Elogio del tertuliano

EL-GRAN-DEBATE-1

Tertulia, que algo queda.

La purga de tertulianos desafectos al sanchismo evoca de inmediato la purga de tertulianos desafectos al sorayismo. Así ha sido siempre y así seguirá siendo con mayor o menor cainismo si un inverosímil boom de ventas de Stuart Mill u otra ley electoral no lo remedian. ¿Pero es el tertuliano una continuación del político por otros medios, es decir, por los de comunicación?

Veamos. El tertuliano es un animal de varia estatura y sexo irrelevante que habla de todo y come tres veces al día, a no ser que le coincida con una tertulia, en cuyo caso se alimenta del catering de la cadena. Posee dos antenas invisibles en el occipucio con las que recoge datos decisivos para su supervivencia, como la clase de relación que mantiene tal presentador con tal político. Su pelaje es suave al tacto del productor, aunque tendrá que erizarlo cuando enfoque la cámara y no le apetezca discutir.

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1 comentario

12 septiembre, 2018 · 8:30

Una respuesta a “Elogio del tertuliano

  1. ¿No tiene cosas que hacer?

    No es ‘mal de muchos…’ pero esta mañana durante el desayuno contemplando -estaba en un hotel de viaje, eh, que yo también tengo coartada- una hipermangoneadora batiendo su media docena de huevones consentidores pensé en lo que un italiano avanzaba por ahí: el medio más económico de mantener una emisora es alquilar un panel y dejar que se explayen. Como una tómbola. Como un barracón de feria. Como una mesa de sénecas jugando al dominó. No, gracias.

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