Archivo de la etiqueta: madridismo

Luis Enrique y la mecánica de los fluidos

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El rebelde entrevistado por el sistema.

El madridismo contuvo la euforia la noche parisina en que el Barcelona naufragó a conciencia. Sabemos que una entrañable relatividad rige los odios entre Madrid y Barça, de modo que el éxito de uno instaura el fracaso automático del otro. Pero hubo que aplazar el júbilo 24 horas, que es lo que tardaron los de Zidane en devolver al Nápoles a Italia con tres agujeros en su autoestima maradoniana, desde hace mucho trabajada por la polilla.

Y, sin embargo, con los años a uno le cuesta más celebrar la desgracia ajena o, por mejor decir, evacuar el júbilo reprimido sin mezcla de compasión alguna. Fíjense en Luis Enrique. Muchos madridistas apenas disimulan una corriente subterránea de solidaridad con ese asturiano regurgitado por el sanedrín de La Masia como un cuerpo extraño, como un bastardo en su linaje. Es verdad que su carácter no invita a nombrarlo embajador vitalicio de Unicef, pero demasiado rápido se han olvidado del triplete cosechado a su llegada, o lo que es peor: lo atribuyen exclusivamente a la inspiración de Messi y compañía. Luis Enrique ha tenido que soportar el parangón con Pep cada minuto que ha permanecido en ese banquillo narcisista donde sólo un protestante podría plantear la herejía del contraataque y la blasfemia del tridente ofensivo en detrimento del centrocampismo dogmático. Luis Enrique es el Lutero del credo cruyffista, y va a acabar en la hoguera.

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19 febrero, 2017 · 17:25

Make Real Madrid great again

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Ramos dando un mitin eufórico tras un gol.

Si hay un futbolista trumpiano, uno capaz de devolver el Madrid a los madridistas después de reñirlo con los sevillistas, uno que haga al Madrid grande otra vez después de dos derrotas que habían puesto al club al borde del apocalipsis, ese sólo puede ser Sergio Ramos. No es que haya batido su marca goleadora, igualando números de delanteros como Benzema o Morata; es que sigue acudiendo a los remates como a una toma de posesión. Ramos no sube a rematar: se alista en un córner. Y cuando marca lo celebra con furia identitaria, como si sus tatuajes cifraran el mapa del tesoro que hay en las vitrinas de Chamartín.

Tenía que ser Ramos en ausencia de Ronaldo, que no está pero aún se le espera. Falló todo lo que tuvo, que fue mucho, gracias a Dios, así que no es problema de actitud sino de finura. Los síntomas más preocupantes provienen de su gestualidad, o más bien de la falta de ella: ya no se enfada tanto consigo mismo cuando la manda a la grada y ya no se encoleriza con sus compañeros cuando no le pasan o le pasan mal. Un CR sin aspavientos es un CR conformista, inocuo. El público del Bernabéu se da cuenta y ha empezado a aplaudirle, una crueldad innecesaria porque a Cristiano siempre le han animado más los pitos que las palmas. Esperemos que pronto vuelva a inspirar miedo, no empatía, que es la recompensa de los mediocres.

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El bueno (Cospedal), el feo (Patxi López) y el malo (Bárcenas) en La Linterna de COPE

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22 enero, 2017 · 12:39

Profeta en Sevilla

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Él lo da, él lo quita.

La trilogía sevillana del Madrid no resultará finalmente tan traumática para los blancos como se preveía. Los traumas retroceden ante la sonrisa de Zidane como los vampiros ante el agua bendita o la justicia ante los Pujol. Pero si no caben más argumentos que los esotéricos para explicar el empate en el Pizjuán que selló la clasificación copera y abrochó el lujoso récord, no hace falta desviarse de la estricta razón para argumentar la superioridad de los de Zidane en la ida, cuando zanjó la eliminatoria. El tipo es tan asquerosamente elegante que concedió mayores merecimientos a los de Sampaoli antes de concluir, computando los 180 minutos, que el pase de su equipo era lo «lógico». Que sigan insistiendo en su chiripa: como buen francés él es un cartesiano que piensa luego entrena y que practica la duda metódica de la rotación.

Se antoja una cifra bíblica: 40. Tantos como los años que duró el éxodo de Israel por el desierto, fiado del cayado de Moisés como el madridista se fía de la flor de Zidane cada vez que repite el prodigio. Si 40 partidos sin perder no son suficientes para refutar la fe de los necios en la suerte, tampoco servirán 80. Casi mejor que hoy gane el Sevilla para dejar la cifra en redonda y para que el sindicato de botánicos cabalistas encuentre por fin el descanso.

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16 enero, 2017 · 12:30

El Madrid H

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¿Flor o jardín francés?

Para el año que empieza quizá debamos proponernos entre todos ganar en credulidad. Podríamos empezar por creer que hubo épocas peores que la nuestra, que el capitalismo global sacó de la pobreza a 1.200 millones de personas entre 1990 y 2000 o que Francisco Franco está muerto. Pero si estos hechos nos suponen aún un esfuerzo crediticio demasiado ambicioso, podríamos empezar por decir que el Real Madrid sabe jugar al fútbol. Que hay momentos en que sus jugadores se pasan el balón con notable solvencia y no poco sentido. Que hay eliminatorias que se superan sin recurrir a más bolas calientes que las que guardan los calzoncillos de sus futbolistas. O que, inexplicablemente, el árbitro no intervino en alguno de los 39 partidos seguidos que los de Zidane llevan sin perder.

El camino de la ascesis no está al alcance de todas las voluntades. Pero si seguimos ascendiendo por la escala de la fe, llegaremos a afirmar que Zidane es un entrenador al que ha sonreído la fortuna, sí, pero también la lección táctica, la psicología de vestuario y el control del mensaje. Cosas que te devuelven la sonrisa cuando tú les sonríes primero, con humilde insistencia. Cuando la última costra de la sospecha se desprenda de nuestro espíritu llegaremos a la verdad final, esa que expone en números redondos que el liderazgo del marsellés ha logrado cuajar un equipo solidario y competitivo en un año de trabajo. Tiene una gran idea llamada Casemiro, desarrollada por las inteligencias de Kroos y Modric, y en las bandas dos intuiciones de peligro que transportan infatigablemente Marcelo y Carvajal. Esa constelación de cinco estrellas dibuja la H que articula el esqueleto del Madrid de Zidane, llenado con carne de central comprometido y alma de delantero inspirado. El día siempre es el D, la hora siempre es la H: presión alta, zaga adelantada y soltamos la bomba. Bomba H.

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8 enero, 2017 · 12:56

El crisantemo y la espada

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Los jardineros fieles.

Siempre que vemos un árbol de Navidad nos acordamos de Ancelotti, que hizo del abeto tumbado (4-3-2-1) una táctica ganadora con el Milan, pero que en Madrid no le sirvió más que para titular unas memorias. La pizarra es una obsesión de cienciólogos del balompié que al once veces campeón de Europa le importa bastante menos que un cabezazo agónico o una volea a la escuadra. Ahora Carletto ha declarado -poniendo toda su bonhomía en la sentencia- que no hay nada malo en irse de copas con los jugadores; y Zidane se ha tomado tan a pecho la venia concedida por su mentor que acaba de salir a copear con los jugadores por tercera vez en un año: Champions, Supercopa y Mundialito. Tres copas como tres soles nacientes.

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18 diciembre, 2016 · 17:44

Riégala otra vez, Sergio

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El crisantemo y la espada.

El día que Mel Gibson conozca a Sergio Ramos vamos a tener que entrar a los cines con latas de bromuro. Qué festín de testosterona. Este hombre vuelve rutinaria la épica. Hace alejandrinos con la prosa del córner. Estira la dimensión del tiempo hasta meterle un gol a un agujero de gusano. A Ramos no se le puede criticar. A Ramos hay que dejarle evadir impuestos.

La rotación radical de Zidane frente al Depor nada tenía que ver con castigos fiscales: también dio descanso a Benzema, el contribuyente que emocionó a Montoro. La ausencia de la BBC depositaba toda responsabilidad ofensiva en los hombros de Isco, que cada vez ensanchan más, y en las zurdas exquisitas de James y Asensio. El malagueño impartió una primera mitad que justifica el mote puesto por sus compañeros: Magia. Vale, no son Neruda pero ellos se entienden. Y nosotros también al contemplar la suficiencia de su talento.

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La buena (Soraya), el feo (Errejón) y el malo (Puigdemont) en La Linterna de COPE

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11 diciembre, 2016 · 12:04

Los amenes de Ramos

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Milagreando.

Dicen los psicólogos que la madurez emocional consiste en la capacidad para aplazar la recompensa. Sólo los niños o los adolescentes crónicos lo quieren todo para ya. Así que según los científicos criterios de la psicología, Sergio Ramos es el futbolista más maduro del planeta. Sus recompensas se entregan siempre al final, como el fruto maduro de un estío agotador. Y cuando caen estallan, y su dulce pulpa riega nuestras gargantas secas.

El madridista de mi generación reconoce ya que nunca gritó como con los cabezazos de Ramos. Ha oído hablar de Juanito, de las remontadas, de la épica de postrimería. Pero no estaba en el campo ni ante la pantalla con la atención lo bastante formada cuando entonces. El central sevillano viene colmando el paréntesis de esa leyenda insurrecta que hasta su venida tuvo demasiado de promesa o de nostalgia. Hoy volvemos a afirmar con propiedad que el blanco no es el color de las banderas rendidas, sino el aviso presente del peligro que no cesa, el signo de una hostilidad innegociable.

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La buena (Báñez), el feo (Juan Carlos I) y el malo (Montoro) en La Linterna de COPE

 

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4 diciembre, 2016 · 22:11

El hereje y el negociante

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Comercia como un marsellés o guerrea como un astur.

Dicen que la relación del PSOE con el PSC es el único puente que va quedando para unir España con Cataluña, valga la redundancia. Pero aunque un caderazo de Iceta en plena conga echara abajo ese puente, todavía quedaría en pie otro mucho más sólido, que es el clásico. La rivalidad entre Real Madrid y Barcelona tiende una pasarela de cemento por la que circula fluidamente la historia viva del fútbol español, zurciendo dos veces por año la trama de afectos con esa variante nuestra del enamoramiento que es el antagonismo. Necesitan tanto ganarse entre sí que mientras sigan enfrentándose no cabe preocuparse de que la independencia se salga de los estrictos márgenes de la ficción.

Esta semana pasé por Barcelona, maravillosa ciudad, pero en cuyas tertulias al parecer escasean los madridistas. No se trataba tanto de defender a Zidane, que se defiende solo tras un grueso colchón de seis puntos, como de comparar su inquebrantable sosiego con el desabrido triatleta que baja de Covadonga en cada rueda de prensa. «Es que Luis Enrique vive cómodo en el conflicto. Cuando jugaba ya nos reconocía que nos odiaba», me explicó un periodista de allí. Tratándose de Cataluña no insistiremos en la rentabilidad de los conflictos crónicos, pero este caso es distinto. Luis Enrique es un culé heterodoxo, un hereje del cruyffismo que ha despoblado el centro del campo y ha legitimado el contraataque. Sabe que sólo le sostienen los títulos, o sea, Messi. Y ha de ser duro depender del capricho de un genio afásico.

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4 diciembre, 2016 · 21:59