cumpleaños y por contratar a entrenadores que exigen contención con los polvorones navideños, por meterle ocho al Depor y por meterle solo dos. No jugó el Madrid el partido que los lectores de Love Story que infestan la grada del Bernabéu y las cabinas de la prensa esperaban para perdonarle, pero ganó. Y a nosotros, que siendo madridistas no somos tan exigentes como San Valentín o Meg Ryan, no nos sale disculparnos.

El interés informativo estaba centrado en el volumen de decibelios que alcanzaría el reproche a Cristiano por su canto y a Casillas por su cantada, pero yo no logré establecer una sentencia acústica más allá de la duda razonable. En todo caso Bale confirmaba sus ganas de desagraviar a la BBC en cada arrancada, Cristiano en un larguero y Benzema en las faltas que recibía y que la neutralidad exquisita del locutor desplazaba al limbo de las decisiones opinables. La delantera del Madrid luchaba por sacudirse el hielo que petrifica todavía a la defensa, sobre la que se abatieron más contras deportivistas de las que consiente el decoro. Al fondo espera Casillas, jugador místico que es capaz de combinar en segundos los milagros del santo y los estigmas del mártir según ataje un remate o le boten un córner.

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