Venga, amor

«Come on, love. It’s over», escuchó un Boris Johnson en pico de negación de labios de su mujer. Los tories tuvieron que acudir a Carrie para hacer entrar en razón a su jefe muerto pero no enterrado, que pretendía seguir batallando sin piernas y sin brazos como el caballero negro de los Python. Es una suerte que los políticos tengan familia, porque a veces la familia tiene que terminar el fúnebre oficio que empieza la opinión pública, continúa el partido y debiera concluir el protagonista del funeral. La idea escandalosa, ofensiva, de que hay vida después del poder difícilmente se abre paso en la mente de ningún presidente nublado por su propia imagen en el espejo de un palacio que por democrática definición es de alquiler. Asumir la condición de inquilino resulta especialmente arduo para el cerebro narcisista, que no considera el poder como medio sino como fin. Que entiende el servicio público como la sumisión natural del pueblo a su carisma, y no al revés. Después de Trump y del Borexit, ojalá tienda a menguar esa clase demasiado común de criaturas taradas por el exceso o por el defecto que se meten en política para alargar el privilegio de una infancia mimada, cuando sus deseos eran órdenes.

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11 julio, 2022 · 8:30

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