Archivo de la etiqueta: héroes de nuestro tiempo

¿Es Sánchez un superhéroe?

El periodismo de fact-checking nos ha informado de que Sánchez está siendo confundido en Estados Unidos con Superman. La noticia es relevante por cuanto ilumina el misterio de una desfachatez sin precedentes terrestres bajo una luz nueva: la luz de Krypton. Ya no es que Sánchez esté bueno: es que posiblemente nos encontremos ante un superhéroe. Así se entienden mejor ciertos fenómenos paranormales registrados en España en los últimos tres años, como que una tesis plagiada justifique un doctorado cum laude; o que una esposa sin licenciatura dirija una cátedra pública; o que una moción de censura amparada en la necesidad de regeneración desate el nepotismo de los inútiles afines y la cacería al magistrado independiente; o que la promesa de endurecer el delito de rebelión desemboque en indulto colectivo; o que el juez que encarcelaba etarras sea el mismo que les alivia las penas; o que sean expulsados de Moncloa quienes pusieron a Sánchez allí; o que el solemne compromiso de no dejar a nadie atrás se traduzca en la factura de la luz más cara de la historia; o que se pretenda captar las inversiones de unos fondos a los que tu vicepresidenta llama buitres. Es verdad que Sánchez cumple, como aseguró a los americanos; le faltó añadir que cumple lo contrario de lo que promete.

Leer más…

Deja un comentario

26 julio, 2021 · 9:17

Bravo ahí, profesor

Para él todos éramos grandísimos, pero el único grande era él. Hay que serlo para sentir la roedura minuciosa del cáncer y que tu única preocupación sea adelantar el máximo número de entregas de tu sección. Como si morirse fuera una faena, en efecto, pero no tanto para ti mismo como para tu empleador. «Grandísimo Naranjo, no sé cuántos días me quedan, pero ahí te mando las claves económicas de esta semana». Hay que ser muy grande para encontrarte subido al cadalso de la metástasis y desde allí arriba, donde acaba el horizonte, en vez de compadecerte y maldecir tu sombra ponerte a repasar la prensa salmón y grabar con un gotero de voz tu análisis sobre el riesgo de inflación en la zona euro. Pero qué inflación podía importarte, profesor, si sabías que sabíamos que te estabas muriendo.

Leer más…

Deja un comentario

17 julio, 2021 · 10:21

El camino de Escohotado

Todos los hombres desean por naturaleza saber, pero algunos hombres lo desean más que otros. Antonio Escohotado Espinosa acaba de cumplir 80 años y su cuerpo es una pavesa consumida por el afán de conocer el aire, el fuego, el agua y la tierra. Su voz ronca pero dulce emerge de los escombros de un siniestro generacional donde se estrellaron todos los buscadores de paraísos artificiales; todos menos él. Al notario de sus penúltimos días, el camarada Colmenero, le asegura que es un chalao que es consciente de serlo. Y la conciencia de la locura es lo que distingue al pirado del filósofo.

Leer más…

Deja un comentario

12 julio, 2021 · 8:19

El hermoso fracaso de Luis Enrique

Luis Enrique coronó su personaje cuando decidió no convocar a ningún jugador del Madrid por primera vez en la historia de la Selección, pero ha terminado copiando la trayectoria del equipo blanco en competición europea: alcanzó (de blanco) las semifinales de la Eurocopa como los de Zidane se plantaron inopinadamente en las de Champions. Ambas plantillas se reivindicaron contra el juicio de los expertos: Zidane estirando la veteranía y Luis Enrique explotando la juventud.

Leer más…

Deja un comentario

8 julio, 2021 · 10:25

Un tesoro llamado Morata

Ya no podemos descartar que le den al portero eslovaco alguna de las calles que la memoria histórica le quite a Juan de la Cierva. Al fin y al cabo, don Martin Dúbravkatambién ha inventado algo parecido al autogiro, que es el autogol en suspensión, una cabriola fascinante que vulnera no solo las leyes de la gravedad sino también las del ridículo. Alguien que hace eso por España merece sin duda una distinción, ahora que regalamos los indultos.

Leer más…

Deja un comentario

25 junio, 2021 · 9:28

Sergio Ramos o la alegría salvaje

Después de ver a Italia, a Francia, a Portugal e incluso a Gales metiendo goles, esa maniobra inalcanzable para el combinado de Luis Enrique que consiste en situar la pelota por detrás de la línea de meta, a nosotros se nos pone cara de niño de posguerra mirando el escaparate de una confitería. El sentimiento colectivo hacia la Selección está regresando a ese punto de gravedad ibérico que oscila entre el fatalismo y la guasa. Habrá mucho zoomer educado en el ciclo triunfal de España al que esta frustración le resulte novedosa; pero quienes llegamos a usar las cabinas para llamar a la novia estamos experimentando la dulce nostalgia del fracaso.

Leer más…

Deja un comentario

20 junio, 2021 · 22:07

Una estrella arde y se llama Vinicius

Todos menos nuestros cuñados sabían que Vinicius acabaría congelando las muecas de los burlones y poniendo solemne fecha de caducidad a sus propios memes. La única duda era cuándo. Eligió para hacerlo al mejor rival y la mejor competición. Dos clubes dinásticos, 19 Champions sobre el tapete y un calambre brasileño corriendo por la banda que electrocutó el partido y chamuscó su leyenda de delantero romo, ayuno de puntería. Hemos dicho alguna vez que nadie ha fallado tan bien como Vinicius, y a partir de este Madrid-Liverpool deberemos dejar de celebrar sus fallos para aplaudir sus goles.

Leer más…

Deja un comentario

8 abril, 2021 · 9:39

Entrevista en Libertad Digital

Por Jesús F. Úbeda

Jorge Bustos (Madrid, 1982) matiza ese tópico tan sobado de que el nacionalismo se cura leyendo y viajando: «No basta con que deslices los ojos gustosamente por una página bien escrita o por una ciudad bien trazada: hace falta que eso que miras penetre en ti hasta alterarte». El jefe de Opinión de El Mundo acaba de publicar Asombro y desencanto(Libros del Asteroide, 2021), su primera obra «literaria pura», tal y como cuenta a LD, en la que se narran dos viajes: el uno, laboral, por La Mancha, motivado por el cuarto centenario de la publicación de la segunda parte de El Quijote; el otro, por Francia, porque no la conocía y consideraba que «no se debe vivir» sin conocer al vecino de arriba. Despojado de prejuicios, con una prosa extraordinaria y fogonazos humorísticos divertidísimos, el autor nos traslada de Puerto Lápice a Versalles, contrapone, parafraseando a Madariaga, «hombres-castillo» y «hombres-cristal» y, sobre todo, refleja la evolución de su mirada: más inocente, más macarra y más festiva en «Honda en Castilla», más escéptica, más decepcionada y más escarmentada en «El día de gloria». Conversamos en una terraza, por Príncipe Pío, en la que hay arena de playa.

P: Señor Bustos, en esta época de escándalos incesantes, crecientes y esperpénticos, ¿el ser humano ha dejado de asombrarse?

R: Está cada vez más caro el asombro, sí. Además, hay una pose, sobre todo en redes sociales, donde es de buen tono no asombrarse de nada y parecer escéptico, resabiado, de vuelta de todo. En realidad, no porque la gente sea muy culta o experimentada, que no lo es, sino porque hay pánico a que ridiculicen tu ingenuidad o tu ignorancia en Twitter o en las otras redes sociales. Entonces, la gente cuida una cierta pose, se fotografía con una biblioteca detrás o arremete contra el primero que confiesa su ingenua admiración por una serie: «¡Pero si la vimos hace un año todos! ¿Cómo te atreves ahora…?». Al final, detrás de ese postureo de tío de vuelta de todo, seguramente, lo que hay detrás es una tremenda ignorancia, cuando no una profunda soledad. El asombro es una conquista, la condición del niño. Dice Chesterton que el niño es el poeta. Cada día descubre una parte del mundo y le pone un nombre. El niño, en el momento en que pone nombre a la cosa que ese día ha descubierto, la está creando. Esa es la actitud originaria de la literatura y de la poesía: nombrar las cosas por primera vez. O tratar el lenguaje de tal manera que el lector reciba una impresión sobre cosas que cree conocer totalmente novedosa, sorpresiva. En el libro, ese ejercicio está sobre todo en Francia. Francia es un país que es tan conocido que lo damos por supuesto. Quizá, descubrir Francia con 36 ó 37 años, en mi caso, era casi arriesgarse a esto, a parecer ridículo: «¿Cómo no se te ha ocurrido conocer Francia?». Quizá nuestra generación daba por supuesto que ese país maravilloso estaba ahí, y que antes se te ocurrían 12.000 destinos más exóticos o más sugerentes. Y ese es el juego literario del libro: presentarte en Francia como si la acabaras de descubrir. Es un ejercicio literario del que se beneficia también el estilo: asomarte a los acontecimientos como si fuera la primera vez. Así que el asombro es una condición del estilo: si consigues escribir desde el asombro, no desde el prejuicio, creo que acabas escribiendo mejor.

Leer más…

Deja un comentario

29 marzo, 2021 · 11:35