La España de Fidel

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¿Compañero de viaje o tonto inútil?

A los cubanos se les ha muerto Fidel, el hombre, pero los españoles no tendremos tanta suerte: aquí sigue vivo Fidel, el símbolo. Y no sólo pervive en la roja devoción de sus beatas: numerosos medios liberales han optado por ilustrar su muerte con el arrogante barbudo de fusil al hombro, como si ese tipo no hubiera muerto hace décadas, en lugar de escoger al decrépito rehén de su propio chándal, gran pérdida para Adidas. Cuando se trata de embalsamar a un mito, el primer borrador de la historia que es el periodismo a veces no resiste la tentación de comportarse como un maquillador forense.

Se ha escrito que Castro fue el último revolucionario de una época, pero quizá fue el primero de otra, la nuestra, que llamamos posmoderna a falta de mayor precisión y que ha confirmado la sospecha nietzscheana: ya no hay hechos sino interpretaciones. Los hechos: Castro dio un golpe de Estado contra una dictadura de derechas para devolver la soberanía y la prosperidad al pueblo, pero se perpetuó al mando absoluto de una isla penitenciaria a la que, después de quitárselo todo, le arrebató también el orgullo de mandar en su hambre, pues malvivía de las limosnas de la URSS y luego de la petrocracia chavista. Las viudas del chivo que cacarean no sé qué sobre educación universal quizá olvidan que Franco aprobó la Ley de Bases de la Seguridad Social.

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La buena (Barberá), el feo (PP) y el malo (Iglesias) en La Linterna de COPE

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1 comentario

28 noviembre, 2016 · 13:57

Una respuesta a “La España de Fidel

  1. dandy pequeñoburgués

    Parloteando con unas clientes sobre su visita a Cuba a visitar los restos de un ancestro me llovieron los lloros de alguien que había abandonado éste país harto de lutos perpetuos y olor irrestregable a col hervida (A Dios pongo por testigo…), rumbo a una ciudad con el casco urbano más amplio y puesto del hemisferio para acabar en un inmenso patio trasero donde cambiar un cristal que se ha roto es una hazaña imposible. Algo después leí la despegada historia de un profesional que, visto lo visto, prefirió abandonar el país a la utopía ¿Utopía? ¿Eso dónde está? ¿En alguno de los muchos recordatorios de como era el país en los años cincuenta? ¿En alguna selva de Angola donde los cubanos -negros, a diferencia de la totalidad de la nomenclatura blanca que se muestra por ahí- morían como los mercenarios de Hesse en Norteamérica cuando la independencia para dar de comer a su reyezuelo?

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