Fascistas en pedazos

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Ortega Lara en un mitin de Vox.

Facha, pardillo, tu boca en un bordillo. Sin piernas y sin brazos, fascistas en pedazos. Otro Paracuellos. Y la mejor: Ortega Lara, vuelve al zulo. Son las consignas que coreaba un centenar de animosos muchachos que velaban por la democracia a las puertas de un acto de Vox en Murcia. Los chicos de la gasolina, que diría Arzalluz, para quienes Ortega pasó 532 días en el zulo porque lo merecía. Como se lo merecen los disidentes venezolanos enterrados vivos en La Tumba. Jóvenes nacidos en sociedades prósperas que jamás han arriesgado nada para gozar de lo que otros les legaron se convierten en depósitos calientes de un odio informe, analfabeto, macizo. Se llaman antifascistas porque necesitan un prefijo donde escudar lo obvio: que hay dos clases de fascismo -el fascismo y el antifascismo- y que lo de menos es la ideología que te hayan enseñado a cacarear, lo que te piden es que odies lo suficiente.

El antifascista contemporáneo es el único animal que inventa a su depredador para sobrevivir. En la naturaleza, el débil escapa del fuerte por imperativo trófico; por eso en las dictaduras, que no son otra cosa que regresiones a la ley de la selva, los antifascistas eran perseguidos por genuinos fascistas. En la democracia, a la que solo se ha llegado mediante una secular y minuciosa negación de la tendencia natural de la especie, el antifascista pierde su sentido como víctima. De modo que lo recobra como verdugo, pues su identidad no se construye afirmando nada propio -el odio es un gas: tóxico pero vacío- sino negando lo ajeno. Para subsistir ha de salir de cacería, que normalmente es digital y coqueta, con su triangulito rojo en el avatar. Solo se vuelve física cuando el odio rebasa la Red para embriagar a los especímenes menos sofisticados, como ocurrió en Murcia o en las escaleras del metro de Barcelona. A estas camadas será inútil explicarles que el antifascismo que venció en la II Guerra Mundial podía ser comunista, como el de Stalin, o demócrata liberal, como el de Churchill, y que el primero acabó superando la atrocidad nazi mientras que el segundo defendió el orden que todavía hoy garantiza asistencia letrada y gratuita a los cachorros detenidos en pleno proyecto de colocar la boca de Ortega Lara en un bordillo.

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3 comentarios

17 noviembre, 2018 · 10:45

3 Respuestas a “Fascistas en pedazos

  1. hojas muertas del pasado

    Como soy más bien obsesivo, no me dejan de intrigar algunas cosas de los libros de Díaz Herrera leídos este verano, en especial uno sobre los pronunciamientos de la transición donde se observa como se abortó uno debido al aviso a las autoridades de gente del entorno de Girón de Velasco. Creo que más franquista -años cuarenta y cincuenta- no debió de haber; ahora bien, a mediados de los setenta debió auscultar el zeitgeist y éste diría que no y que no, luego he ahi la disolución de sindicatos y la facilitación de lo necesario para el cambio de régimen. Girón como facilitador no es en absoluto la versión que corte el bacalao, pero es la mía quizá por la melancolía que me producen sus dos libros de memorias donde se cuentan las bondades de la enseñanza laboral (Maragall se encargaría de arrasar y plantarlo todo de sal) y la bonhomía con sus antiguos contrincantes comunistas, bonhomía cuyo wishful thinking se revela ahora, aunque se podía haber columbrado todo -repito, ‘todo’- el tiempo. No, la resurrección de los ‘radicales’ se me antoja más un producto de laboratorio cuyas imbricaciones -jovencitos parasitarios, estupidez meridional, etc etc- quizá pudiera exponerlas mejor algún otro. No esos cinco mill científicos políticos que se sacó de la manga el ministrillo.

  2. La relectura de esta Consideración en frío de Jorge Bustos, me lleva a la conclusión de la excelente condición de Ensayista que exhibe su autor. Una visión ponderada de la calidad humana de quien asiste como”anti espectador” o,dicho de manera más clásica, como reventador, a un mítin o a un acto cultural. Un estudio psico-social de un sector de la sociedad que siente el impulso de la notoriedad, y que para desarrollarlo se apunta a ese grupo de marginados sociales que, a lo mejor, de haber tenido un mínimo interés por cultivar su espíritu serían útiles a la Sociedad. Una vez más, felicito a Bustos por su visión y su olfato de esta Sociedad.

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