Archivo mensual: junio 2013

Montoro reparte fincas pero no becas

Los colegas se han reído de mi ingenuidad en el desayuno cuando he sentenciado con tono profesoral, casi al borde de la condescendencia:

–Pues yo creo que lo de la Infanta ha sido un error. Un error telemático –he apostillado, muy ufano.

Pero ni Gistau ni Jabois ni Alfageme han querido darme crédito hasta que no ha salido Montoro a repetir mi tesis en sede parlamentaria:

–Ha sido un error lamentable, pero un error. Los errores de procedimiento administrativo se producen, que nadie lo dude. Algunos, claro, son más importantes que otros. Yo pido disculpas a la Casa Real, pero no entiendo a qué tipo de especulación da lugar, pido que no se haga un uso político de este error que no tiene alcance ninguno, no perjudica el proceso judicial. Nuestra Agencia Tributaria es una de las mejores del mundo y así está reconocido internacionalmente. Ahora, si me preguntan cómo ha podido producirse, no estoy en condiciones de dar una explicación técnica sobre hechos concretos…

Y en cuanto Montoro ha terminado su comparecencia yo he corrido orgulloso adonde estaban mis camaradas: “¡Lo veis! Lo que yo decía: ¡ha sido un error!”

En fin, disculpen ustedes si estoy perdiendo malicia: será cosa del entretiempo, que no te deja decidir si quitas o no el nórdico, como para decidir si hay o no una mano negra demostrando que la ley no es igual para todos, no digamos ya Hacienda.

Lo cierto es que la expectativa de la rueda de prensa de Montoro concedía algún sentido narrativo a la matinal parlamentaria, que había abierto Rosa Díez con una pregunta menos tonante de lo que acostumbra. Si Díez se contagia del pactismo ambiental, si renuncia a su tono cafeínico, una de dos: o estamos mucho peor de lo que pensamos o caminamos decididamente a la recuperación. Menos mal que siempre surge un Cayo Lara exigiendo la supresión del artículo 135 de la Constitución, ese que por orden soberana de Bruselas modificaron a pachas PP y PSOE para poner coto al déficit. A Lara le gusta el déficit, pero no se trata de una querencia arbitraria, un capricho de sibarita:

–La razón, señor Rajoy, se llama hambre. Ustedes han entregado la economía a la troika y hemos perdido la dignidad. Somos conscientes de que hay que bajar el déficit, pero no con recortes, sino gravando el capital. ¡La deuda es impagable! ¡Plantemos cara a la troika!

En estos tiempos de disolución ideológica se agradece oír un discurso de entrañable eco revolucionario, que como sabemos por la historia se reduce siempre a hacer un simpa monumental. Rajoy le ha contestado que no es partidario de la salida del euro, claro.

Leer más…

Deja un comentario

19 junio, 2013 · 18:15

España. Mi verdad

Morata confundiendo a Isco con Callejón en prueba de inequívoca camaradería.

Morata confundiendo a Isco con Callejón en prueba de inequívoca camaradería.

 [Reproduzco a continuación, por si fuere oportuno, el artículo que publiqué en La Gaceta el 3 de julio de 2012 bajo el título “España. Mi verdad”. La Selección acababa de ganar entonces su tercera Eurocopa aplastando a Italia en una comodísima final. Ayer, en otra comodísima final, la Selección sub 21 —nos negamos, claro, a transigir con el sonrojante apelativo de La Rojita, cuya mera pronunciación agita en su tumba al fantasma de sor María, hasta que termine incorporándose y dejándose caer por los alrededores de La Masía en busca de nuevos bebés que robar a las categorías inferiores del tiquitaca— ganó el Europeo celebrado en Tierra Santa, como santos son algunos porteros y ningún entrenador. Naturalmente nos alegramos de ambos triunfos, pero si en 2012 no creí inconveniente matizar con alguna reflexión esa parte grosera que alienta en toda euforia colectiva, ahora tampoco. Escucho los prontuarios de ética urgente que improvisan esta noche los locutores, releo el primero de los argumentos escritos hace un año y la verdad, no creo que el texto haya perdido toda su vigencia]

Pero claro que nos rompimos los hombros abrazándonos a cada gol de la Selección, señores, cómo no íbamos a hacerlo. Es España, después de todo, mis amigos y yo nacimos allí. Ahora bien. La hora de la victoria es muy traicionera, es resbaladiza y psicotrópica y calienta los hocicos y desata las lenguas con una eufórica facilidad de la que a menudo nos terminamos avergonzando. Por si esa vergüenza redentora no llegara, vamos a identificar modestamente los argumentos que deberían generarla sólo minutos después de concluido el atroz protagonismo de Reina.

—“Son un equipo de chicos normales. Buenísima gente. Sencillos y humildes”. Esto es una perversión lógica muy propia de un pueblo de moralistas. La excelencia profesional no sirve, debe revestirse de honorabilidad. No vale con jugar muy bien al fútbol, se tiene además que dar ejemplo a los niños. Yo no creo que los chicos de La Roja sean sencillos, sino simples, que es lo que son los futbolistas en general. Pinchan el bendito perreo de Pitbull en el bus, no las dodecafonías de Schönberg, y leen el Marca, no la Ética de Spinoza. Son humildes si entendemos por humildad la de Clooney cuando al acercarse a la valla en Cannes le roza la mano a una groupie sin calzarse antes unos guantes de látex. Son gente simple pero excepcionalmente habilidosa, y eso debería bastarnos. Que no nos baste prueba el arraigo de lo religioso en el sapiens sapiens y los siniestros taquillazos que cosecha la Marvel.

—“Pan y circo. Con la que está cayendo. Nos distraen con una pelota pero mañana el paro seguirá igual”. Esto no es demagogia, es oligofrenia. Hemisferios cerebrales dotados con cicatería de tendero de posguerra. Lo carnavalesco, lo que Bajtín definió como subversión folclórica del orden establecido es el fundamento mismo de la civilización. Un pueblo que celebra la eficiencia acaba poniendo Europa perdida de checas y campos de concentración. Un hombre que se arroja al botellón cuando baja la prima de riesgo está a punto de romper en Breivik. Los concejales de festejos en este país lo saben bien: se puede vivir sin Estado de Bienestar, pero no sin Sanfermines.

— “Cuando la final de la Eurocopa terminó, los incendios de Valencia todavía estaban allí”. Es una variante de lo anterior que debemos a Ignacio Escolar, el Gramsci de Torresandino. Intolerable ver a Rajoy en Kiev en vez de en Andilla o Cortes de Pallás. Soplando.

—“Los políticos deberían aprender de La Roja. En especial de la sensatez de Del Bosque”. No nos volvamos locos. Los políticos deberían aprender de los buenos políticos, no de sanos muchachos que le dan gloriosamente a la pelota y que, salvo Xabi Alonso, responden con un conmovedor “no entiendo de esas cosas” cuando les preguntan por el rescate. Del Bosque es un hombre bueno en el buen sentido de la palabra, el que recibe no uno ni cinco talentos sino dos –y al menos saca otros dos–, pero no multiplica panes ni peces, que es lo que se le exige al refundador del euro.

—“Los jugadores, que ya son indecentemente ricos, deberían devolver la prima, con la que está cayendo”. Y los propietarios no deberían escriturar sus casas por encima de su valor, ni los tertulianos prodigarse en cenas de gañote. Y así.

— “La Selección simboliza el triunfo de la unidad en la diversidad”. La Selección simboliza el triunfo, a secas. El picapleitos de Los Simpsons, Lionel Hutz, imagina un mundo sin abogados –un corro multirracial entrelazándose bajo el arco iris– y de inmediato le sacude el espinazo un escalofrío como nos lo sacude a nosotros. En ese vestuario no son todos amigos ni falta que hace. Algunos ni se tienen por españoles, aunque se silencie para que el venero periodístico del Whatsapp no se seque. Unidad, la justa para pasar y recibir pases. Y bien está.

— “Celebremos la victoria”. No sería estrictamente preceptivo celebrar las victorias de ese modo obvio, organizado y mostrenco que postula autobús, fuente y un micro en manos de Reina. La alegría si no es espontánea suele ser desviación de fondos reservados. Por otro lado, celebrar victorias incurre en el pleonasmo. En lo vulgar. Lo distinguido sería celebrar las derrotas y encerrarse voluptuosamente en casa cuando lo ganamos todo aparatosamente.

Ninguno de estos ratoneros mantras en circulación resulta inesperado. España es la nación más vieja de Europa, se dice, y será verdad. Por eso mismo es tan predecible y por eso mismo es una nación tan cansada, piel de toro amenazada de cuarteamiento donde marca Abel y critica Caín, y esto es lo que más nos gusta de ella, porque disfrutamos dos veces.

Deja un comentario

Archivado bajo La Gaceta

Al PP le falta relato

De los creadores de la “Iglesia tiene un problema de comunicación”, llega con fuerza a las tertulias: “Al PP le falta relato”. El relator que relate al PP, buen relator será. Relato es el palabro cursi de curso impune que empezó a sangrarnos en los oídos a cuenta del fin de ETA, convertido en un certamen literario donde el jurado no son las víctimas sino los terroristas presos que cuentan con los dedos el número de años de condena como si contaran las sílabas alejandrinas de la Sonatina de Darío. De la doctrina Parot a la cesura del cese definitivo y al hemistiquio de la reinserción.

Qué coño el relato, señores. La Iglesia tiene el mismo problema de comunicación desde hace veinte siglos; miren si lo tuvo que a su Líder lo crucificaron por ese mismo problema. Malo será cuando la Iglesia, cuyo mensaje es literalmente extraterrestre, deje de tener un problema de comunicación, como alertaba Nicolás Gómez Dávila en los borrascosos días del Concilio Vaticano II: “No habiendo logrado que los hombres practiquen lo que enseña, la Iglesia ha resuelto enseñar lo que practican”.

Rajoy no es el Papa, probablemente porque no se lo ha propuesto todavía, pero su política comparte con el cristianismo el problema de la ininteligibilidad. Cristo nos pide poner la otra mejilla como don Mariano nos exige poner el otro bolsillo, y a ambos mandamientos reacciona con natural desagrado nuestra humana condición. El relato es el racional intento del hombre por introducir orden en el caos, pero el caos tiene que poner algo de su parte en el juego creativo. Y no digo que la política de Rajoy sea caótica, sino que carece de relato porque es una política de ciencias y no de letras: un problema puramente matemático que no se puede narrar. Llevamos dos años dando Álgebra sin parar, castigados sin el desahogo de la clase de Literatura, y lógicamente acabamos gritando que al PP le falta relato. Pero es que en eso consiste la tecnocracia: no en que al PP le falte relato, sino en que directamente le sobre.

Leer más…

Deja un comentario

16 junio, 2013 · 13:17

Ana Pastor, sacerdotisa del fuego sagrado

Deontología es nombre de mujer.

Deontología es nombre de mujer.

Ana Pastor es el espejo en el que hoy se quieren mirar las más soñadoras de entre las recién licenciadas en Periodismo. Soñar y licenciarse en Periodismo constituyen hoy actividades de una violenta incompatibilidad, pero dejémoslo ahí. Si la facción pija o reporterismo de tacón elige quizá la referencia meteórica y poco sesuda de Sara Carbonero, aquellas que se notan tocadas por el nimbo sacro de la vocación de informar preferirán sin duda la prestigiosa carrera de Ana Pastor, dama brava y suspicaz, morena de mucho progreso y poca broma a la que, según tuit de Hughes, cualquiera le va con una mentira conyugal. “Dulce estilete”, la bautizó Emilia Landaluce con su habitual acrimonia.

Puestos a licenciarse en la sede más pura de la corrección política, que es la Facultad de Periodismo de la Complutense –de cualquier universidad pública–, lo cierto es que tomar a Pastor por modelo es lo más coherente que se puede hacer. Oigan, y tampoco es mal modelo. Ana Pastor es una periodista sagaz y atractiva, más valiente que la media, con más escrúpulos profesionales de lo que se le censura y menos de lo que se le elogia, imbuida de una dignidad gremial que portavocea con una eficiente mezcla de naturalidad y desprendimiento. A su llegada a La Sexta se apresuró a declarar: “No soy el fichaje estrella de La Sexta”; lo que visto en un titular, como todo semiótico sabe, equivale exactamente a dar por sentado lo contrario. Por cierto que muchos colegas critican sotto voce que Pastor fichara por La Sexta, uno de cuyos jefazos es su señor marido, Antonio García Ferreras; pero semejante rasgado vestimentario me parece de un fariseísmo singularmente estúpido y beato, y de hecho a mí lo que me escandalizaría es que un marido enamorado de su mujer, a la que sabe capaz y en paro, teniendo él poder y tratándose de una empresa privada no la incorporara inmediatamente a la franja de máxima audiencia. Mucho ha tardado Ferreras, para mi gusto.

Pero mientras que Ferreras es mourinhista y bienhumorado –a este cronista le saludó una vez con verdadera camaradería–, su esposa profesa el periodismo con una seriedad inalcanzable, un hieratismo y una exigencia ética como de sacerdotisa de la información, de vestal en vela que evita que se apague el fuego sagrado de la objetividad. Yo creo que con el tiempo se acabará tomando la crisis con más guasa, como se la toman sus propios entrevistados –sobre todo los ministros–, pero de momento no se permite una frivolidad en antena. Todo lo que hace, presenta o modera lo reviste de un carácter de máxima prioridad democrática, como si junto a aquel icónico velo ante Ahmadineyad se le hubiera deslizado al mismo tiempo cualquier vestigio de superficialidad, y desde entonces ya sólo se debiera a la VSR: la Verdad Sin Rodeos. La verdad descubierta por el velo, como tituló Bernini su alegoría más directa. En el caso de Pastor, claro, verdad equivale a progresismo de manual. Hace poco firmaba una tribuna en El País en donde abroncaba a un señor chapado a la antigua que puso el grito en el cielo al ver a dos gays besarse en un Vips de Madrid:

–Señor ofendido: lo que a mí me preocupa como madre es que mi hijo sea el personaje que insulta y humilla a una pareja. Lo que me preocupa como madre es que mi hijo tire de la intolerancia para afrontar lo que no comparte o lo que no entiende –escribía Pastor, desde la cúspide de la indignación cívica.

Y oigan, no es que en el fondo de este caso concreto no estemos de acuerdo: es que por las formas se escurre una solemnidad aceitosa, levítica, que espolea la reacción antes que el deseable asentimiento. En todo caso, Ana Pastor ha sabido hacer lo único que importa en este oficio, sobre todo si se ejerce en España: volverte lo suficientemente reconocible como para ser odiada por unos e idolatrada por el bando contrario, al margen de tus íntimas convicciones, que a su vez pueden ser variables. Por eso cuando la vuelta al poder del PP acabó dejándola sin desayunos –como con cada cambio de gobierno viene ocurriendo en el ente dizque público desde la Transición, con toda la anormal normalidad de lo español–, medio país salivó de gozo y el otro medio la erigió en penúltima Juana de Arco de la libertad de expresión. A nadie medianamente perspicaz se le ocultaba el sesgo izquierdista de su intervenciones –no por nada hoy escribe en El País y sale en La Sexta–, pero la imbatible ley de la superioridad moral de la izquierda se aplica con fervor en estos casos, reputando rigor aséptico lo que no era sino ortodoxia progresista. Para asepsia, la de la inmortal Ana Blanco, que rivaliza en eternidad catódica con Jordi Hurtado y que lleva no sé cuántas legislaturas dando el Telediario de la uno sin que se le conozca ideología ni se le mude un solo pelo del casquete capilar egipcio. Eso sí es dar información pura y dura, señores.

Y aunque haya trascendido la amistad entre el matrimonio Ferreras-Pastor y el matrimonio Barroso-Chacón, yo no advierto en Ana Pastor una vocación tan clara de ingeniero social como la de su hábil compañero Évole, ni la veo en conspiraciones para acabar de secretaria de Estado de Comunicación de doña Carme Chacón. De momento, vamos. Opino que le apasiona de veras el periodismo, y opino que le falta talento para ser Oriana Fallaci. Es, ni más ni menos, una periodista de izquierdas que hace bien su trabajo, con todo el mérito que hay en tener trabajo siendo periodista, menor ciertamente si eres de izquierdas.

No me resisto a ceder el colofón de este perfil a Meseta (@la_meseta_uber), uno de los tuiteros más implacables de mi colección, quien en una inspirada tarde del 6 de julio de 2011 cazó este sentidísimo tuit humanitario de nuestra protagonista: “El cuerno de África se muere. 9 millones de personas morirán este año de hambre si no se actúa, si no hacemos nada. Visto en el telediario”. Y no se supo contener:

@anapastor_tve yo de momento me estoy metiendo un bocata de mortadela entre pecho y espalda que no se lo salta un gitano. ¡¡Aprended, negratas!!

(Publicado en Suma Cultural, 15 de junio de 2013)

Deja un comentario

Archivado bajo Suma Cultural - Revista Unir

Monago o la oposición de la bellota

Yo no sé de qué sirve que Obama lidere el mundo libre si los países que vivimos a su imperial amparo no tomamos ejemplo. El presidente de Estados Unidos dispone de un completísimo servicio de documentación ciudadana –otros lo llamarán de espionaje– que le permite vedar de forma preventiva el acceso de individuos indeseables a las instituciones democráticas, y en cambio este pobre cronista, a todas luces inofensivo, fue esta mañana retenido por los probos funcionarios de las Cortes españolas durante un cuarto de hora como si uno llevase el intestino petado de bellotas de hachís, cuando ahí están mis cuentas en Facebook y en Twitter para descartar otro peligro que la escritura de artículos desenfadados y alguna foto pintoresca de despedida de soltero.

Cuando estimaron que mi ingenuo sentido del humor no representaba una amenaza para el súbito idilio que tienen puntualmente declarado Rajoy y Rubalcaba, me dejaron pasar. Y en cierto modo todavía debo agradecerles que me ahorraran así la pregunta de Foro Asturias y sobre todo de Duran Lleida con las que ha dado comienzo la sesión de control.

Cuando llegué, el dinosaurio todavía estaba allí. No es el modo más protocolario de referirnos a Rubalcaba, pero el hecho es que el longevo líder socialista trata de reinventarse en la coincidencia con Rajoy a mayor gloria de su esforzada pose de estadista. Rajoy, como me decía uno de sus estrategas esta mañana, no necesita en absoluto la mano tendida de Rubalcaba, pero la agarra a falta de agarrar de las solapas a Aznar o a Monago, que son su verdadera oposición.

–Hay una coincidencia en los objetivos. Estoy de acuerdo con usted en la posición común que debemos trasladar a Bruselas. Coincido con usted en el problema del crédito… –así salmodiaba don Mariano, en un obsceno espectáculo de pactismo que tan lejos se encuentra de nuestras tradiciones más acendradas.

¿Y cómo pretende el PP que Rajoy se parezca a sus gobernados, si rehúsa a la que puede el entrañable cuerpo a cuerpo con la izquierda y castiga a la derecha liberal con la más humillante de las indiferencias? Sólo Sáenz de Santamaría se presenta solícita cada miércoles a la función de poli malo del Gobierno, en simétrico papel al de Soraya Rodríguez, que ya se pega ella por su jefe. Yo no sé qué tiene que decir el feminismo a propósito de esta delegación de la violencia dialéctica en las mujeres que practican el líder del PP y el líder del PSOE. Desde luego no queda muy caballeroso, pero son tiempos muy locos, qué quieren ustedes.

–Señora vicepresidenta, la austeridad es un fracaso. Hemos visto cómo la televisión en Grecia se ha quedado en negro; ustedes también están llevando a España al negro. A este Gobierno le hace falta una vicepresidencia económica. Los estudiantes no tienen para matricularse. Ustedes están llevando a los españoles al empobrecimiento y a la exclusión…

Sáenz de Santamaría replica con el gran mantra gubernamental del momento, que es el no rescate de España. En retórica llamaríamos a esto la estrategia del lítote: el lítote es una figura que persigue establecer una afirmación indirecta a través de la negación de su opuesto. Por ejemplo, para dejar bien claro lo buena que está Megan Fox en un ámbito elegante, diremos: “La verdad es que a Megan Fox no la echaría de mi cama”. Del mismo modo, cuando Soraya enfatiza constantemente el rescate que no se produjo, desliza que España va bien sin decirlo. Y por si el aserto todavía queda demasiado sutil, remata con un golpe de esos que en boxeo están prohibidos:

–Su jefe acaba de hablar de la necesidad de fijar posiciones comunes: coordínese un poco con él.

Leer más…

Deja un comentario

12 junio, 2013 · 18:33

Mantengan sus máquinas por debajo de los 233 °C

Me pongo a escribir cuando acaba de anunciarse el logro de células madre embrionarias a partir de un adulto; o sea, la Piedra de Rosetta de la clonación terapéutica. Representa, por supuesto, una noticia trascendental. La ciencia avanza que es una barbaridad. Los científicos, claro, se muestran orgullosos, pero es un orgullo que nuestra tecnificada sociedad de consumo tiene vedado a los humanistas. Sencillamente porque los humanistas van quedándose sin público ante quien enorgullecerse.

El admirable paradigma del hombre del Renacimiento, dominador de las ciencias tanto como de las letras, cuyo privilegiado enciclopedismo pudo datarse aún en los albores del siglo XX –pienso por ejemplo en el doctor Marañón-, hoy no sólo no es plausible sino que además resulta indeseable. ¿Para qué sirve un físico que haya leído a los clásicos grecolatinos? Únicamente para escribir artículos que solo leerán otros físicos que se preguntarán para qué sirve leer a los clásicos grecolatinos. Si aplicamos esta lógica rasa de un debelador pragmatismo a la universidad obtenemos como resultado el Plan Bolonia, que garantizará la extensión y la profundidad de la ignorancia humanística por toda Europa, donde ayer nacieron el Renacimiento y la Ilustración. La consecuencia la refleja el mercado con su inclemencia habitual: los licenciados de letras se mueren de hambre.

Y la cosa no queda ahí sino que, gracias a la perversa noción de gratuidad que ha instaurado Internet, irá a peor. Pero si vamos a ponernos distópicos, invoquemos a un profesional. ¿Quién no recuerda la siniestra cota de temperatura a la que arde el papel desde que Ray Bradbury la usara como título de su descorazonadora novela? Pues sí: los libros arden exactamente a 451 grados fahrenheit, lo que equivale a 233 grados Celsius. Pero Bradbury no era un bestsellerista de ciencia ficción. Su estilo seco, limpio y preciso, capaz de originales estallidos de adjetivación, no ofrece historias exóticas para aliviar las ganas de evasión del personal, que también, sino que ante todo le participa una preocupación inquietante por el reverso tenebroso que una tecnología desembridada depara a una comunidad teóricamente feliz.

La celestial Julie Christie en la adaptación cinematográfica hecha por Truffaut.

La celestial Julie Christie en la adaptación cinematográfica de Truffaut.

Esa novela emblemática de 1953 en que los bomberos queman libros por orden del gobierno para prevenir toda emergencia de espíritu crítico en sus gobernados es el desarrollo de un relato previo titulado “Los desterrados”, incluido en un volumen de cuentos que Bradbury publicó en 1951 bajo el título de El hombre ilustrado. El relato sitúa en Marte a un puñado de escritores clásicos que se han exiliado porque en la Tierra se ha decretado la quema general de todos los libros; cuando el último ejemplar de un autor se consume, ese autor queda simétricamente reducido a cenizas ante los ojos horrorizados de sus colegas de exilio. Edgar Allan Poe trata de liderar una revuelta contra los bárbaros autos de fe de los terrícolas, que acaban de amartizar para seguir quemando libros en el planeta rojo. Poe se persona en casa del huraño Dickens para pedirle apoyo:

–Hace un siglo, en la Tierra, en el año 2020, proscribieron nuestros libros. Oh, algo horrible. Destruir así nuestras obras… (…) Hemos pasado un siglo entero en Marte, esperando que la Tierra se ahogara a sí misma con el peso de sus sabios, y las dudas de sus sabios. Y ahora vienen a arrojarnos de aquí, a nosotros y a nuestras tenebrosas creaciones, y a todos los alquimistas, brujas, vampiros y espectros que, uno a uno, se retiraron al espacio. La ciencia infestó la Tierra, sin dejarnos finalmente más salida que el éxodo. Ayúdenos, señor Dickens. Habla usted con mucha elegancia. Lo necesitamos.

El cuento acaba mal, como exige la distopía fetén. En ese mismo volumen Bradbury nos habla de estereoperiódicos montados sobre un casquete que pasa de página cada tres parpadeos; de casas inteligentes cuyas mesas segregan el desayuno ya preparado; de una esposa amantísima que para demostrar amor a su marido astronauta desconecta, la víspera de cada viaje interestelar, todos los aparatos y le cocina por sí misma, lo que sugiere un interesante silogismo: a más primitivismo, mayor humanidad. Recorre el libro una desconfianza cerval hacia la tecnología, igual que en la odisea espacial de Arthur C. Clarke. Cuando la ciencia infesta la Tierra, dice Bradbury, fuerza el exilio del humanismo, no admite mezclarse con él como propugnaba la vieja Ilustración. La epigenética incorporará evoluciones físicas adaptadas al nuevo medio enteramente audiovisual: quizá nos crezcan los ojos y los oídos y se nos afinen las yemas de los dedos y perdamos del todo la habilidad verbal. Y entonces ni siquiera resultará descifrable un texto de Bradbury que permita a un futuro lector improbable murmurar: “No podemos decir que no nos lo advirtieran”.

(Revista Leer, número 243, Junio 2013)

Deja un comentario

11 junio, 2013 · 14:36

¿Hubo cordobeses cultos en la Edad Media?

Maimónides en la judería cordobesa.

Maimónides en la judería cordobesa.

Acaban de echar el cierre las jacarandosas casetas de la Feria de Córdoba que en este mayo he conocido por primera vez. Córdoba es una ciudad milagrosa, más discreta que Sevilla y más honda que Granada, celosa de su centro imponente de cal cristiana y arena mora, recorrida por mujeres de una belleza cruel y mitológica. El displicente carácter cordobés obedece, creo yo, a la añeja conciencia de un linaje demasiado glorioso como para necesitar publicidad, blasonado por estoicos de la pluma o del estoque desde Séneca hasta Manolete, por filósofos heterodoxos como el rabino Maimónides y el musulmán Averroes, por poetas como Luis de Góngora o el admirable Ibn Hazm, quien nos legó este impresionante cántico a la libertad individual –les madruga en unos cuantos siglos el ideal emancipatorio, renacentista e ilustrado, a Giordano Bruno y a Juan Jacobo Rousseau– cuando se enteró de la quema pública de sus obras en la taifa de Sevilla:

Dejad de prender fuego a pergaminos y papeles,
y mostrad vuestra ciencia para que se vea quién es el que sabe.
Y es que aunque queméis el papel,
nunca quemaréis lo que contiene,
puesto que en mi interior lo llevo,
viaja siempre conmigo cuando cabalgo,
conmigo duerme cuando descanso
y en mi tumba será enterrado luego.

Corría el siglo XI, y Córdoba perdía la capitalidad económica, cultural y política del mundo conocido al compás de la decadencia de la dinastía omeya y la quiebra correlativa del califato, que se disgregó en taifas autónomas y vulnerables para alborozo de los reconquistadores cristianos. Ibn Hazm era hijo de un ministro de Almanzor, había llegado a visir y no quiso o no pudo adaptarse a los nuevos tiempos, que es lo que haría cualquier tertuliano avisado de nuestros días con el cambio de color de una legislatura. Su defensa del legitimismo omeya, apellido que había patrocinado durante el esplendoroso siglo X una edad pocas veces igualada de refinamiento cultural, le acarreó el dictamen de heterodoxia primero y la orden de destierro después, como suele pasar siempre que adviene un revolucionario resentido a arrellanarse en el cojín de tus padres, tipo miliciano del 36 en el Barrio de Salamanca. Cuando Ibn Hazm comprendió que de obstinarse en la política acabaría entregando el cuello al alfanje, decidió torcer por la filosofía, el derecho y la poesía amatoria, para enhorabuena de la Filología: confeccionó El collar de la paloma, híbrido de tratado filosófico sobre el amor, memorias y antología lírica que forma una de las cumbres más incontestables de la literatura medieval. En ella vemos compilado el saber humano disponible en la aristotélica Córdoba de su tiempo, que no es la Córdoba de las Tres Culturas ni falta que le hace, porque la cultura nunca es una ósmosis colectiva ni homogénea: no existe algo así como Cultura Uno saludando por el zoco a Cultura Dos; existen los individuos cultos cultivándose unos a otros. Hazm lo era y por cierto que pagó el precio.

Otro cordobés culto de quien la editorial Renacimiento de Sevilla acaba de publicar su obra más célebre, Guía para descarriados, fue el judío Maimónides, que vivió un siglo después que Ibn Hazm y al que el judaísmo considera el único rabino posbíblico parangonable a los autores del Viejo Testamento. Maimónides fue teólogo, filósofo, médico prodigioso y amigo de Saladino, pero lo que de verdad le caracterizó fue la lectura de Aristóteles, que le persuadió de la bondad del uso de la razón más allá de lo razonable en su tiempo. El fanatismo almohade invadió en 1148 la Córdoba otrora ilustrada, forzando a la familia de Maimónides a fingirse conversos al Islam y a cambiar de provincia andaluza cada tanto, no bien se atisbaban moros en la costa. Como judío en un Al-Ándalus mahometano e inteligencia de primer nivel, Maimónides dominaba el árabe tanto como el hebreo, el Corán tanto como el Talmud. Pero eso de meterse a exégeta coránico bajo el escandaloso presupuesto de la armonía entre fe y razón no gustó nada a los almohades, más partidarios de la literalidad pura, que siempre es el partido que toman los tontos. La comunidad hebraica más ortodoxa no se privó tampoco de anatematizar esa Guía para descarriados que propone al judío vacilante el uso resuelto de la razón natural para todos los ámbitos de la vida no intervenidos por el dogma de fe. Por el contrario los cristianos –en concreto la escolástica– sí valoraron en lo debido los esfuerzos de Maimónides hacia un sincretismo plausible entre aristotelismo y religión que no mucho después aprovecharía Tomás de Aquino con los monumentales resultados sabidos. Huyendo de los almohades fijó Maimónides residencia en Almería, y en ella cobijó a su admirado Averroes, cuyas tesis helenizadas tampoco despertaban digamos un entusiasmo paroxístico entre sus hermanos musulmanes. Y ahí tienen ustedes al moro más listo conviviendo con el judío más inteligente para edificación del cristiano más sabio y a escondidas del régimen más lerdo, que finalmente obligaría a Maimónides a exiliarse a Egipto.

Todas estas aventuras intelectuales y algunas más sucedieron en Córdoba en los albores del segundo milenio de nuestra era. Ahora que alborea el tercero queremos decir que la inteligencia y el conocimiento, al contrario de lo que piensan los pedagogos de progreso, no constituyen metas garantizadas al término de la carrera lineal de la historia, como tampoco constituirán nunca etapas superadas el dogmatismo y la intolerancia, porque la historia no es lineal y se repite como farsa. Queremos decir también que civilizaciones ha habido muchas, y religiones importantes tres, pero cultura sólo hay la que construyen los hombres solos doblados de codos sobre los libros clásicos. Queremos decir por último que el autodidactismo es la gimnasia crónica del hombre libre, y que sin ir más lejos Twitter está infestado de almohades.

(Publicado en Suma Cultural, 10 de junio de 2013)

Deja un comentario

Archivado bajo Suma Cultural - Revista Unir

Defenderé la casa de mi padre

Un jurado bruselense presidido por la señora Anni Podimata ha resuelto otorgar ex aequo el premio del Parlamento Europeo a la hueste prodemocrática de Ada Colau por un lado y a la Real Academia de la Lengua Vasca por otro, y yo creo que la señora Podimata no podía haber alcanzado un fallo más atinado, ni juntado dos candidaturas mejor hermanadas en la persecución de un ideal común.

Veamos. El conspicuo galardón, rezan sus bases, se concede “a personas u organizaciones excepcionales que luchen por los valores europeos, promuevan la integración entre ciudadanos y los Estados miembros o faciliten la cooperación transnacional en el seno de la Unión”. ¿Y qué duda cabe acerca de la excepcionalidad del euskera, cuya raíz lingüística se sigue buscando allende el Cáucaso, como acerca de la excepcionalidad del escrache, cuya raíz jurídica se sigue buscando allende el Código Penal? No cabe dudar tampoco de que la Plataforma de Afectados por la Hipoteca difunda valores europeos, porque Europa ha contenido y contiene valores de todo tipo, desde los valores cándidos de Francisco de Asís a los valores pelín exigentes de Robespierre, y tal es la vocación contenedora de Europa que se la conoce también como Viejo Continente. A lo largo de la historia cada cual lo ha ido llenando de los contenidos que ha estimado oportunos, del mismo modo que un becario voluntarioso llena de contenidos su blog balbuciente; otra cosa es que les quieran dar un premio a una prosa de becario o a una plataforma de acoso.

Leer más…

1 comentario

9 junio, 2013 · 19:02