Archivo diario: 4 abril, 2016

Marianismo: el reto final

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“Hay que elevarse, don Jordi. Elevarse”.

Esta semana fue hallado el cadáver de un delfín en la Casa de Campo. El CSIC abrió una investigación para determinar su especie pero, de momento, no ha podido confirmar que se trate del delfín del PP. Podría serlo porque Rajoy no deja vivos a sus delfines, del mismo modo que el general Narváez en su lecho de muerte replicó al confesor que le conminaba a perdonar a sus enemigos:

-No puedo. Los he fusilado a todos.

El marianismo es el único movimiento político que no se mueve, no avanza ni retrocede, ni admite por tanto su propia sucesión. Esta cualidad fascinante que algunos llaman resiliencia o tancredismo desespera a los ambiciosos de varias generaciones que desean el cetro del PP. El último delfín en desesperar ha sido Núñez Feijóo, que al anunciar su tercera concurrencia a las urnas gallegas renunciaba lealmente -de ahí las lágrimas- a la sucesión de Rajoy: su amigo, su jefe, su tope.

Si algo nos ha enseñado la Historia es que quien se impacienta contra Rajoy acaba perdiendo. Gallardón fuera, Aguirre sin mando, los aznaristas en el ostracismo, los jóvenes de atrezo, las mujeres al frente de Génova y Moncloa mirándose de reojo… Delfines que don Mariano ha ido disecando, herederos a los que aspira a heredar aun cuando, elección tras elección, el botín de votos vaya menguando. Aun cuando el tratamiento de la corrupción empuje a los Casado o Maroto a romper filas en la cofradía de la Santa Omertá. ¿Autocrítica? En Moncloa reconocen que Rajoy «debería haber sido más simpático. Se encerró aquí. También hay que hacer algo con el voto joven: nos votan sobre todo pensionistas y currantes. Lo de Bárcenas no lo hicimos bien». Y pare usted de contar.

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4 abril, 2016 · 13:16

Azúa contra la élite

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Barcelona, 2016. Auto de fe al estilo alemán.

De todas las acusaciones vertidas contra Félix de Azúa, la menos exacta es la de elitismo. No hay que ir muy lejos en la polémica entrevista; en la segunda respuesta afirma: «La gente tiene fascinación por el lenguaje. Son las élites las que son analfabetas y hacen lo posible por destruirlo». La élite que ostenta el poder en Barcelona hoy se llama Colau, y es contra la mediocridad de esa élite contra la que protesta el represaliado por los perros pavlovianos de guardia.

Hace tiempo que en España caducó la clásica dicotomía orteguiana entre masas y élites. Aquí las masas ya están alfabetizadas y las élites dejaron de estarlo como deberían. La clase media, pese a la crisis, goza de oportunidades que antaño eran privilegios gracias al efecto nivelador del capitalismo y de la democracia socioliberal, algunos de cuyos frutos se llaman Google o Estado de Bienestar. A la vez que la condición de los humildes mejoraba, el espíritu de los potentados se empobrecía, volviéndose indistinguibles el rico y el nuevo rico. Y sin embargo, cierta izquierda sigue creyéndose abogada de famélicas legiones y cierta derecha sigue pensando que encarna alguna forma de aristocracia intelectual. Dos formas de quijotismo.

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4 abril, 2016 · 13:03