Archivo diario: 17 abril, 2017

Sin palabras

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Mark Thompson, periodista.

El hoy presidente de The New York Times antes fue director de la BBC, así que algo sabe sobre lenguaje político. Personalmente, no he leído un ensayo sobre la decadencia de la retórica democrática tan desalentador y a la vez esperanzado desde Fuego y cenizas, de Ignatieff. Como él, Mark Thompson (Londres, 1957) combina el tono confesional y la reflexión profunda con ese compromiso casi patrimonial respecto de la democracia que solo poseen los anglosajones. Su estilo es tan claro como su pensamiento, lo cual no significa simple, porque maneja con soltura una erudición pertinente que le permite remontar la genealogía del nuevo populismo hasta la sofistería antigua, para que el lector constate que todos los peligros están advertidos hace tiempo.

Que la corrupción del lenguaje -la escisión entre el signo y la cosa- precipita la democracia hacia la tiranía es algo que ya identificó Tucídides en la frivolidad ateniense o Salustio en Catilina, célebre populista que tuvo la mala suerte de topar con Cicerón. Pero son Aristóteles y Orwell las referencias más constantes de este libro. El primero porque su división del discurso público en logos (argumento), ethos (carácter del emisor) y pathos (estado de ánimo del receptor) no solo no ha perdido vigencia sino que facilita el diagnóstico: la eficacia emocional ha desplazado el debate racional en nuestras democracias. El segundo, porque desenmascaró la negación del principio de no contradicción que sustenta toda propaganda totalitaria. Y la dictadura no es más que la degeneración de la democracia a través de la demagogia.

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17 abril, 2017 · 11:52

Roma vs Cantabria

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Monumento a Corocotta, caudillo cántabro.

Pedro, el hospedero de la casona cántabra donde me alojé unos días, tiene enmarcado un mapa romano de la Península Ibérica. Cuando señala a los huéspedes la provincia de los cántabros, que por entonces abarcaba buena parte del norte peninsular, no reprime el orgullo montañés:

-A veces viene un vasco, o un catalán, y yo le digo: busca, busca aquí tu Euskadi. O tu Cataluña. ¿A que no aparecen por ningún lado? En cambio ahí pone ‘Cantabria’.

Razón lleva. Por entonces ni siquiera estaban inventadas las piedras que levantarían los hijos de los vascones, y faltaban varias centurias para que a los fenicios de la Tarraconense se les conociera como catalanes. A Pedro le tiembla la voz cuando rememora el coraje de los guerreros cántabros, que preferían engullir las venenosas hojas del tejo antes que caer prisioneros de las legiones. Y no disimula la tristeza que le causa la inutilidad de tan heroica resistencia: “Al final nos conquistaron”. Nos, dice.

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17 abril, 2017 · 11:45