
El acuerdo entre PP y Vox para el Senado es un acto de pragmatismo, y por tanto un buen español debe considerarlo sospechoso. El izquierdista recela de él por razones obvias: durante décadas ha oído que el PP es heredero del franquismo, hasta que surgió un partido que cumplía aún mejor con el papel. De la suma de ambos solo cabe esperar otro advenimiento nacionalcatólico, incluida esa reposición de la censura que tiene humedecido a Almodóvar, cineasta que logró sus dos premios Oscar bajo la bota terrible del aznarismo.






