Zurda fobia a España

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Duelo de soberanías con Despeñaperros al fondo.

Entre Pedro y Susana ha estallado la paz, y lo sentimos. Su pelea era la última esperanza que nos quedaba de limitar algún día el número de naciones que contiene España. Ahora proliferarán las soberanías al norte de Despeñaperros, cada una con su hecho diferencial y su identidad histórica, que es la manera genial que ha encontrado Sánchez de llenar la España vacía. A falta de individuos físicos, la va a petar de espectros nacionales. Cada mañana los españoles actualizaremos en el teléfono el diseño territorial del Estado, igual que consultamos la previsión meteorológica, más que nada para no invadir a nadie sin querer al salirnos de la M-50.

A la amenazada especie del socialista ilustrado -ese lince ibérico atropellado una y otra vez por el sanchismo- le frustra la degradación de su vieja sigla. Por eso se va Madina. Pero antes de derramar lágrimas socialdemócratas debería preguntarse por el momento exacto en que empezó a joderse el PSOE, vencido hoy bajo el peso de una letal hispanofobia que se remonta -como explica María Elvira Roca– a la traición de los afrancesados, ganados por rencor o por dinero para la causa extranjera de la leyenda negra. A Pedro Sánchez no le cabe siquiera el mérito de resultar original o decisivo en el natural progreso de ese daño; lo único que él ha descubierto es una capa desconocida de dureza en el rostro vulgar del trepa ibérico.

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2 comentarios

31 julio, 2017 · 8:43

2 Respuestas a “Zurda fobia a España

  1. no creo que las sirenas cantasen por mi

    Elvira Roca ha sido capaz de hacerme pasar una tarde de domingo engolfado en un libro, el suyo, antes que preguntándome retóricamente ‘por qué’, urbi et orbi, como una víctima en el baldío. Haciendo atención a la bonita expresión de Rosa Lida que usa, el ‘vértigo bibliográfico’ , me atrevería a recomendarle un libro de Austral -también encantadores, aunque sólo al alcance de coleccionistas o gente con bibliotecas de varias generaciones-. que recopila algunas conferencias de Menéndez Pidal, ‘El padre Las Casas, Vitoria y otros temas’ , donde denuncia el comportamiento genuinamente español del obispo cuando atrapado en un renuncio avisa ‘o jugamos todos o rompemos la baraja’ -comportamiento que suele anunciar, en primer lugar, las trapacerías previas de quien lo invoca.

  2. Hubo un paraíso plantado cerca de casa

    Le recomendaría a la exhaustiva y entretenidísima María Elvira que indagase un poco en los reportajes de Naipaul -antes de que sea tarde, porque él es un fin de raza literaria- para darse cuenta de cuán poco importaban/importan los nativos a franceses e ingleses del Caribe a la hora de colonizar un territorio. Seguramente nada que ella no supiera ya, pero la prosa acerada del indio de Trinidad es muy buena si necesitas enfriar los ánimos. Es más efectiva su prosa como animo injuriante que la de esa canalla con la que, a mi parecer, pierde el tiempo

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