Rojigualdos somos todos

Todas las banderas son trapos hasta que nos tocan la nuestra, como es sabido, sea la del pueblo, la del colectivo o la del Betis. Lo que se sabe menos es que la bandera española procede directamente de la senyera catalana. Fue Carlos III, rey madrileño de Nápoles -que perteneció a la Corona de Aragón durante dos siglos-, quien adoptó el rojo y el gualda de la enseña aragonesa para sus barcos. Y cuando se dio cuenta de que se distinguía regular, redujo las barras a tres y ensanchó la franja central. «Para evitar los inconvenientes y perjuicios que ha hecho ver la experiencia, equivocándose a largas distancias o con vientos calmosos con la de otras naciones, he resuelto que en adelante usen mis buques de bandera dividida a lo largo en tres listas, de las cuales la alta y la baja sean encarnadas y del ancho cada una de la cuarta parte del total, y la de en medio, amarilla», escribe en Aranjuez en 1785. Y hasta hoy.

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19 septiembre, 2021 · 10:44

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