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Andrássy 60

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La única y verdadera Casa del Terror, en Budapest.

En el número 60 de la elegante avenida Andrássy, en el corazón de Budapest, se alza un edificio oscuro y macizo que se ofrece a los turistas bajo la excitante denominación de Casa del Terror. No es que el nombre esté mal elegido: después de recorrer sus estancias concluimos que son los parques de atracciones los que se equivocan. La Casa del Terror de Budapest no contiene ficción sostenida por actores sino historia derramada por verdugos. Y fueron los mejores verdugos de todos los tiempos.

Primero llegaron al edificio los fascistas del Partido de la Cruz Flechada, cuyo entusiasmo en la persecución, ejecución y deportación de conciudadanos judíos admiró al propio Hitler. Después los comunistas visitaron el local, descubrieron que se adaptaba perfectamente a sus necesidades y se pusieron a torturar a enemigos del pueblo sacados del mismo pueblo. El celo revolucionario de la AVH, la policía política húngara, era la envidia de la Stasi. De modo que el terror nazi sólo se distinguió del terror rojo en el color de la chaqueta: literalmente, los militantes fascistas se cambiaron de uniforme con el triunfo de la URSS (un vestidor de la Casa documenta el meteórico travestismo que descose flechas y borda estrellas) para no dejar de ser húngaros completos y eficientes.

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21 marzo, 2017 · 16:31

¿Bódalo, otro Gramsci?

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Che Guevara de botijo y alpargata.

Llevaba un tiempo Podemos sin hacer eso que llaman marcar la actualidad, o sea, hablarle a un leño, montarle una cacería tuitera a un periodista crítico, beberse una pepsi en lugar de una maléfica coca cola o dejar sin aplauso parlamentario a un invitado del Gobierno. Nueva política, o sea. Así que don Iglesias se puso a cavilar cómo recuperar la iniciativa, toda vez que la opinión de Errejón cría telarañas en el gallinero y que el feminismo de Irene no da para más. Necesitaba algo contundente y entonces pensó en Bódalo, cuya contundencia no admite dudas desde que quedó avalada por los tribunales.

Que Pablo Iglesias se baje al penal de Jaén a saludar a un camarada es un plan de finde tan plausible como llevar flores a la tumba de tus deudos. Más discutible nos parece que pretenda convertir al preso en el Gramsci del 78, un titán de la lucha de clases que estaría en el trullo «por hacer sindicalismo» y no por tener la mano tan larga al menos como su intestino. Al concejal de Jaén en Común, terror de las confiterías más que de los latifundios -sus asaltos a supermercados siempre nos infundieron la sospecha de que planeaba merendar gratis-, no solo le separa del autor de los Cuadernos de la cárcel un cuerpo mejor alimentado, sino sobre todo una mente trágicamente desnutrida. La que le susurra que la justicia social se alcanza a hostias. La última la recibió un concejal socialista, pero ya acumulaba tres condenas por destrozar una heladería de Úbeda donde despachaba una mujer embarazada, por agredir a varios policías durante un asalto a la Consejería de Agricultura y por zurrar a un discrepante durante un acto de Amaiur.

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6 marzo, 2017 · 10:49

Retrato de un ‘indepe’

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Emoción política al desnudo.

Tomemos un independentista cualquiera. Lo han llamado Jordi porque así se llamaba su abuelo. En la misma cuna recibe Jordi el crisma de una identidad, la catalana, que dura ya un milenio, en el transcurso del cual asombró al mundo con la mística abulense, la redacción del Quijote, el descubrimiento de América o la defensa fallida de Barcelona. Ese cuerpo místico que es la catalanidad, de la cual Jordi no es otra cosa que un nuevo operario, se expresa a través de la lengua catalana, de la cual Jordi chapurreará alrededor de 50 palabras a partir de los dos años, según las últimas estadísticas. Es posible que en sus primeras parrafadas se le deslicen balbuceos de una lengua extranjera, hablada por pastores que no han visto el mar. Pero los pediatras autóctonos aseguran que no hay razón para alarmarse: la confusión a esas edades es natural. Ya se corregirá en los patios de la escuela, siempre que estén vigilados por verdaderos patriotas.

Pasado un tiempo Jordi aprenderá a leer y a escribir. Su uso de razón se desarrollará en la tierna oscuridad de las raíces, a imagen del tallo de un calçot, por más que los insidiosos afirmen que también se cultivan en Consuegra. Pronto estará Jordi capacitado para distinguir el bien del mal, el catalán del español, el Barça del Madrid, la emancipación pendiente del DNI vigente. Con las primeras fiebres de la adolescencia despertará al interés por las chicas y por la política, se enamorará, perderá toda virginidad ideológica y le romperán el corazón, pero Catalunya nunca le abandonará. La bandera íntima de las cuatro barras nunca le helará el corazón, que es el órgano donde Jordi tiene radicado el compromiso de país, liberando el cerebro para los negocios.

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El bueno (Rivera), la fea (Bescansa) y el malo (Mas) en La Linterna de COPE

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3 febrero, 2017 · 11:14

Posesión en Washington

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El presidente, haciendo política.

Todos intuimos que la toma de posesión de Trump resulta especialmente posesiva. Pese a que tomar posesión parece un sintagma redundante al estilo de comer comida, si alguien puede tomar y poseer sin empacharse es DT, que hoy realiza el prodigio de consumar la gran hipérbole: presidir Estados Unidos. Si las lágrimas de Chuck Norris curan el cáncer -lástima que no haya llorado nunca-, ¿por qué Donald no iba a ser capaz ahora de revertir la globalización sin dejar de tuitear?

A Trump sus votantes le han encomendado una tarea mitológica porque él mismo se ha presentado como un Hércules. Lo ha advertido Hughes: en Trump hay algo de avatar de Hulk Hogan, una agresividad más paródica que real. Su advenimiento inaugura una edad en que la respetable frontera entre farsa televisiva y política imperial se vuelve porosa, de modo que los críticos de televisión a partir de ahora están tan legitimados para enjuiciar a Trump como los analistas geopolíticos. Como el efecto de la porosidad es por definición bidireccional, el lenguaje de la telerrealidad modelará la realidad misma, pero también el ojo crítico terminará acostumbrándose a descontar los esteroides retóricos de las posturitas del presidente-forzudo. El trumpismo no es un fascismo, ni siquiera es de derechas: no es mucho más que la apoteosis del zasca. Por eso causan cierta lástima los nostálgicos de los buenos viejos tiempos, largamente confinados en las catacumbas de la incorrección política, a cuyo cándido corazón hoy llega el calor de la revancha viendo al astuto Donald ceñir la corona. La suya es la euforia del feo que cree haber ligado con la bella puta contratada por unos amigos piadosos.

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20 enero, 2017 · 10:54

Ablación textil

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¡A la hoguera!

Hay que estar loco para ser varón y ponerse a opinar sobre el vestido de Pedroche. Pero quizá sea posible opinar sobre lo que opinan otras mujeres. Entre ellas, las activistas de género exoneran a Pedroche de su propia coquetería y culpan a los directivos de Antena 3 del delito de afán de lucro. El argumento incurre en el mismo paternalismo que combate. Presuponiendo que doña Cristina no decide por sí misma, las feministas dan la razón a los machistas. La mujer no es autónoma. No se liberará mientras no renuncie a toda estrategia textil de sexualización. Están a dos nocheviejas de proponer el saco de arpillera como uniforme de vanguardia ideológica.

Desde la viril lejanía uno asiste confuso al empeño feminista por rescatar a las mujeres de su propia feminidad. Arrancar de ellas el deseo de gustar es otro modo de estigmatizar el cuerpo femenino, sermoneándolas con la rendición a los estereotipos publicitarios como antaño amenazaban su desinhibición con las llamas del infierno. Róbale a una mujer la facultad de seducir y seguirá siendo una mujer, pero una mujer atracada. El sexismo es peligroso, pero la ablación indumentaria es un crimen.

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2 enero, 2017 · 13:40

La España de Fidel

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¿Compañero de viaje o tonto inútil?

A los cubanos se les ha muerto Fidel, el hombre, pero los españoles no tendremos tanta suerte: aquí sigue vivo Fidel, el símbolo. Y no sólo pervive en la roja devoción de sus beatas: numerosos medios liberales han optado por ilustrar su muerte con el arrogante barbudo de fusil al hombro, como si ese tipo no hubiera muerto hace décadas, en lugar de escoger al decrépito rehén de su propio chándal, gran pérdida para Adidas. Cuando se trata de embalsamar a un mito, el primer borrador de la historia que es el periodismo a veces no resiste la tentación de comportarse como un maquillador forense.

Se ha escrito que Castro fue el último revolucionario de una época, pero quizá fue el primero de otra, la nuestra, que llamamos posmoderna a falta de mayor precisión y que ha confirmado la sospecha nietzscheana: ya no hay hechos sino interpretaciones. Los hechos: Castro dio un golpe de Estado contra una dictadura de derechas para devolver la soberanía y la prosperidad al pueblo, pero se perpetuó al mando absoluto de una isla penitenciaria a la que, después de quitárselo todo, le arrebató también el orgullo de mandar en su hambre, pues malvivía de las limosnas de la URSS y luego de la petrocracia chavista. Las viudas del chivo que cacarean no sé qué sobre educación universal quizá olvidan que Franco aprobó la Ley de Bases de la Seguridad Social.

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La buena (Barberá), el feo (PP) y el malo (Iglesias) en La Linterna de COPE

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28 noviembre, 2016 · 13:57

Si ésta es su piedad

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Honrarás a los muertos.

Lo bueno de la mala conciencia es que al menos presupone una conciencia. Lo bueno de la piel de cordero es que el lobo se la pone sabiendo que desnudo aún inspira temor. Temamos más bien el día en que el llanto amargo del remordimiento se seque. Temamos más bien el día en que los lobos vayan de lobos porque dar miedo salga rentable en una sociedad asilvestrada.

A Rita no la ha matado el periodismo, aliviemos los hombros, compañeros. Cabe el recelo de que apostar cámaras insomnes en los portales de (algunos) sospechosos sea periodismo, pero yo sé que algunos camarógrafos el miércoles sintieron el arañazo siquiera fugaz de un escrúpulo, y eso ya es algo, un brote moral en mitad de la dura tarea cotidiana. A Barberá la ha matado un infarto y, un médico poco corporativo me ha sugerido que entre el primer aviso y la parada irreversible quizá mediara la negligencia. En cuanto a la negligencia mediática, no ha resultado un factor de riesgo tan decisivo, sospecho, como la proscripción de la tribu. En la vida uno se prepara para el ataque del adversario, sea un partido o una televisión: con él cuenta y contra él se crece; lo que el corazón soporta mal es el repudio de los propios cuando ceden a la presión ajena. Por lo demás, ése es un remordimiento que compete al PP, a la amistad de Rajoy, a la desfachatez de Hernando. Yo sigo pensando que Barberá debió apartarse antes, que el partido no tenía otra salida aspirando a un pacto de investidura, que la responsabilidad política debe preceder a la judicial si se desea combatir el desencanto de los electores más volubles de Hamelín.

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25 noviembre, 2016 · 10:37

Apoye a un imputado por Navidad

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Y se hacen la foto frente a la sede de la soberanía contra la que conspiran, madre.

El Hotel Villa Real exhibe una coqueta selección de antigüedades romanas entre las cuales destacan unos vistosos mosaicos. No cabe sino reconocer la coherencia del lugar elegido para la reunión que ayer convocó allí a las teselas más coloridas del Estado plural, desde Bildu hasta En Marea, de Artur Mas a don Gabriel Rufián.

Acudían a suplicar contra el suplicatorio que el Congreso votaba por la tarde para infortunio de Francesc Homs, procesado por desobediencia. No se trataba sólo del entrañable apoyo a un imputado por Navidad, sucedáneo del pobre de Berlanga, sino de desahogar el sentimiento premoderno que opone la democracia a la ley, la excepción a la norma, el privilegio a la igualdad, el Ejecutivo al Judicial, el Medievo a la Ilustración. La tribu a Roma.

Lo expresó muy bien don Artur, algo más canoso pero aún dueño de esa oratoria silbante que alarga las eses finales lo mismo que los soberanismos alicaídos: «Van a permitir que un político sea juzgado por escuchar a la gente. Es una sinrazón y una vergüenza para España entera». Siempre que Mas dice España, algo cálido y punzante nos recorre la piel interior, algo como un chupito. Luego interpeló al PSOE en un rizo de demagogia singularmente espumoso: «¿Es digno hacer presidente a Rajoy y permitir que se juzgue a Homs?».

Tomó luego la palabra el vate Llach, desprovisto de vihuela, para alertarnos contra la baja calidad de nuestra democracia. «La ley no es sinónimo de justicia», aseguró. Y puso como ejemplo el franquismo, pudiendo haber evocado la expulsión de los moriscos, la batalla de Farsalia o cualquier otra iniquidad histórica. Salió al quite Maite Beitialarrangoitia, de dicción tan pedregosa como las canteras de su tierra: «Añoran el colonialismo», decretó. Aitor Esteban protagonizó un interludio más técnico, pero enseguida retomó la elegiaca letanía Alexandra Fernández, cuya marea no es precisamente de conocimientos jurídicos. Porque cargaban todos contra la judicialización de la política, que es como amonestar al agente que nos multa por exceso de velocidad por judicializar nuestra conducción.

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23 noviembre, 2016 · 15:49