España sintiente

A todos nos pesan las piernas como si ascendiéramos enero por una colina de almohadas, pero para algunos españoles todo el año es enero. Para los jóvenes, por ejemplo, que no encontrarán empleo esta primavera y tampoco piso con el bono bobo del Gobierno: los arrendadores procederán a repercutirlo sobre el precio del alquiler como ha hecho la especie desde que especuló con la primera cueva. Ser joven en España es una tarea dura que obliga a prolongar la adolescencia o a demorar la madurez para evitar sustos. A la suspicacia secular con que los miran cuantos dejaron atrás la juventud, divino tesoro, se le añade el histórico desdén de los gobiernos, que no se fían de votantes tan tornadizos, si es que salen a votar. El joven es el outsider ibérico por antonomasia, un sospechoso habitual que sólo cobra estatuto de sujeto político si se radicaliza, si se lía a quemar cajeros o a fundar naciones, pero del que mayormente se espera que esté mamándose en un aparcadero, embebido en el TikTok o explorando la mina trucha del bitcóin. Luego le preguntan qué opina de la democracia y prefiere el rollo de Putin, normal, más divertido.

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20 enero, 2022 · 10:11

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