Manual de venganza

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El momento y el semblante de la jura: 1 de octubre de 2016.

Lamento que Sánchez no haya escrito su libro porque solo Sánchez puede explicar la mente de Sánchez. Por muy cercana a él que se sienta Irene Lozano, ningún hagiógrafo puede arañar el blindaje de sus emociones o justificar el sentido de sus bandazos. Una súbita luz, sin embargo, me ha revelado la arcana razón de su comportamiento, esa que los analistas persiguen sin éxito porque se obstinan en encontrarle una lógica política a lo que solo es una afección psicológica.

No digo que Sánchez esté loco. Gente que le conoce me insiste a menudo en un trastorno clínico de personalidad narcisista, pero grandes líderes de la historia lo han sufrido en igual o mayor grado: la psicopatía no te convierte sin más en Napoleón, como queda demostrado a la vista de un Sánchez. Además hace falta talento. Y no es lo mismo ser Napoleón que ir voceándolo por el psiquiátrico. Lo que explica esta olímpica defecación en la ética de la responsabilidad que llamamos sanchismo es una desdicha personal que en algunos caracteres echa negras raíces: la expulsión de tu propia tribu. Cuando los socialistas echaron a Sánchez en octubre de 2016 no sabían lo que estaban creando. Cierto: no podían seguir bajo su mando si aspiraban a conservar una identidad política reconocible, pero no se ocuparon de desactivar también la espoleta retardada de las primarias, que en tiempos de cólera populista no son sino una garantía de darwinismo invertido para la supervivencia del más tóxico. Y así, Sánchez regresó al trono de Ferraz.

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1 comentario

10 febrero, 2019 · 11:04

Una respuesta a “Manual de venganza

  1. Oscuro y tormentoso se presentaba el reinado de Witiza

    El impagable ‘semblante’ de la foto recuerda al de otro personaje cuya razón suficiente se nos escapa: Luis Alfonso de Borbón. No sé si es para tanto su narcisismo. Todo el mundo tiene el suyo, generalmente escondido, según sentencia de Clint Eastwood. A mi me produjo curiosidad la violencia con que PS desalojó de sus, llamémoslas granjerías a su antecesor Tomás Gómez -alto, con bonito pelo, de damas tan bien servido…¿?-. El juego que juega ahora me da la sensación de que ya lo he visto. Y las novelas de García Pavón, por muy limiitado que sea o parezca, merecen un respeto: para sus impertinenteCs colaboradores. Claro que esto de la impertiencia parece un poco lo mismo del narcisismo: todos tenemos etc etc

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