Archivo mensual: marzo 2016

‘Homo lupo homo’

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Lobo aullando por salir de la Puerta del Sol.

Los domingos, al objeto de mantener mi apolínea silueta, suelo acudir al gimnasio para correr en la cinta, manipular cosas pesadas y entregarme a villanías por el estilo. Con el fin de elevarme de la condición de hámster a la que tan ingratos ejercicios me reducen, me pongo los auriculares y escucho documentales de filosofía a modo de compensación espiritual. Yo preferiría no tener que reservarme para mí las teorías de los grandes genios del pensamiento, sino que éstas fueran difundidas a través del hilo musical del gym, lamentablemente copado por los gorgoritos de Taylor Swift y las guturalidades de Pitbull; pero los atléticos muchachos que regentan el local no comparten mi punzante curiosidad por la síntesis entre materialismo y platonismo de Santayana o la estructura del control social en Foucault.

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14 marzo, 2016 · 11:42

Zidane contra Zidane

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«Presi, déjame hacer».

El primer reto de un entrenador es la credibilidad, pero a Zidane le acompaña una leyenda. Y no una de esas leyendas vulgares que uno se crea inventando amantes para durar en las tertulias, sino una forjada a base de ganar Mundiales y Eurocopas y meter voleas en finales de Champions. Si Zidane no hubiera cometido todas esas enormidades, ahora sería más creíble como entrenador. Pero las cometió: hay vídeos en YouTube que enseñan goles aparatosos y copas alzadas bajo lluvias de confeti. Así que hoy Zidane debe dedicar todas sus energías a desmontar el pedestal de su leyenda como jugador para poder ganar el cimiento de su autoridad como técnico.

Zidane ha identificado el camino para ser visto más como entrenador que como futbolista: marcar distancias con su divina plantilla. Allanar las desigualdades bajo la única ley de la meritocracia. Si Lucas Vázquez se aplica más que James, juega Lucas. Si Casemiro suple con compromiso la negativa a defender de los mediapuntas, juega Casemiro. Si hay que cambiar a Cristiano en el 80 -no mucho antes, que la falta de tacto mató a Benítez-, se le cambia. Son decisiones tan razonables que su misma pertinencia se impone al aficionado sensato, y en consecuencia a la propia directiva. A Florentino le disgusta que el James de los 80 millones no esté en forma, pero es de lerdos o biliosos creer que el presidente antepone una titularidad pintona al rendimiento del equipo. Por disparatado que parezca, a Flóper le gusta ganar títulos aparte de dinero. Si es que hay diferencia.

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13 marzo, 2016 · 13:21

Nueva política según Homero

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Errejón atado al mástil para no oír a las sirenas radicales de su partido.

Hay que ver lo que la realidad ha hecho con don Alexis Tsipras. Contemplad, podemitas, el prodigio obrado en él. Sólo ha transcurrido un año entre aquel amanecer nietzscheano en que levantó acta de defunción de la Troika y este crepúsculo realista en que defiende la necesidad de deportar refugiados a Turquía, pasando por sus ronroneos en la pernera del FMI cuando lo de Davos. Sería Tsipras un griego paradigmático en quien se suceden dos héroes opuestos: el pendenciero Aquiles de la ‘Ilíada’ que ganó las elecciones desafiando a los dioses y el flexible Ulises que retorna a la Ítaca del crédito negociando con inteligencia. El trecho metafórico que separa al rudo guerrero del astuto navegante cifra el paso del mito al logos, de la utopía a la praxis. De la adolescencia a la responsabilidad. Del populismo a las instituciones.

Toda fuerza populista experimenta crisis de crecimiento en las que la voz no termina de modularse y la barba no acaba de salir. Paradójicamente, es el sector liderado por el lampiño Errejón el que más rápido madura, superando la retórica calimochera de fiesta del PCE y aceptando con todas sus consecuencias la efigie de diputado que el espejo -y la nómina pública- les recuerda. Mientras que Iglesias regresa con demasiada frecuencia al narcisismo estudiantil de Guerra Fría y megáfono caliente. Hay un alma parda en Podemos con el reloj parado en los 70 que si mira a Grecia se avergüenza de Tsipras y se excita con Varoufakis, ese Peter Pan de moto y chupa que sale a 53.000 napos por conferencia. Ya se sabe que la ficción vende más que el ensayo.

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Esta semana Rubén Darío en El Parnasillo de COPE, en el centenario canéforo de su muerte

Comentario en COPE sobre el 11-M: una herida española que no cicatriza

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11 marzo, 2016 · 10:38

La cosa es participar

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«¡Que participes!»

Don Gregorio Planchuelo, director general de una cosa llamada Participación Ciudadana, me informa por carta y de tú a tú (al usted en la nueva política le ha pasado lo que al castellano en la Cataluña administrativa) de que parte del presupuesto municipal ahora se va a destinar «a lo que decida la ciudadanía». Y para que conste que yo mismo pertenezco a semejante abstracción, don Gregorio me facilita un código personal para acceder a la plataforma decide.madrid.es, desde la cual puedo incluso «hacer propuestas de gasto y dar apoyo a las iniciativas de otros ciudadanos». Y ciudadanas, por supuesto.

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9 marzo, 2016 · 18:08

El Empecinado, o el orgullo del arroyo

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El héroe en el pincel de Goya.

Ganar una guerra es la manera más segura de escribir la historia, según quiere el famoso adagio. Pero pocos hombres legaron, además de su nombre al panteón de guerreros ilustres, también su apodo a la psicología popular, al mismo tiempo que su peculiar táctica de combate al vocabulario universal de la estrategia bélica. Estas tres hazañas juntas le fueran concedidas a Juan Martín Díez, el partisano que venció a Napoleón empecinándose en una guerra de guerrillas antes de despertar del sueño de libertad y toparse con Fernando VII, que traía consigo las cadenas para su pueblo y la horca para su héroe.

De niño me fascinó la vida de este guerrillero de fiero mostacho y vida trepidante, siempre entre la gloria y la condena, ese brusco vaivén tan español y tan siglo XIX. Quizá todo empezara por el libro que mi padre me regaló en mi primera Feria del Libro: Fray Perico, Calcetín y el guerrillero Martín, donde el fraile ficticio y el combatiente histórico cruzaban sus destinos en plena Guerra de la Independencia. Hubo un tiempo en que los niños no solo leían, sino que se les daba a leer cuentos sobre la historia de España y no solo magia con hormonas. De Barco de Vapor al episodio nacional que Galdós le dedicó fui saciando mi curiosidad y alimentando una púber vocación de emboscador de franceses sin reparar en que mi país ya había entrado en la OTAN, y por tanto Francia era nuestro aliado.

Le llamaban “empecinado” por el cieno o pecina que perfumaba las aguas en descomposición del riachuelo que atravesaba su pueblo natal: Castrillo de Duero, provincia de Valladolid. Me encanta el simbolismo del detalle: a uno de nuestros héroes decimonónicos más indiscutibles le recordaban cada vez que le llamaban que era hijo del fango, un paria del arroyo, pero cuando fue ascendido a mariscal firmaba “Empecinado” con el orgullo crecido. Esa raza ya no se estila.

Se conoce que un soldado gabacho violó a una del pueblo y por ahí no pasó. Tirando de amigos y familia, Juan Martín armó una cuadrilla y se echó al monte a hacer la guerra por su cuenta, como buen español. Más tarde se enrolaría en el ejército regular, pero algunas batallas perdidas le persuadieron de regresar a su método, que se reveló eficacísimo: su dominio del terreno por todo el frente castellano le permitía tender emboscadas, interceptar correos, apresar convoyes y convertir en general su nombre en una pesadilla para los mandos napoleónicos. Cuando uno de ellos atrapó a su madre para exigirle que se entregara, el hijo capturó a cien franceses y respondió que o soltaban a mamá o los fusilaba a todos allí mismo.

Lograda la victoria continuó la guerra por medios políticos, pero esa trinchera exige más fortuna que coraje. Liberal comprometido con la Pepa, partidario de Riego, gobernador de Zamora, desterrado a Portugal con la restauración absolutista, el rechazo del título nobiliario con que fueron a sobornarlo terminó de enojar a Fernando VII. Todavía camino del cadalso logró romper las esposas y arremeter contra la soldadesca realista; reducido con una maroma, el golpe de soga al cuello fue tan violento que sus alpargatas salieron despedidas.

Goya lo retrata como el héroe que fue: paleto hasta la nobleza, irreductible hasta el martirio. Empecinado.

(Publicado en La aventura de la historia, número 209, marzo de 2016)

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6 marzo, 2016 · 9:30

Y los cielos, todavía por asaltar

PORTADA EUGENIO

Nueva política española.

Es una pena que haya terminado la semana porque los cronistas parlamentarios no volveremos a pasarlo tan bien hasta el próximo golpe de Estado. La HBO está tardando en comprarle los derechos de emisión a Patxi López, porque estas sesiones hispánicas emitidas en bruto iban a dejar las audiencias de Los Soprano a la altura de un docudrama iraní. Qué espectáculo, qué interpretaciones. Sus señorías le han tomado la medida al pobre Patxi como a un árbitro recién ascendido y le embarran la cancha con desfallecimientos de damisela a la que se le ha cuestionado la virginidad. Y el neófito presidente pica y les abre el micro hasta que su autoridad empieza a evaporarse por los balazos de Tejero. O aprende a imponerse a este parvulario o va a tener que sustituir a los bedeles por geos.

Quien actuó sin convicción fue el galán Sánchez, que leyó su discurso de un modo apresurado y funcionarial, demasiado consciente de protagonizar un trámite. De nuevo fue Rivera el que puso orgullo a lo acordado, esas 200 medidas que son la única política fáctica que han trenzado nuestros representantes desde el 20-D. Don Mariano subió a la tribuna y remató al candidato con el mismo tono vitriólico que destapó el miércoles, aderezado con puyas al voluntarismo de Ciudadanos. Para hacer más verosímil la doctrina de la pinza -que no es más que una confluencia de intereses desde los polos naturales del mapa político, al modo en que el Ártico y el Ántártico resultan igual de fríos aunque se encuentren en las antípodas-, don Mariano ya invoca a «la gente» en el mismo sentido patrimonial que ha puesto en circulación Pablo Iglesias. Al volver al escaño bajo el palmoteo azul, se volvió hacia los suyos y subió ostentosamente el pulgar hacia arriba repetidas veces, en un gesto nada marianista que escamó por su sabor a mutis. Pero calma: es Rajoy.

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5 marzo, 2016 · 18:06

Florentinismo de centro

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«¿Usted en un córner tendrá ventaja, ¿no?»

El florentinismo es una ciencia tan apasionante como el marianismo que, como él, versa sobre el poder y su conservación, asunto de casi todos los buenos relatos antes y después de El Padrino. España, país inclinado a la bipolaridad, puede dividirse hoy entre florentinistas y antiflorentinistas. Y los medios reflejan ese frentismo que a la postre atenaza al aficionado no alineado en una pinza de encono como la que ha colgado a Pedro Sánchez del tendedero de la ropa tibia. Sin embargo, como en el Parlamento, existe una posición intermedia que aspira a tender puentes entre los defensores graníticos del florentinismo y sus detractores más ciegos. Podríamos llamarlo florentinismo de centro. Esta posición, verdaderamente revolucionaria en un país capaz de trasnochar solo para odiarse y de madrugar para retomar el odio en el punto exacto donde lo dejó, aplaude los éxitos económicos y reputacionales que Florentino Pérez devolvió al Real Madrid salido de Mendoza, Sanz, Boluda, Martín y Calderón; y al mismo tiempo propugna una estructura similar a la que tanto rendimiento está sacando de la sección de baloncesto.

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5 marzo, 2016 · 18:01

Manuela y Pablo Manuel

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Carmena mirando hacia el Komintern.

Sabemos que la inocencia y la elasticidad son patrimonio de la infancia, pero Manuela Carmena ha venido a la política a demostrar que también pueden ser atributos de senectud. Nadie en España yerra con tanto candor ni rectifica con tales reflejos. Su ejecutoria al frente de una gran metrópoli europea bien podría tildarse de modesta, pero incluso a los periodistas menos dotados para la palpitación emotiva nos cuesta reprimir un impulso de ternura a la hora de fiscalizar su gestión. Si Amancio Ortega dona 20 millones a Cáritas, practica infecta caridad; si Carmena junta a unos mendigos a cenar en Nochebuena, al reporterismo franciscano se le licúan las mejillas.

En la memoria de ciertos nostálgicos doña Manuela funciona como el par metafórico de un Tierno Galván retornado a la Villa para devolverle la movida perdida, y es innegable que sus declaraciones movilizan lo suyo. Lo difícil es saber en qué dirección. La movida carmenita evoca el rigodón que citaba don Mariano, una contradanza de origen gabacho ejecutada en dos tiempos: en el primero se pide -«con toda mi fuerza»- que Podemos apoye hoy a Pedro Sánchez y en el segundo se matiza que se refería a una alianza de izquierdas, ignorando que el actual programa de investidura reviste un claro tono anaranjado. Se requiere una notable agilidad para semejante meneo, y por eso insistimos en los infantiles atributos de la entrañable regidora.

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Traigo al Parnasillo de COPE un movimiento nada inocente: el Futurismo

Comentario en COPE sobre el después de la fallida investidura de Sánchez

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4 marzo, 2016 · 16:43