Archivo diario: 14 octubre, 2026

Doctor Jekyll y Montse Mínguez

Podemos tolerar un cierto grado de mentira en la vida pública. Podemos aceptar que la hipocresía sea otro de los nombres de la diplomacia. Podemos soportar incluso que los políticos de izquierdas hayan tenido que degenerar en moralistas, ahora que sabemos que es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo. Pero me temo que ciertas víctimas del postureo digital (y de la dependencia de la nómina de Estado) están llevando la cultura del simulacro demasiado lejos. Ya no es que exageren las virtudes propias y los vicios ajenos; es que practican los segundos mientras pregonan las primeras. Viven escindidos, espiritualmente seccionados, como si hubieran replicado el muro de Pedro en el íntimo solar de sus conciencias, electrificando la alambrada entre su santo discurso y su pecadora rutina, separando la boca del bolsillo hasta deformar el espejo del alma. El doctor Jekyll era ejemplo de coherencia franciscana al lado de Montse Mínguez. En la tribuna nos daba a elegir entre carroñeros y familias, pero al volver del curro tenía al buitre en la cama.

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14 octubre, 2026 · 19:16

Nietísimos de Franco

La primera parte de la palabra democracia hace referencia al censo electoral. El demos no es el pueblo en sentido social ni folclórico; es la comunidad política con derecho a decidir quién debe gobernarlo. En la democracia griega ni las mujeres ni los esclavos ni los idiotas estaban incluidos en esa comunidad decisoria, pero en las democracias modernas todos son bienvenidos a condición de que acrediten una misma nacionalidad. En las mejores democracias, como la danesa, un nacional puede perder su derecho a voto por vivir fuera del país. Pero en todo caso la nacionalidad es una categoría espacial, no temporal: acota a los pertenecientes por nacimiento o por voluntad reglada a un determinado lugar en el mundo, no a una determinada época de la historia. Este límite es el que pretende romper Pedro con el acelerador de partículas genealógicas conocido como ley de Nietos-Puente, una cacicada sursudanesa con nombre de árbitro de segunda que, en efecto, perseguía una ampliación arbitraria del censo en la esperanza de acarrear hasta las urnas a votantes no maleados por los seudomedios españoles. Este es el plan que acaba de frustrar el Supremo, para gran cabreo de Pedro. Y cuando Pedro se cabrea, Cándido sabe que tiene que quitarse la toga y ponerse la librea.

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14 octubre, 2026 · 19:08