Archivo diario: 17 noviembre, 2018

Fascistas en pedazos

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Ortega Lara en un mitin de Vox.

Facha, pardillo, tu boca en un bordillo. Sin piernas y sin brazos, fascistas en pedazos. Otro Paracuellos. Y la mejor: Ortega Lara, vuelve al zulo. Son las consignas que coreaba un centenar de animosos muchachos que velaban por la democracia a las puertas de un acto de Vox en Murcia. Los chicos de la gasolina, que diría Arzalluz, para quienes Ortega pasó 532 días en el zulo porque lo merecía. Como se lo merecen los disidentes venezolanos enterrados vivos en La Tumba. Jóvenes nacidos en sociedades prósperas que jamás han arriesgado nada para gozar de lo que otros les legaron se convierten en depósitos calientes de un odio informe, analfabeto, macizo. Se llaman antifascistas porque necesitan un prefijo donde escudar lo obvio: que hay dos clases de fascismo -el fascismo y el antifascismo- y que lo de menos es la ideología que te hayan enseñado a cacarear, lo que te piden es que odies lo suficiente.

El antifascista contemporáneo es el único animal que inventa a su depredador para sobrevivir. En la naturaleza, el débil escapa del fuerte por imperativo trófico; por eso en las dictaduras, que no son otra cosa que regresiones a la ley de la selva, los antifascistas eran perseguidos por genuinos fascistas. En la democracia, a la que solo se ha llegado mediante una secular y minuciosa negación de la tendencia natural de la especie, el antifascista pierde su sentido como víctima. De modo que lo recobra como verdugo, pues su identidad no se construye afirmando nada propio -el odio es un gas: tóxico pero vacío- sino negando lo ajeno. Para subsistir ha de salir de cacería, que normalmente es digital y coqueta, con su triangulito rojo en el avatar. Solo se vuelve física cuando el odio rebasa la Red para embriagar a los especímenes menos sofisticados, como ocurrió en Murcia o en las escaleras del metro de Barcelona. A estas camadas será inútil explicarles que el antifascismo que venció en la II Guerra Mundial podía ser comunista, como el de Stalin, o demócrata liberal, como el de Churchill, y que el primero acabó superando la atrocidad nazi mientras que el segundo defendió el orden que todavía hoy garantiza asistencia letrada y gratuita a los cachorros detenidos en pleno proyecto de colocar la boca de Ortega Lara en un bordillo.

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17 noviembre, 2018 · 10:45