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‘Llorard’ Piqué

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Llanto supremacista.

Caía la tarde del domingo ominoso cuando en la redacción alguien ahogó un grito de terror:

-¡Piqué está llorando!

De inmediato se formó en torno a la pantalla un remolino de periodistas incrédulos, con lo caro que se ha puesto sorprenderse. Pero no mentía. Era Gerard Piqué y estaba llorando. Los motivos por los que rompe a llorar un multimillonario, casado con una atractiva estrella del pop, que se gana la vida jugando -al fútbol, al póker, a la consola-, siempre despiertan una natural curiosidad. Entre hipadas, los ojos hinchados como si acabara de perder dos Champions seguidas, don Gerard balbució un deseo largo tiempo reprimido de expresión nacional que hasta la fecha habíamos creído satisfecho, y hasta avalado por un par de Eurocopas y un Mundial.

Nos engañábamos. Piqué no era el muchacho risueño de carcajada abierta, aficionado a bromear en Twitter y a proyectar cariñosos escupitajos sobre los compañeros para regocijo general de su nutrida audiencia. Esa no era más que la máscara profesional de un hombre atormentado por un drama interior, por un amor que no se atreve a decir su nombre. Piqué vestía la camiseta de España como los gays se casaban en la era victoriana: para salvar las apariencias. Piqué es el Oscar Wilde del derecho a decidir -de hecho afeó a Rajoy que no supiera hablar inglés-, y con sus lágrimas no hacía otra cosa que escribir su particular De profundis: «¡Los catalanes no somos los malos, queremos simplemente votar!».

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3 octubre, 2017 · 11:04

Valencia no quiere más gloria

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Arrozal en Sueca, Valencia.

El himno oficial de la Comunidad Valenciana arranca con una herejía: «Para ofrecer nuevas glorias a España». Ingenuidad kennedyana que ya se toleraba mal antes de que el estallido de la corrupción liquidase la larga hegemonía del PP y allanase el camino a la deriva valencianista de Ximo Puig y Mónica Oltra. ¿Pero en qué consiste el ser valenciano? El tópico sociológico lo describe como un pueblo hedonista sin especial orgullo de sí, vital y conformista -el llamado meninfotisme, una suerte de grosera desidia mediterránea-, dolido por el desdén centralista y envidioso de la modernidad catalana. ¿Será cierto?

«Existe la impresión de que la lealtad a España sólo nos ha traído desgracias. El valenciano arrastra la baja autoestima de una sociedad agraria, atrasada respecto de la burguesía catalana o el poderío madrileño. El valenciano no quiere ser menos, pero experimenta un agravio comparativo: en la inversión del Estado, en el reparto presupuestario, hasta en la ausencia de ministros valencianos. Llegó el AVE, sí, pero más por necesidad de dar a Madrid una salida al mar», explica Guillermo López, profesor de Periodismo de la Universidad de Valencia. Esa frustración alimenta el sentimiento identitario, pero, a juicio de López, nunca alcanzará el punto de ebullición catalán. «No hay masa crítica: en muchos estudios Valencia rivaliza con Castilla en grado de identificación con lo español».

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31 agosto, 2017 · 21:03

El «navarrismo abierto» no tiene por qué ser un oxímoron

NAVARRA

Vista de la calle Estafeta, Pamplona.

No hay región más extremada que Navarra. Es cuna del euskera y también de conquistadores que extendieron el castellano por América. Es tierra de carlistas y de etarras. En sus valles y montañas han arraigado las ideologías más opuestas: el vasquismo anexionista y el nacionalcatolicismo español, el maquis y el requeté. Su capital acoge las fiestas más castizas de España, que son también las más internacionales. En Navarra la derecha es especialmente conservadora -la única región de España que no permitía el aborto hasta la llegada al poder de Uxue Barkos– y la izquierda es muchas veces revolucionaria. Navarra es rica y avanzada, pero se complace en su imagen más tradicional y ruralista. En Navarra cundió siempre el orgullo católico y a la vez cobijó en Zugarramurdi el culto satánico más famoso de la Península. El paso de Roncesvalles abrió la España medieval a Europa a través del Camino de Santiago, pero su escarpada orografía también ha favorecido históricamente el contrabando. El carácter montaraz de los boronos del Baztán contrasta con la franqueza de los habitantes de la ribera del Ebro. Y así todo. ¿Alguien entiende el misterio de Navarra?

Alsasua, por ejemplo. La puso en el mapa el octubre pasado la agresión que dos guardias civiles y sus parejas sufrieron a manos de una cuadrilla de abertzales a la salida del bar Koxka. La Fiscalía, en aplicación de la ley antiterrorista y considerando un plan premeditado de expulsión del Instituto armado, pide 50 años para los agresores, tres de los cuales permanecen en prisión: Adur Ramírez, Jokin Unamuno y Oihan Arnanz. Condición, la de convictos, que basta para elevarlos a la de héroes en un municipio cuyas calles, sin dejar de ser navarras, en nada se diferencian de los barrios más claustrofóbicos de Euskadi. Las efigies de Adur, Jokin y Oihan presiden la plaza de los Fueros con el lema: «Utzi Altsasu bakean!! » («Dejad a Alsasua en paz»), que se repite en los balcones, impreso en pancartas, pasquines y banderas. El contenedor pintado de rojigualda y tachado es ya un icono del pueblo. La pegatina de «This is not Spain nor France» campea en las marquesinas.

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31 agosto, 2017 · 20:59

Castilla, la eterna coartada

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Villalón de Campos, provincia de Valladolid.

¿Por qué una genial generación de escritores la señaló como quintaesencia de la identidad española? ¿Cuánto noventayochismo resiste la Castilla de hoy? La autonomía más extensa de España es por eso mismo difícil de definir, pero la historia nos facilita una taxonomía de urgencia: el Reino de León por un lado (León, Zamora y Salamanca) y el de Castilla por otro (Valladolid, Palencia, Burgos, Soria, Segovia y Ávila). ¿Hay diferencias entre un abulense y un segoviano? Seguramente haya más entre un leonés y un vallisoletano. O entre un vallisoletano y los demás.

La historia afirma que Castilla y León asumió el control político de la Península a fuerza de luchar contra el moro y lo expandió por el mundo, coaligándose con Aragón en virtud de un matrimonio católico y visionario: el de Isabel y Fernando. El imperio español empieza a nacer en Madrigal de las Altas Torres, antaño bastión en la frontera leonesa, hoy villa monumental azotada por la canícula. Paseando por sus calles desiertas cuesta creer que en aquel palacio de austero ladrillo, propiedad de Juan II de Trastámara, viniera al mundo Isabel de Castilla, artífice de la unidad nacional. Quien vino a morir un poco más allá, en Medina del Campo, (Valladolid), que ostenta la capitalidad con carácter propio al decir del resto de castellanos. «Los pucelanos son muy estirados. Se llevan siempre todas las ventajas. Su plaza tiene que ser la mejor», se queja una señora en plena plaza Mayor de Salamanca, que poco tiene que envidiar a ninguna. Y menos desde que Miquel Barceló le plantó un elefante que se sujeta sobre su trompa y escupe humo blanco por el tafanario. A Salamanca le cambió la vida el día lejano de hace ¡800! años en que se abrió la universidad. Pasaron Fray Luis y Unamuno, y la ciudad del Tormes sigue bullendo con la energía de los estudiantes. No descansa ni cuando acaba el curso. Es dinámica, profunda, turística y esencial.

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15 agosto, 2017 · 12:42

Zurda fobia a España

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Duelo de soberanías con Despeñaperros al fondo.

Entre Pedro y Susana ha estallado la paz, y lo sentimos. Su pelea era la última esperanza que nos quedaba de limitar algún día el número de naciones que contiene España. Ahora proliferarán las soberanías al norte de Despeñaperros, cada una con su hecho diferencial y su identidad histórica, que es la manera genial que ha encontrado Sánchez de llenar la España vacía. A falta de individuos físicos, la va a petar de espectros nacionales. Cada mañana los españoles actualizaremos en el teléfono el diseño territorial del Estado, igual que consultamos la previsión meteorológica, más que nada para no invadir a nadie sin querer al salirnos de la M-50.

A la amenazada especie del socialista ilustrado -ese lince ibérico atropellado una y otra vez por el sanchismo- le frustra la degradación de su vieja sigla. Por eso se va Madina. Pero antes de derramar lágrimas socialdemócratas debería preguntarse por el momento exacto en que empezó a joderse el PSOE, vencido hoy bajo el peso de una letal hispanofobia que se remonta -como explica María Elvira Roca– a la traición de los afrancesados, ganados por rencor o por dinero para la causa extranjera de la leyenda negra. A Pedro Sánchez no le cabe siquiera el mérito de resultar original o decisivo en el natural progreso de ese daño; lo único que él ha descubierto es una capa desconocida de dureza en el rostro vulgar del trepa ibérico.

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31 julio, 2017 · 8:43

Roma vs Cantabria

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Monumento a Corocotta, caudillo cántabro.

Pedro, el hospedero de la casona cántabra donde me alojé unos días, tiene enmarcado un mapa romano de la Península Ibérica. Cuando señala a los huéspedes la provincia de los cántabros, que por entonces abarcaba buena parte del norte peninsular, no reprime el orgullo montañés:

-A veces viene un vasco, o un catalán, y yo le digo: busca, busca aquí tu Euskadi. O tu Cataluña. ¿A que no aparecen por ningún lado? En cambio ahí pone ‘Cantabria’.

Razón lleva. Por entonces ni siquiera estaban inventadas las piedras que levantarían los hijos de los vascones, y faltaban varias centurias para que a los fenicios de la Tarraconense se les conociera como catalanes. A Pedro le tiembla la voz cuando rememora el coraje de los guerreros cántabros, que preferían engullir las venenosas hojas del tejo antes que caer prisioneros de las legiones. Y no disimula la tristeza que le causa la inutilidad de tan heroica resistencia: «Al final nos conquistaron». Nos, dice.

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17 abril, 2017 · 11:45

Jumilla, nación soberana

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Proclamación del cantón de Cartagena, grabado.

Al grito de mariquita centralista el último, ya no queda al parecer en España un solo partido que defienda la actual organización territorial del Estado. La Alta Comisionada para Hipersensibilidades Periféricas, doña Soraya, ha abierto despacho en Barcelona con permiso de don Mariano para negociarlo «todo» menos una consulta de autodeterminación, salvedad que tanto le agradecemos todos los españoles soberanos de la nación única e indivisible. Pero no dejaré yo de contribuir al debate constituyente, ofreciendo a nuestros legisladores algunos precedentes históricos a la luz del aviso marxista sobre la repetición de la historia primero como tragedia y luego como farsa, si bien desconozco en qué coño se convierte un país que parte ya directamente de la farsa.

Julio de 1873. España, queridos niños, es una república. Pero contra todo pronóstico, tan anhelada condición no ha pacificado los ibéricos ánimos. Al pie del granadino Arco de Elvira se prepara la tragedia cuando un carabinero pasado de copas se enzarza en una discusión con un republicano, al que termina matando. La noticia corre por toda Granada y prende la indignación de unos paisanos que deciden asaltar el cuartel, y lo consiguen. Se animan a tomar también el polvorín de El Fargue, el cuartel de la Guardia Civil y la sede del Gobierno. Ciegos de gloria nombran una junta revolucionaría, proclaman el cantón de Granada y redactan su propia Constitución, con los siguientes puntos: 1) imponer un tributo de cien mil duros a los ricos; 2) derribar todas las iglesias; 3) levantar una fábrica para acuñar moneda; 4) incautarse de los bienes del Estado; 5) cesar a todos los magistrados de la Audiencia. Lo que se dice el sueño húmedo de la democracia directa, señores.

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2 diciembre, 2016 · 18:41