Archivo diario: 20 febrero, 2015

National Geographic

Rivera, rival a batir.

Rivera, rival a batir.

Para los que amamos la naturaleza hay pocos espectáculos tan conmovedores como la inteligencia letal de la hiena o el cainismo de un partido español cuando se aproximan elecciones. Hay quien está enganchado a un reality y por un rubor anacrónico todavía declara que ve documentales de La 2; a mí me pasa al contrario, perdonadme, y me fascina la humanidad de los animales como a otros la animalidad de los humanos. Bien es verdad que me aburren los procesos de celo y cópula, demasiado similares a una noche estándar en la calle Huertas como para despertar mi interés, pero me excitan inconfesablemente las cacerías protagonizadas por grandes mamíferos o por insidiosos reptiles, de cuya sofisticación Ferraz o Génova, pese a sus progresos, aún tienen mucho que aprender.

El hecho de que el PP haya puesto en circulación un argumentario para tratar de destruir la imagen ascendente de Albert Rivera me recuerda a cierta especie de araña que segrega al nacer una droga destinada a atontar a la madre, la cual de otro modo no podría soportar la tentación de devorar a sus propias crías recién nacidas. La naturaleza regala por millones estos ejemplos de atrocidad ilimitada que deberían hacer recapacitar no ya a los veganos, sino a todos los que añoran purezas roussonianas desde el confort de la urbe; pero hay que reconocer que un documental ofrece pautas muy útiles al análisis político. En cierto modo, el auge de Ciudadanos nace del marianismo como el de Podemos del rubalcabismo: fenómenos que eclosionan en las telarañas de la vieja alternancia por pura reacción social. ¿Habrán alcanzado ya las nuevas criaturas un desarrollo autónomo suficiente como para evitar que el sistema los engulla? Todo apunta a que sí, y de ahí el argumentario segregado desde el nido a modo de ácido reputacional.

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Cortesía de David Gistau, pregunta 27.

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De aldeanas y ninfas

Pepe rules.

Pepe rules.

A Zola no le disgustaban los paisajes de Corot, pero opinaba que mejorarían definitivamente si el pintor “se decidiese a matar las ninfas con las que puebla sus bosques y las sustituyese por campesinas”. Como los cuadros de Corot, las alineaciones de Ancelotti a veces parecen parnasillos tardorrománticos en los que echamos a faltar naturalismo. Y lo más parecido que tenemos en la plantilla a una ruda aldeana es Pepe. Usted alinea a Pepe y el lienzo mejora automáticamente. La defensa se adelanta, las líneas se juntan algo más, los alemanes altos del Schalke se achican y se meten como enanitos en la mina, ay bo, ay bo.

Qué tranquilidad para el madridista ver de nuevo a Pepe izando atrás la bandera pirata, cantando alegre en la popa, por su bravura el temido. Pepe imanta el peligro como un agujero negro, y el peligro desaparece en su interior. En este sentido se trata de un central cósmico, a cuyo lado se expanden Varane o Ramos al tiempo que se contraen los delanteros rivales. Ayer robó bruscamente, cortó con delicadeza, cambió el juego, se anticipó de codos, derribó a Boateng con su célebre golpe de cadera y fue retribuido con un codazo que descubrió al fin la utilidad del fucsia en una camiseta: disimular la sangre el tiempo justo para que el árbitro no estropee la salida de balón de tu equipo.

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