Archivo de la etiqueta: ¿pero hubo alguna vez un billete de 500 euros?

La justa desigualdad

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Amancio genera tantas camisas como envidias.

Cada tanto, un titular arrojadizo nos pone en nuestro lugar dentro de la cadena trófica del capital. “Los tres más ricos de España tienen lo mismo que el 30% más pobre”, clamaba hace poco Oxfam, martillo de la avaricia. Aquellos tres eran Amancio Ortega, su hija Sandra y don Roig de Mercadona, en cuyos abisales bolsillos cabe tanto como en los de 14 millones de españoles. Estas vistosas estadísticas permiten poner el grito de la injusticia en el cielo de la redistribución, pero abochornan a la inteligencia. Son huesos que nos lanzan como a perros pavlovianos para que segreguemos indignación, aullemos lastimeramente y nos pasen la mano por el lomo de la conciencia. A ese hueso estadístico le falta la carne de la verdad.

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30 enero, 2017 · 13:03

La cuquería del bolchevique

"La coherencia es la obsesión de las mentes ruines". Lo escribió Emerson, pero pudo escribirlo, por consiguiente, Felipe.

“La coherencia es la obsesión de las mentes ruines”. Lo escribió Emerson, pero pudo escribirlo, por consiguiente, Felipe.

Me perdonarán que insista en ese anacronismo de la coherencia personal, pero me parece el argumento más convincente en tiempos de mudanza y arribismo. No es que no me conmueva el posado galante de Varufakis y señora, por no hablar del entrañable ascenso a diva ‘cuché’ de Tania Sánchez en ‘Yo Dona’. Los morritos ‘lomanos’ del coqueto Monedero ya me enternecen menos, porque suele abrirlos para emitir deseos atroces. Pero es que Syriza acaba de aprobar una amnistía fiscal para ricos evasores que parece remitida por Montoro (seguramente desde la sede de Cáritas), y uno pasa entonces de la ternura a la moderada indignación.

Hay otra izquierda, como por ejemplo la de José Mujica o la del Papa Francisco -y disculpen esta tosca rebaja del Evangelio a categorías políticas-, que predica con el ejemplo y se pone a vivir la primera bajo las condiciones que prescribe a los demás. Reconozco un arranque de cordialidad hacia Pablo Iglesias no por sus birlibirloques dialécticos sino al saber de su chocita serrana, así como comprendo el resentimiento del temporero andaluz hacia Felipe González cuando lo contempla a bordo del yate ibicenco, ligando bronce y puro en ristre.

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Algodoneros. Tres familias de arrendatarios

James Agee, reportero.

James Agee, reportero.

“O se hace literatura, o se hace precisión o se calla uno”, se equivocaba Ortega. Porque la literatura, si no es precisión, no es literatura. Una falacia muy asentada en la tradición periodística española encuentra incompatibles el estilo rico y el escrúpulo documental, la prosa frente a los hechos, cuando lo cierto es que sin una alta competencia idiomática quedan sin registro muchos matices de lo real. Cuando el trabajo verbal y la fidelidad fáctica coinciden en el mismo reportero sabemos que estamos ante un gran escritor, aunque haga literatura de observación. Lo fue James Agee (Knoxville, 1909-Nueva York, 1955), formado en Harvard, poeta laureado, Pulitzer póstumo de novela con Una muerte en la familia. En 1932 se colocó de redactor en la revista Fortune, la misma que vetó la publicación del largo reportaje sobre los algodoneros de Alabama que le había encomendado en 1936 y que se publica ahora en España un año después de haber visto la luz por primera vez en Estados Unidos.

Tras rehacerlo varias veces para volverlo más vendible, Agee se rindió y confinó el manuscrito definitivo al cajón donde lo halló su hija pequeña en 2003. Reutilizando aquel material sí logró publicar en 1941 Elogiemos ahora a hombres famosos, hoy un clásico del periodismo americano, pero la crónica original e inédita es esta que tituló Algodoneros. Su prologuista afirma que el motivo de la censura es un misterio, pero uno se lo explica perfectamente: se trata de una lectura explosiva, sostenida por un tono de furiosa serenidad, de incendiado laconismo que va detonando la indignación social en el lector sin ceder ni por una sola frase a la demagogia. Esto lo más extraordinario y lo más natural a la vez: que la potencia de la denuncia de Agee, su fuego moral arde en la pura, descarnada pero amena descripción de la jornada, el alojamiento, la comida, la ropa, la salud, el trato con los negros o los terratenientes de tres familias miserables de aparceros sureños en los años 30, cuando la Gran Depresión venía a agravarse por la abyección estructural, secular y propia, del esclavismo del Sur.

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16 junio, 2014 · 20:55

Rajoy ya nota el calor

Con el índice nombra barones, con el pulgar recupera la economía.

Con el índice nombra barones, con el pulgar recupera la economía.

Para ser ese país demoscópicamente harto de políticos y periodistas, el jaleo como de primer día de rebajas que se monta en el Congreso por el debate del estado de la nación está de lo más conseguido. ¿No sería una teatralización para afianzar el crédito dañado del sistema parlamentario? En vano busqué entre el gentío la barba de Garci o las gafas endiabladas de Évole. Pero lo cierto es que si las elecciones son la fiesta de la democracia, el patio de las Cortes se antojaba a mediodía un after-hours con derecho de admisión reservadísimo. Desde luego disimulamos bastante bien la famosa desafección hacia la política.

Un reportero logra acomodar el culo en la tribuna de prensa solo después de soportar la cola de acreditaciones, persuadir al departamento de prensa de que no trabaja para Manikkalingam, acreditar un buen juego de codos con los colegas para avanzar por los pasillos abarrotados, pasar el escáner de rayos X y probablemente otro de rayos UVA, reptar bajo la alambrada de espino y dirigir una caída de ojos reverencial a don Jesús Posada. Superados todos los filtros, accede uno al hemiciclo en el momento justo en que Mariano Rajoy está constatando que se ha invertido la dirección de la economía nacional.

Rajoy venía al debate a señalarse la espalda, porque un año después puede presentar datos para ello. Repasaba el jardín en que estamos metidos como el jardinero al final del invierno, cauto ante los restos del granizo pero optimista por la llegada de la primavera. Exponía con cuidado cada brote verde y depositaba luego la maceta en el suelo matizando que con cinco millones y medio de parados aún es pronto para decretar una semana de circo, naumaquia, cuentacuentos y juegos florales. Pero vamos, que el orgullo se le escapaba por las cinchas del traje. En la tribuna de invitados, un cortejo de barones o alfiles varios no tan pendientes de reparar en el jefe como de que el jefe reparara en ellos: Pío, Rudi, Monago, Fabra, Pedro Sanz, Herrera, los de Ceuta y Melilla e incluso Cospedal, que estaba tan guapa que no me atreví a saludarla en el patio y cuyo broche lila emitía destellos cegadores cada vez que Rubalcaba la llamaba cacique durante su réplica vespertina. Por la mañana, sin embargo, la oposición escuchó a Rajoy sin patalear, como si de verdad rigiera un protocolo diferente al de las sesiones de control de los miércoles. Esa formalidad duraría poco, como veremos ahora.

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26 febrero, 2014 · 0:01

Estamos todos un poco trufados

Eso declaró hoy, en la última intervención del insufrible debate de los Presupuestos, Cristóbal Montoro tras confundir a Carlos Salvador con un Sebastián, supongo que Miguel Sebastián, o bien el cangrejo de La sirenita, o el mayordomo de Clara, la amiga de Heidi. No se nos ocurren muchos más.

–Estamos todos ya un poco trufados.

Pero olvidó usted el suplemento del verbo, don Cristóbal, que es lo que conferiría algún sentido a la frase: ¿trufados de qué? ¿Trufados de dinero, como asegura Botín, suponemos que por experiencia? ¿Trufados de cifras a favor y de realidades en contra? Hemos superado la recesión, dice el Banco de España, pero quizá lo que quiere decir es que estamos trufados de recuperación económica, que es una fórmula más compasiva con los hechos, menos pretenciosa que declarar con entusiasmo la inauguración de la prosperidad.

Por eso, a falta de suplemento don Cristóbal enunciaba esta mañana una verdad espontánea con su frase a medio construir. Estaban sus señorías tan trufadas por día y medio de debate presupuestario que tras la frase de Montoro se procedió a la votación a fin de evitar que la trufa nacional se desbordase definitivamente.

A las nueve de la mañana se reanudaba la sesión abierta en la tarde del martes y el hemiciclo comparecía desértico como pedía la ocasión, porque eso de que la Ley de Presupuestos es la cita más importante del año legislativo no pasa de fanfarronada administrativa, de postureo de funcionario. En términos políticos se trata de una sesión amortizadísima por la mayoría gubernamental, y en términos retóricos lo mismo porque los portavoces llegan vaciados al escaño después de pasar semanas criticando las cuentas en las radios y en las teles.

Los pocos diputados montaraces que no tenían otra cosa mejor que hacer que asistir al debate parlamentario de los Presupuestos Generales del Estado estaban mentalmente muy lejos de allí, deslizando el dedo por el iPad, leyendo El País o hablando por el móvil como Casillas en el banquillo: tapándose la boca. Toni Cantó (o Cantuvo) consultaba (¿incendiaba?) Twitter, otros escribían en su portátil, Sánchez Llibre tomaba notas, Irene Lozano llegaba tarde embutida en una bata galáctica, el diputado popular Javier Puente –así apellidado porque colinda con el Mordor parlamentario que empieza en Amaiur– le preguntaba cosas al portavoz abertzale Larreina, Soraya Rodríguez se acercaba al escaño de Rosa Díez y esta le elogiaba la falda, una diputada de vaqueros burdeos se cambiaba de asiento para poder tener a alguien con quien charlar y el resto sesteaba con los ojos abiertos. Y tampoco estamos seguros de que no llevasen gafas con pupilas pintadas.

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23 octubre, 2013 · 16:35

Rajoy: “Mira cómo tiemblo, Bárcenas”

Bárcenas pena en el maco y los medios insisten en sentar el culo del Partido Popular sobre un volcán de indiscreción vengativa, pero todavía no han apostado a sus reporteros bajo los ventanales de Génova para grabar los suicidios en cadena de portavoces, secretarios y bedeles.

–Como cante Bárcenas, verás. La cárcel suelta la lengua. Están todos metidos hasta el culo.

Eso piensa la calle y eso se esfuerzan buenamente los medios por alimentar. Pero uno aquí sólo advierte el desmesurado influjo de la ficción en la sociedad moderna, que yo achaco a las noches de claro en claro que pasan ahora los periodistas absortos en las series de la HBO, lamiéndose las heridas de un tiempo ingrato. La realidad, señores, se llama Mariano Rajoy, y se trata de una realidad tan gris y predecible y refractaria al suspense como lo es la realidad real, para curarnos de la cual se inventó precisamente la narrativa.

Con Bárcenas en el trullo, Rajoy puede estar tan nervioso como la Duquesa de Alba con la crisis. ¿Cuántas veces habremos de glosar la impasibilidad mariana, el fenómeno más fascinante de la política española desde la irrelevancia zapaterina? No es que Rajoy esté por encima de lo que suceda en su partido; es que está por encima de lo que suceda en su sistema nervioso, y eso a mí me parece admirable. Yo pienso que Rajoy va a ver pasar todos nuestros cadáveres por delante de La Moncloa, incluyendo el cadáver de la crisis. Y ni siquiera lo va a celebrar, por no regalar titulares a tontas y a locas.

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30 junio, 2013 · 18:11

Al PP le falta relato

De los creadores de la “Iglesia tiene un problema de comunicación”, llega con fuerza a las tertulias: “Al PP le falta relato”. El relator que relate al PP, buen relator será. Relato es el palabro cursi de curso impune que empezó a sangrarnos en los oídos a cuenta del fin de ETA, convertido en un certamen literario donde el jurado no son las víctimas sino los terroristas presos que cuentan con los dedos el número de años de condena como si contaran las sílabas alejandrinas de la Sonatina de Darío. De la doctrina Parot a la cesura del cese definitivo y al hemistiquio de la reinserción.

Qué coño el relato, señores. La Iglesia tiene el mismo problema de comunicación desde hace veinte siglos; miren si lo tuvo que a su Líder lo crucificaron por ese mismo problema. Malo será cuando la Iglesia, cuyo mensaje es literalmente extraterrestre, deje de tener un problema de comunicación, como alertaba Nicolás Gómez Dávila en los borrascosos días del Concilio Vaticano II: “No habiendo logrado que los hombres practiquen lo que enseña, la Iglesia ha resuelto enseñar lo que practican”.

Rajoy no es el Papa, probablemente porque no se lo ha propuesto todavía, pero su política comparte con el cristianismo el problema de la ininteligibilidad. Cristo nos pide poner la otra mejilla como don Mariano nos exige poner el otro bolsillo, y a ambos mandamientos reacciona con natural desagrado nuestra humana condición. El relato es el racional intento del hombre por introducir orden en el caos, pero el caos tiene que poner algo de su parte en el juego creativo. Y no digo que la política de Rajoy sea caótica, sino que carece de relato porque es una política de ciencias y no de letras: un problema puramente matemático que no se puede narrar. Llevamos dos años dando Álgebra sin parar, castigados sin el desahogo de la clase de Literatura, y lógicamente acabamos gritando que al PP le falta relato. Pero es que en eso consiste la tecnocracia: no en que al PP le falte relato, sino en que directamente le sobre.

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16 junio, 2013 · 13:17

La venganza de Rajoy se sirve fría, como el gintonic

Me ha sorprendido el tipín de Rajoy visto desde la tribuna de prensa del Congreso, de donde he estado ausente tres meses que el presidente ha aprovechado para reducir el déficit y apretarse el cinturón de cara al verano, porque contra lo que se dice yo advierto en Rajoy una coquetería sutil que se distingue del postureo más teatral de Toni Cantó. Cantó –o Cantuvo, que dice Hughes– ahorra en corbatas para transmitir desenfado por si le apunta una cámara, y Rajoy ahorra en general para evitar el enfado con que le apunta otra cámara, en concreto la del Reichstag. La legislatura de Rajoy acusa por tanto el rigor de una operación bikini perpetua, no sujeta a estacionalidad, y Rajoy ha somatizado su política hasta presentársenos descarnadito, aunque todos sabemos también que el plasma engorda.

Además de delgado, conciliador. El primer diputado opositor del orden del día le ha preguntado por qué tanto empeño en legislar sin consenso, que es lo que más molesta de las mayorías absolutas, pero va el presidente y en vez de señalarse los votos como Cristiano el muslo murmura al borde de la disculpa que está dispuesto a hablar. Lo hace con ese rumor quedo que complica la vigilia del periodista madrugador, y es que a Rajoy no le gusta el protagonismo ni cuando responde en el Parlamento y prefiere sonar de fondo como dice Jabois, quien me ha firmado su nuevo libro bajo los inspiradores disparos de Tejero que veía por primera vez. Rajoy también ha tendido la mano a Sánchez LlibreDuran no estaba, y eso siempre es un problema pues se pierde la referencia del momento apropiado para salir a fumar, que coincide normalmente con su pregunta– a cuenta de una propuesta de microcréditos para pymes y autónomos, y no satisfecho con el despliegue de cortesía realizado se ha mostrado “dispuesto a llegar a un entendimiento” con Rubalcaba para llevar a Bruselas un plan presupuestario concertado por el máximo número de partidos.

Todo este derroche rajoyesco de talante, creo yo, no es más que una fría venganza contra Aznar, abundando en la rabia con que desde las Azores debió de contemplarse la foto parisién con Felipe. El peligro que corre Rajoy si persiste en su huida hacia delante de empatía socialista es que acabe levantándole las primarias a Madina, a quien Gallardón, tras citarle en la cara a Indalecio Prieto y a Lincoln –Gallardón cualquier día rompe a hablar en latín–, ha animado a “liberarse de los prejuicios del pasado”, que es la perífrasis más elegante que he oído para aludir a Rubalcaba.

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29 mayo, 2013 · 17:17