Archivo mensual: febrero 2020

Se declara desierto el Premio Gistau

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En el boxeo.

Pero dejemos la anécdota memorable en el cofre de la intimidad y hablemos de la obra de Gistau, que es lo que ha de quedar. Si el estilo es el hombre y el carácter es el destino, David estaba obligado a llevar al folio su temperamento, que no es fácil de categorizar. Una buena parte de republicanismo afrancesado, una porción de americano vocacional, otra de casticismo de Chamartín y un torrente de sangre jacobina. Gistau no distinguía entre alta cultura y cultura pop, de modo que en la coctelera de sus referencias nadan mezclados Woody Allen, una legión romana, el Maradona previo a su narcodegradación, las camisetas de Motörhead, el madridismo ochentero, las novelas de Salter y los reportajes de Mailer, el Ali que meó sangre de por vida tras vencer a Frazier en Manila, un torero llamado Mazzantini que decía que era su antepasado y todos los clanes mafiosos que caben en la geografía del sur de Italia. Y ahí se alimentaba, más o menos.

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13 febrero, 2020 · 9:48

Ministerio de Fomento de la trola

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Paseíllo.

La primera sesión de control de la legislatura debió haberse celebrado en Barajas. En concreto en la sala vip, con un pelele de Delcy y otro de Ábalos accionados por la oposición para recrear todas las versiones de una misma mentira como un guiñol grotesco. El ministro de Fomento, con esa voz suya en la que el carraspeo es la norma y la verdad es la excepción, fue el protagonista involuntario de la matinal; hasta Sánchez se quedó a ver cómo respondía, dicen que para apoyarle, yo sospecho que para vigilar que no le acabara delatando en la enésima versión. Ábalos salió vivo como Sánchez salió vivo de la tesis o Delgado del submarinismo por la cloaca: por la falta de vergüenza, que hoy es el primer requisito para el éxito político, si no lo fue siempre.

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12 febrero, 2020 · 17:11

Nunca bajarás del ring

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Kiev, 2018.

Yo no tengo corazón para hacer esto. Yo no quiero escribir sobre David como si David no fuera a leerme mañana, porque aquí todos escribimos para alguien. Yo no puedo conjugar los verbos en pasado cuando me refiero a él, porque las palabras crean las noticias y hay palabras que deberían pronunciar siempre los otros y hay noticias que no se deberían dar jamás. Fue David quien me enseñó que un columnista que se precie nunca sonríe en su foto del periódico, pero eso es una cosa y otra distinta es empapar estas teclas que odio como un huérfano torpe al que le han abandonado de pronto las frases, el oficio y la alegría.

David, por supuesto, se avergonzaría. Cuando murió Jorge Berlanga, escribió de su compañero de contraportada el más aséptico de los obituarios porque así se lo pidió Jorge desde la cama terminal del hospital. A diferencia de la nuestra, la suya es una generación que aprendió la insinceridad espantable de la cursilería. Recuerdo un día, en los tiempos en que le daba la tabarra propia del aprendiz, que se rió de mí cuando le propuse que habláramos de poesía, como si los versos fueran un pasatiempo de nenazas. Pero el dominio del lenguaje de Gistau no se aprende en los gimnasios, donde a cambio se aprenden otras cosas.

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10 febrero, 2020 · 22:40

Tregua poética con Leonor y sin Rufián

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Instituciones.

En el mismo instante en que las Cortes declaraban solemnemente abierta la XIV Legislatura, el tráfico aéreo se cerraba en el aeropuerto Adolfo Suárez por culpa de un dron. Sabemos que la coincidencia temporal no supone causalidad, pero convendremos en que favorece la metáfora. Ausente el separatismo por propia voluntad, la liturgia regresó tímida y fugazmente al Hemiciclo para acoger el discurso de la primera y de la tercera autoridad del Estado, esto es, de Felipe VI y de Meritxell Batet. Y si por una mañana nuestra democracia pareció capaz de honrarse a sí misma en el delicado ritual de su forma, quizá solo fue posible porque ni estaban los informales ni le tocaba hablar a su socio, segunda autoridad del Reino empeñada en eclipsar a todas las demás.

Sí estaban, en cambio, los parlamentarios de Podemos. Alberto Garzón, impecablemente encorbatado, mostraba al mundo el apasionante viaje que conduce del escrache antisistema al aplauso monárquico con solo sentarse en el Consejo de Ministros. Ah, la legendaria generosidad del Sistema. También aplaudían borbónicos perdidos Pablo Iglesias e Irene Montero: desde Carrillo no tributaba el comunismo español un reconocimiento así a la Monarquía. Bien está, aunque la mayoría de sus correligionarios mantuviera las manos pegadas a las piernas por lo que pudieran decir en Bolivia, suponemos. Manuel Castells ha vuelto de sus novillos. Echenique en primera fila de apuntador automático. La Reina Letizia apareció perfecta como suele, y sus dos hijas permanecieron quietas y atentas en sus butacas rojas, muy imbuidas de su misión. El hieratismo infantil siempre tiene algo antinatural, pero es que la propia democracia parlamentaria es un artificio civilizatorio: lo natural es matarse. En la tribuna de invitados descubrimos a los dos únicos padres de la Constitución que permanecen entre los vivos, Miguel Herrero de Miñón y Miquel Roca, como dos vips de palco contemplando quizá los minutos de la prórroga de su criatura. Sonó el himno, y en ese trance ninguno rivaliza con la apostura castrense de Abascal, la barbilla fuera, los puños cerrados.

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3 febrero, 2020 · 17:33

Brexit, licor nacional

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Nacionalista.

Hablar del Brexit, diría Galbraith, es como mearse encima: uno nota el calor, pero nadie más se da cuenta. Y sin embargo el Brexit somos todos. Aquel referéndum inauguró una época de la política occidental, todos viajamos en esa desgajada balsa de piedra a lo Saramago. El cóctel de globalización económica, manipulación algorítmica y nostalgia nacional es la bebida más embriagadora de nuestro tiempo, aunque cada país lo sirve según sus usos y costumbres.

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2 febrero, 2020 · 23:20