Archivo diario: 27 marzo, 2015

La implacable normalidad de Andreas Lubitz

Un hombre "normal".

Un hombre “normal”.

Así que ya pasó seis meses de baja por depresión en 2008, le había dejado su novia de siete años -lo que no nos extraña- y se medicaba para combatir el bajón. Con estos datos parece que la bruma que celaba el misterio mental de Andreas Lubitz se aclara significativamente. Pero lo cierto es que no. Que en absoluto.

El periodismo responde a la demanda curiosa de la gente, y más que la mera curiosidad o el morbo mediático, en este caso interviene casi una sed metafísica, un hondo deseo de conocer por qué. Y cuando parecía que habíamos topado con un abismo, con una pulsión al fin impenetrable a la lógica -la yihad es irracional, pero entendemos sus premodernas motivaciones-, acuden la biografía sentimental y la farmacopea psíquica en nuestro auxilio. Ruptura, depresión, suicidio. Un relato por fin canónico para calmar perplejos.

Pero no. El misterio de Lubitz permanece incólume. A todos nos dejan, todos nos deprimimos, tampoco es precisamente extraordinario pedir una baja por razones anímicas. Pero no todos nos llevamos a 149 humanos con nosotros porque ella se fue y nos escuece el corazoncito, carajo. De hecho, solo lo han hecho otros cuatro pilotos comerciales en toda la historia. Esta clase avería psicológica es tan excepcional que resistirá todas las explicaciones científicas, y la psicología nunca puede aspirar al estatuto de infalibilidad de la física.

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Las botas puestas de R10

Rosa, centímetros por encima del presidente del Congreso.

Rosa, centímetros por encima del presidente del Congreso.

Si es verdad que UPyD desaparece, y que al pie de los bronces leoninos quieren hacerle un Julio César a Rosa Díez, a ver ahora quién nos despierta en las sesiones de control. Aquellas voces cafeínicas que daba Rosa sacudían por igual a plumillas y diputados, por no hablar de don Posada, que ahora se nos dormirá del todo en el escaño presidencial y dejará hablando dos horas a Duran, al término de las cuales Huesca ya sería provincia confederada.

Todos los partidos abocados a la consunción son infelices, pero cada cual se extingue a su manera. La manera que tiene UPyD de consumirse es fiel a la que tuvo de fundarse: ruidosa y transversal. O sea, una balacera entre leales y rebeldes que cursa por carta o tribuna en el saloon de este periódico. Que cuenten la disolución de un partido los mismos protagonistas que la van causando en un ejemplo asombroso de enunciado performativo. Lo que le faltaba al periodismo, convidado de piedra en un imponente espectáculo de tiros al pie, amenazas sin velo y actas de defunción, en tanto que R10 baila el cancán de Offenbach con las faldas de magenta.

Los últimos leales lamentan que la deserción se deba nada más que a las arrugas, acusan a Ciudadanos de acoger a tránsfugas y a Rivera de ser el niño bonito del Ibex. Y se muestran dispuestos a morir con las botas de los principios puestas, en lugar de entregarse al “pragmatismo posibilista”, valga el pleonasmo pleonástico. Ya es curioso que un partido que se define por la transversalidad ideológica invoque ahora el tarro de las esencias, como si Ciudadanos no pensara básicamente lo mismo que UPyD, solo que antes. Pero sobre todo es que acusar de pragmático a un partido político es como acusar de culinario a un cocinero, o de comprometido a un cantautor: eso es justo lo que se pide de ellos. Los dogmas quedan para Semana Santa y la final de Copa. Cuando muchos votantes centrados, en pro de los pactos de Estado siempre pendientes, aplauden la perspectiva de una gran coalición de los algo distintos, ¿qué hay de tan escandaloso en una pequeña coalición de los muy similares?

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