Archivo diario: 17 diciembre, 2014

El derecho a la rabona

Genialidad técnica.

Genialidad técnica.

Tras la nueva exhibición de los blancos ante el Cruz Azul uno está tentado de darle la razón a Fabio Capello cuando dice que el Real Madrid es una máquina y los demás, solo equipos. El Mundialito de Clubes, aunque heredero de la Intercontinental que sí tenemos, es el único título como tal que falta en las vitrinas de Concha Espina. Lo cual, evidentemente, es un escándalo que hay que remediar.

Será este mismo sábado cuando se remedie a poco que los jugadores demuestren el mismo compromiso que les ha llevado a ganar 21 partidos seguidos, liderar con cómoda ventaja la Liga, mandar en Europa como solo el vigente campeón puede hacerlo y meter 79 goles por 10 encajados, lo cual es un disparate que tiene asustados a los medidores de estadísticas, que no estaban tan pendientes de los números desde el efecto 2000.

De la semifinal contra los mexicanos yo me quedo con varios fogonazos: las asistencias de Ronaldo, que cuando no marca hace marcar a sus compañeros, y normalmente las dos cosas a la vez; la polivalencia rematadora de Ramos, Karim y Bale; el segundo penalti parado por Casillas en cuatro días; pero me quedo sobre todo –y que me perdonen los meapilas– con la rabona a botepronto de Cristiano, que no es la frivolidad ni la afrenta que ahora quieren vender los hombres grises de la cofradía del santo reproche, sino un recurso de genio porque la bola se le quedaba atrás. Y aunque no se le quedara atrás: Cristiano Ronaldo se ha ganado el derecho a hacer rabonas hasta para sacar de inicio, si le apetece, porque el fútbol no es un debate de teología moral, ni una cumbre diplomática, ni la conferencia de un gurú de los derechos humanos: el fútbol es un espectáculo y las rabonas dan espectáculo. Puestos a ofenderse, a mí me ofende más que Casillas tenga la desfachatez de pararme un penalti.

Bienvenidas sean las rabonas, las chilenas, las espuelas, los tacones y las dejadas de espalda si hay jugadores que las saben hacer, porque esas jugadas son precisamente las que divierten y entusiasman en los patios del mundo. Ponle a un niño cinco minutos de tiki-taka: verás como sale corriendo. Algunos quieren instaurar la era del córcholis en las gradas y acabarán censurando hasta los caños en el césped, por humillantes. Conmigo que no cuenten: ¡vivan las rabonas!

(La Lupa, Real Madrid TV, 17 de diciembre de 2014)

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Pla, un vencedor derrotado

El hombre que murió en la cama.

El hombre que murió en la cama.

Cuando oigo decir que ya es hora de empe­zar a estu­diar el fran­quismo sin apa­sio­na­mien­tos, reprimo un hondo sus­piro de melan­co­lía. Ya sería hora, sí, en un país nor­mal: no en uno que revive cada día el espan­tajo del dic­ta­dor para jus­ti­fi­car un deli­rio iden­ti­ta­rio o una eterna revo­lu­ción pen­diente, con­ce­der meda­llas retros­pec­ti­vas, prac­ti­car un revi­sio­nismo absur­da­mente nos­tál­gico y, en gene­ral, ganarse la vida del inte­lec­tual ses­gado con sine­cura ideo­ló­gica, que es el modelo inma­duro de la indus­tria cul­tu­ral española.

Pero a veces topa­mos con tra­ba­jos rigu­ro­sos, labo­rio­sa­mente edi­ta­dos y valien­te­mente pro­lo­ga­dos, muy ale­ja­dos del sec­ta­rismo que alienta en la colo­ni­za­ción cul­tu­ral (enjui­ciar las posi­cio­nes éti­cas de los bio­gra­fia­dos en tiem­pos béli­cos desde la con­for­ta­ble óptica de la pros­pe­ri­dad pos­mo­derna) como este libro del perio­dista Josep Guixà, obra lumi­nosa sobre la rela­ción ambi­gua entre Pla y otros cata­la­nis­tas mode­ra­dos con el fran­quismo. A dife­ren­cia de lo que se ha tra­tado de hacer con Ruano, redu­cién­dolo a nazi sin com­pren­der su pica­resca estruc­tu­ral (y sí: amo­ral, pero nunca faná­tica ni cri­mi­nal), este libro des­cribe con pro­li­fe­ra­ción de docu­men­tos y esfuerzo de com­pren­sión la polé­mica evo­lu­ción ideo­ló­gica del gran escri­tor y de algu­nos cole­gas, desde su crianza bur­guesa hasta su coque­teo juve­nil con el radi­ca­lismo izquier­dista de Macià; siguiendo por el defi­ni­tivo des­lum­bra­miento ante Cambó y el regio­na­lismo pac­tista de la Lliga (posi­ción con­ser­va­dora que ya nunca aban­do­nará); con­ti­nuando por su labor de espio­naje desde Fran­cia para el bando de Franco durante la gue­rra, cuya elu­ci­da­ción pre­cisa es la mayor apor­ta­ción de este libro; y ter­mi­nando por la des­con­fianza amarga con que unos y otros (cata­la­nis­tas y fran­quis­tas, e incluso cata­la­nis­tas fran­quis­tas, con­di­ción mucho más mayo­ri­ta­ria de lo que vende el mito nacio­na­lista y que Guixà docu­menta con lujo) paga­ron sus servicios.

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No sólo de canapés vive el hombre

La noble institución del corrillo.

La noble institución del corrillo.

“Cantarán más afinados después de la revolución”, ironizaba en el baile zarista el Komarovsky de Doctor Zhivago cuando hasta el salón suntuoso subió la protesta de los desheredados, que se manifestaban sobre la nieve pidiendo pan. No vamos a decir que la copa de prensa celebrada en Moncloa se parezca por muchas razones: porque allí a ojo había tantos capitanes como marineros, porque Pablo Iglesias va abandonando su amable leninismo y porque los canapés no daban fe de la recuperación que el Gobierno vende con matices de última hora. Tabla de quesos, lomo escasamente salmantino, medias noches de salmón, empanada gallega y una quiche de espinacas con jamón y tomate que no saciaron el hambre de los reporteros, cuyo alimento es espiritual –no sólo de pan vive el hombre– y se llama corrillo.

–¿Dándole al fumeque?

Al volverse, cigarro en mano, este cronista se encontró con un presidente del Gobierno viniendo hacia él solo y de frente, recién salido de nombrar portavoz parlamentario. Al profano le parecerá lógico toparse con Rajoy si se va a la Moncloa, pero uno no lo esperaba tan rápido: aquello es mucho más grande de lo que ustedes imaginan. Tendí el cigarro y tiré la mano, o al revés, y entré en palacio tras don Mariano, a quien le tenían dispuesta la emboscada mediática de recibo. En toda la mañana no pudo progresar más allá de tres metros del hall monclovita, retenido por corrillos de periodistas ávidos. Más allá de vender su libro, el presidente dejó una confesión entrañable, para desazón de conspiradores: “¿Que si voy a presentarme a las elecciones? Miro en el partido y no encuentro mejor candidato que yo”. Mira, eso es algo que podría decir perfectamente… Susana Díaz. Cosas de la partidocracia.

Varios ministros, cada cual con su corrillo. Uno se dirige a la fuente del queso y se encuentra con Soraya Sáenz de Santamaría.

–¿Acusa el jet lag de Afganistán?

Nos cuenta que en absoluto, que son siete horas de vuelo que se pasan volando y que en Herat no hace frío alguno. Para lucir fresca y descansada la vice tiene un secreto cosmético que confiesa en presencia de María González Pico y de mi querida Cristina de la Hoz: ampollas de soja. Le pregunto si eso no es lo que se le echa al sushi. Ella se ríe y dice que la soja admite usos variopintos. Sabíamos lo de las rodajas de pepino, pero ya la soja nos parece demasiado. ¿Será el wasabi lo que explique el carácter de Cristóbal Montoro?

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